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El placer de cocinar, casi en la vereda

Viernes 08 de diciembre de 2017
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LA NACION
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Cecilia Pertusi
Cecilia Pertusi. Foto: Victoria Defeo

Después te cuento / Dramaturgia: Adriana Gómez Piperno / Adaptación y dirección: Juan Arena / Intérpretes: Cecilia Pertusi, Cristina Dramisino / Música en vivo y pintura: Sonia Kovalivker. Escenografía y luces: Eduardo Pérez Winter / Vestuario: Nury Bertone / Sala: El Camarín de las Musas / Funciones: viernes, a las 23 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: buena

¿Quién no ha ensayado alguna vez, en la profunda soledad doméstica, un soliloquio largo, repleto de detalles, simulando contarle a aquel ser querido que ya no tenemos cerca nuestras propias penurias y preocupaciones? ¿Quién no ha usado la cocina como refugio para reflexionar y buscarle posibles soluciones a nuestra vida en crisis? Esta es la excusa que utiliza Juan Arena para construir su versión de la obra de Adriana Gómez Piperno, autora que ya transitó el director (Te quiere poco, y todo lo demás), y promete estrenar la última de la trilogía de Gómez Piperno para seguir abordando el universo femenino.

La tranquilidad de la noche y la soledad en la que se encuentra la protagonista de la pieza son el marco perfecto para soltarse y contarle a su madre que ya no está físicamente ahí (eso es lo que cree ella, pero el teatro es mágico y aún no lo sabe), su retrato cuelga de la pared y a ella le basta para comenzar su relato. Mientras cocina en tiempo real su tortilla de papas -asegura que nunca le saldrá como a su madre-, repasa su vida, cuenta lo que más le duele, la difícil tarea de la búsqueda de la felicidad, sus amores, frustraciones y un largo etcétera. Pero la madre no es sólo su confidente pasiva. Esta noche se atreverá a más y saldrá del cuadro.

El olor a cebolla saltada, las papas que se cocinan, los huevos que se rompen, el pasado que se corporiza y la música en vivo. Todo expuesto, sin red, a la vista de todos. Si el teatro es siempre un salto al vacío, un encuentro con lo inesperado por tratarse de algo tan presente y vívido como fugaz, aquí hay más porque Después te cuento tiene unas cuantas particularidades que la hacen atractiva y original. Además de la cocina en vivo, la sala elegida es otro punto fuerte de la obra. Es que no se trata de ninguna de las clásicas del Camarín de las Musas, sino de la nueva sala que da a la calle y, en este caso, esa situación no está oculta, al contrario. Para hacer más real el cuento, la cocina es la del restaurante del lugar, que acaba de cerrar sus puertas al público. Así que los que pasen por la vereda (donde también pasan cosas) verán todo. Por eso, el escenario y los espectadores se multiplican para que la obra sea vista desde varias perspectivas. Un buen desafío, divertido, que pone a prueba a las actrices a la hora de interactuar con los transeúntes voyeuristas que desprevenidos deben cumplir con su rol de espectadores.

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