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El peronismo en su laberinto: perdido, pero en busca de una salida

Por la vuelta. Tras dos derrotas electorales, a los herederos de Perón sólo los une la misma pregunta: ¿cómo resurgir de las cenizas?; para algunos, lo que necesitan es una idea; para otros, un líder nuevo o entrar al siglo XXI; también inciden, claro, la suerte del Gobierno y la impredecible Cristina
Marcelo Veneranda
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10 de diciembre de 2017  

Crédito: Sebastián Dufour

"Todos unidos triunfaremos", promete la marchita. Pero, después de los cachetazos de 2015 y 2017, los peronistas ven una fatalidad en cada una de las palabras de esa promesa. Tres imponderables, ajenos a su voluntad e inevitables en sus consecuencias. Porque admiten que para triunfar en 2019 necesitan que falle Cambiemos y su modelo económico, o deberán esperar a 2023. Porque, aunque le nieguen futuro, saben que para conseguir la unidad necesitan a Cristina Kirchner, ahora con pedido de desafuero y detención por la denuncia del fiscal Nisman. Y porque, para muchos, ese "todos" también se convirtió en un interrogante sin respuesta, al menos por ahora.

"Hoy falta que un peronista encuentre un discurso, una idea, y ahí surgirá el espacio", augura Julio Bárbaro, navegante de todos los peronismos que vieron la luz luego del primero. "Nadie más anda buscando ideas. Desde la muerte de Perón, el peronismo se convirtió en un recuerdo que da votos, pero también en el receptáculo de las ideas de moda: el liberalismo, con Carlos Menem; la izquierda, con Cristina Kirchner."

Para Bárbaro, la única salida para competir contra el "frente de derecha" que constituyó Cambiemos es un "frente nacional" con partes del peronismo, el socialismo y la UCR. Porque el Partido Justicialista quedó vacío, advierte. El "todos" de la marchita peronista está desdibujado.

Gustavo Menéndez, intendente de Merlo y futuro presidente del PJ bonaerense, afirma que el partido anda buscando "esa" idea. Esta semana pasó por Roma y durante las que vienen seguirá visitando a gobernadores, legisladores y a extraviados del partido, como Sergio Massa, que se impuso un sabático en los medios hasta, según dice él mismo, "volver a representar valores, como logró hacerlo Cambiemos".

La tarea que se imponen los intendentes bonaerenses es la misma que intentó Florencio Randazzo antes de la campaña bonaerense. "Estamos creando un ámbito para discutir donde antes no había. Queremos tener un pensamiento antes de expresarlo", insiste Menéndez. Y lanza una advertencia: "Si elegimos candidatos antes de tener una idea, perdemos en 2019 y en 2023".

Paradójicamente, aferrarse a una idea también puede resultar una condena. "Representar una idea es un error: es preciso representar múltiples ideas que lleguen segmentadas a una sociedad que está fragmentada. Y se necesitan ideas neutras, como la del cambio", sostiene el analista Sergio Berenztein. "Mientras no compita con los instrumentos del adversario y de esta época, como el Big Data de Cambiemos, el peronismo está perdido. Ese es su principal dilema", diagnostica.

Detrás del más fuerte

Hay otras formas, más operativas, de desandar el laberinto. Así lo entienden los gobernadores consultados por la nacion. "En 2019, el peronismo va a buscar al que más mida. Nadie tiene votos hoy y por eso todos disparan contra todos. Pero cuando falten meses para la elección se van a ver las encuestas y todo se va a ordenar", desdramatizó uno de los mandatarios que más millas áreas acumula visitando a sus pares.

Para Jorge Giacobbe, histórico consultor del PJ, la secuencia es aún más descarnada: "El candidato presidencial del peronismo será el que reúna tres condiciones: un territorio, notoriedad y 100 palos verdes. Con eso se disputa el poder. Sin eso, sólo se participa en la disputa".

Frente al imponderable Cristina, Giacobbe es determinante: "Cristina no le sirve al peronismo para volver al poder. Eso ya está fuera de discusión. Por eso el peronismo está buscando un nuevo líder. Cristina le sirve a Macri. La mitad de los votos que consiguió Cambiemos son anti-Cristina. Por eso Macri mantiene viva a Cristina y ese es el problema del peronismo: que Macri la quiere seguir manteniendo viva".

A la hora de los pronósticos, el consultor cree que habrá dos peronismos irreconciliables en 2019. Uno, con Cristina y todos los que "no puedan irse" a otro espacio. "El resto la va a negar, como negaron a Menem o Duhalde" y buscará un nuevo líder. Negocio para Cambiemos, salvo que falle el plan económico de Macri. "O que Macri no se presente", suelta Giacobbe, cáustico.

El encuestador ve con más chances a ciertos gobernadores, como Juan Manuel Urtubey, de Salta, o Sergio Uñac, de San Juan, con menor nivel de conocimiento en el electorado, que a dirigentes conocidos en todo el país, como Massa. "Sólo enamora lo nuevo", dice. "Un cisne negro", propone Berenztein.

