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Violeta Urtizberea: "Me gustan las escenas con autos, son muy difíciles"

Para la actriz de Las Estrellas, su automóvil es una extensión de su casa; en el baúl lleva ropa y hasta vino

Sábado 09 de diciembre de 2017
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La actriz de Las Estrellas comenzó a manejar a los 24 años
La actriz de Las Estrellas comenzó a manejar a los 24 años.

Con una trayectoria de más de 20 años como actriz de teatro, cine y televisión, y ganadora del Martín Fierro como Artista Revelación, Violeta Urtizberea, que protagoniza a Florencia Estrella, en la tira Las Estrellas, se reconoce como una conductora solidaria, que busca el punto de control en medio del conflictivo tránsito.

El primer vehículo en su familia llegó a sus 11 años: "Mi papá tuvo su auto de grande; no lo apasionan. Pero, él siempre me inculcó que cuando tuviera el mío, fuera cómodo, práctico, que no llamara la atención en la calle; es decir, cero ostentoso. Eso lo heredé y me gusta uno lindo, práctico, de calidad, bueno por dentro y no tan farolero".

A los 24 años aprendió a manejar en la Escuela del Automóvil Club Argentino con un Chevrolet Corsa con el que también dio el examen. "Era Navidad y mi papá me preguntó qué quería de regalo; le dije que el curso de manejo porque él no quería enseñarme ya que se ponía muy nervioso. Hice el curso y al tener el registro, mi mamá me dijo que comprara un auto, porque sacar el registro y no empezar a manejar era una tontería".

Así, su primer auto fue un Ford Ka. "Mi vieja me dijo que manejara todos los días un poco y lo pasé bastante mal los primeros 15 días, con muchos nervios y chivando. Me agarraba la locura, por ejemplo al estacionar con mucho tránsito y me preguntaba: ¿por qué no aprendí a manejar a los 18 que era más impune y no me importaba nada? Pero luego de un mes estaba bien y al sacar la P de principiante me sentí muy orgullosa".

Un lugar que disfrutó manejando fue la ruta de Los Ángeles hasta San Francisco, en California. "Fue un flash ese viaje. En la manera de hacerlo el auto fue clave: nos turnábamos para manejar, escuchábamos música e íbamos por esos paisajes como de película -se filmaron ahí tantos films-, y era como vivir esos escenarios".

Afirma que a pocos les confía el volante del auto; también, que no le gusta la velocidad porque le produce vértigo y que en su profesión ha hecho varias escenas donde el auto era parte de las mismas. "Es difícil actuar y manejar a la vez. Ahora, en Las Estrellas, me enseñan a conducir, además hicimos tomas con una pickup antigua con los cambios en el volante y la repetimos porque no entraban las marchas. Las escenas con autos me gustan y hasta hice algunas con choques, como en Nina. Son muy difíciles, porque debés estar de acuerdo con el otro para ir al mismo tiempo hacia adelante, con un movimiento coordinado; de no ser así, se ve horrible".

Sobre su auto actual, dice: "Lo tengo como si fuese un departamento; mi baúl está explotado y siempre me digo que lo voy a limpiar pero nunca lo hago. Hay de todo ahí: desde ropa de gimnasia hasta formal y unos tacos por si me agarra un momento que los requiera. También hay libretos, un par de vinos por si voy a una cena y más".

Cómodo y funcional

"Afortunadamente, no he vivido ninguna situación en la que debí meterle mano al auto, como pinchar en medio de la nada. Si me pasara, seguramente lo haría, pero siempre hay alguien que me socorre (risas). Una idea para otorgar el registro es dar un curso básico de mecánica, porque abrís el capot y decís: 'Ajá, esto es un motor, está en su lugar' y cerrás (risas)".

Manejar un modelo automático le sumó relax en los embotellamientos de la ciudad. "Trato de tomármelos con calma, escucho mucha música y la radio. Soy solidaria, no toco bocina ni insulto y si me lo hacen, lo ignoro. Pienso que mi estrés no cambia nada y se daña mi espíritu y mi cuerpo. Al ser consciente de eso puedo bajar un cambio y no entrar en el estado de locura de los otros".

En la actualidad, Violeta tiene un Citroën C3. "Siempre me gustó este modelo; tuve uno de la generación anterior y ahora el nuevo. Me atrae estéticamente por la onda de redondez, como una tortuguita. Es muy cómodo y se maneja un poco elevado, no a ras de tierra ¿Muy simbólico no?... (risas). Es súper cómodo para manejar y claro, discreto. Si pienso en el auto de mis sueños, es mi Citroën C3, es re lindo, me hace feliz y hoy no quiero más que eso".

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