En esa esquina, ambos se encuentran con el pensamiento del politólogo Andrés Malamud. "Una cosa interesante que tiene el peronismo es que en general no vemos venir a sus candidatos presidenciales. Cuando Antonio Cafiero era el número puesto surgió Carlos Menem. Y cuando el presidente iba a ser Carlos Reutemann, surgió Néstor Kirchner", recuerda desde Lisboa, donde se desempeña como profesor.

Pero Malamud cree que el problema actual del peronismo es otro: todos salieron perdedores de la última elección. "En el peronismo, el que pierde fue; el que pierde es un traidor", dice. Por eso le sorprendió el liderazgo que mantuvo la ex presidenta. Sin embargo, no la imagina retornando al poder: "Si Cristina vuelve, nos comemos los libros".

El imponderable vuelve a aparecer por fuera del peronismo, en la gestión de Macri. "Si Cambiemos no comete errores groseros, 2019 será una interna peronista para 2023. Pero si Cambiemos fracasa, el poder caerá en el regazo del peronista menos pensado", dice Malamud.

En este sentido, señala Berenztein: "El sacrificio del ajuste fiscal lo va a pagar Macri. Y el peronismo espera con paciencia esa resolución, porque si a Cambiemos le va mal, el peronista que entre en el ballottage podría llegar a la presidencia. Con Cristina, en cambio, los peronistas saben que pierden". Sin embargo, la cuestión podría tener otro signo: "Si a Macri le va bien con el ajuste, quizás más de un intendente o gobernador se pase a Cambiemos".

Es allí donde nacen buena parte de las intrigas en el peronismo. Berenztein cree que el nuevo líder que alumbrará el PJ será "de centro". Un moderado. "Porque, por propia necesidad, los líderes territoriales, sindicales y parlamentarios del peronismo hoy están obligados a dialogar con el Gobierno", afirma. Giacobbe agrega que la sociedad está demandando para la oposición ese perfil "moderado" que observa en el oficialismo.

El factor Cristina

Pero donde otros ven moderación, los leales a Cristina auguran traiciones. Sin más vueltas, definen como "amarillos" a los gobernadores de buena relación con Macri: un grupo que integran Urtubey, el cordobés Juan Schiaretti, el entrerriano Gustavo Bordet y el chaqueño Domingo Peppo, al que se sumó recientemente el sanjuanino Uñac.

En el kirchnerismo creen que este grupo de gobernadores puede garantizarle a Macri que en 2019 haya dos peronismos enfrentados, hecho que, estiman, le serviría en bandeja el triunfo a Cambiemos. Paradójicamente, es lo mismo que piensan los moderados de los cristinistas.

Quienes denuestan a Cristina creen que la ex presidenta está acabada electoralmente y que su grupo político se irá reduciendo a los más radicales, para engordar con los desertores el pasillo "panperonista". Los peronistas que se siguen viendo con Cristina afirman que ella misma acepta, en la intimidad, que no será candidata. "Me dijo a mí que le faltan cinco para el peso", graficó un dirigente del PJ nacional. El "me lo dijo" se extiende entre los intendentes, gobernadores y legisladores. Atención: también dijeron que Cristina no sería candidata en 2017.

Ahora bien, la ex presidenta también les prometió -y lo reafirmó públicamente- que Unidad Ciudadana vino para quedarse. Reaparecen los dilemas: ¿cómo sumar ese espacio al "panperonismo" sin espantar de inmediato a los votantes y dirigentes del peronismo antikirchnerista?

La reciente aceleración de Comodoro Py y, en particular, el timing demostrado por el juez federal Claudio Bonadio, sugieren que el freno para una candidatura de Cristina podría no ser político, sino judicial. Sin la ex presidenta en la boleta, la cotización de Unidad Ciudadana se derrumba. Pero despreciarla totalmente sería temerario. Más aún si Cambiemos no logra un repunte de la economía y en 2019 se potencian las variantes intransigentes de la oposición antes que las moderadas.

En las elecciones de octubre, Unidad Ciudadana demostró con creces lo que le puede pasar al peronismo si no compite unido. En Salta, el Frente Ciudadano para la Victoria se llevó el 23% de los votos, sólo un punto menos que el Frente Unidad y Renovación del gobernador Urtubey. Juntos hubieran derrotado fácilmente a Cambiemos País, que consiguió el 30% de los sufragios.

Otro claro ejemplo fue Chaco. A Unidad Ciudadana le alcanzó con el 10% de los votos para quedarse con el tercer lugar y para que el frente Chaco Merece Más, del peronista Peppo, cayera por apenas dos puntos contra Cambiemos, que superó el 41% de los votos.

La misma matemática le cabe a Cristina: si los votos de 2017 se sumaran linealmente, la ex presidenta podría haber superado a Esteban Bullrich con los 500.000 sufragios que obtuvo Florencio Randazzo.

Repetir este escenario en 2019 sería imperdonable para el peronismo. Lo que se pondrá en juego en esa elección es el poder territorial real y el sillón de los gobernadores. La experiencia de la última década indica que, cada vez que necesito sentarse a una mesa para resolver una alianza, Cristina logró imponer sus condiciones. O se llevó la mesa, como sucedió este año. Sin embargo, hay quienes creen que Cristina ya no puede volver a patear el tablero. "Si la ex presidenta amenazara a los gobernadores con volver a jugar por fuera del PJ y hacerlos perder, podría afectar aún más su situación judicial, en razón de los lazos que unen a las provincias, a través del Senado, con la Justicia", apunta Berenztein.

En el Congreso

Por eso hoy, mientras resuelven el pago de aguinaldos y el impacto de las reformas en sus distritos, los gobernadores, intendentes y referentes del peronismo priorizaron el debate sobre la configuración de los bloques parlamentarios antes que la entelequia electoral de 2019. Y allí es donde se hace más evidente que la unidad está demasiado lejos.

Tomemos el ejemplo bonaerense. Tras mucho crujir, el Partido Justicialista provincial logró una fórmula de unidad regenteada por intendentes que impulsan el discurso renovador, como Menéndez y Fernando Gray (de Esteban Echeverría), pero que en octubre compitieron con la boleta de Unidad Ciudadana. Lograron desplazar de la presidencia partidaria al matancero Fernando Espinoza, diputado nacional electo, también por Unidad Ciudadana.

Pero en la Legislatura bonaerense, el lugar donde realmente debería importar la unidad como forma de oponerse a Cambiemos, lo que supo ser el Frente para la Victoria quedó más fracturado que antes. En la Cámara baja provincial el peronismo tendrá cuatro bloques. O cinco, si se cuentan los peronistas del massismo. La bancada mayoritaria, con 20 o 21 miembros, será la de Unidad Ciudadana.

Esto es lo que Miguel Ángel Pichetto intenta revertir en el Senado de la Nación y por ahora parece haber logrado: aislar lo máximo posible a Cristina en su banca y que el peronismo de las provincias se mueva unido en las votaciones.

Esa batalla en cambio parece perdida de antemano en la Cámara de Diputados. Los gobernadores Urtubey, Schiaretti y Uñac, pero también José Manzur (Tucumán), Hugo Passalacqua (Misiones) y Sergio Casas (La Rioja) alumbraron un interbloque de 34 legisladores. El Frente para la Victoria los doblará en número.

La cuenta irá variando, a medida de que se sumen legisladores de otras provincias al interbloque de gobernadores. Pero el grupo a seducir es el que hoy integra el Frente Renovador. "Podríamos estar sumando a seis diputados de ese bloque, pero queremos que vengan todos", indican desde el entorno de un gobernador. La explicación es sencilla: "Si queremos que Sergio Massa sea parte de la construcción, no le podemos caranchear aliados".

Ahora bien: si Massa o los suyos vuelven al peronismo en algún momento, no será para compartir fotos con Cristina. Es más, buena parte del Frente Renovador tiene como meta, para 2019, colaborar con el peronismo para derrotar al kirchnerismo en las urnas. Sólo algunos admiten la posibilidad de dar esa batalla en las internas. "Cristina va a estar para dividir, porque para eso la necesita el Gobierno", anticipan.

"Parados como estamos hoy, es imposible ganarle a Macri en 2019. Pero eso es hoy. El escenario cambia demasiado todo el tiempo y todavía resta ver el impacto de las reformas que impulsa el Gobierno", coinciden cerca de otro gobernador que rápidamente reconstruyó lazos con Massa luego de las elecciones.

El peso del pasado

La misma tarea diplomática encaró Urtubey, que todavía no recompuso relaciones con Randazzo, al que golpeó en 2015, cuando fue el primer gobernador en apoyar la candidatura presidencial de Daniel Scioli. "Es inevitable una reestructuración del peronismo que incluya a Randazzo y a Massa", dicen cerca del salteño, el único mandatario que, pese a la derrota en octubre, sigue confesando sus intenciones de ser candidato a presidente.

El resto jura que piensa más en mantener en su sillón que en dar el salto en 2019. Incluso aquellos que salieron victoriosos este año, como el sanjuanino Uñac o el tucumano Manzur. "Nadie se lanza antes de tiempo, porque después no se puede volver atrás", explican los cautelosos. Están, también, pendientes del devenir de Cambiemos. Y del derrotero de Cristina, que imaginan pero no se animan a anticipar.

"Si en una interna grande no se le puede ganar a Cristina, menos le vamos a poder ganar al Gobierno", sostiene Eduardo Duhalde, quizás el más categórico de todos los consultados para esta nota. "Cristina no existe, ni Duhalde, ni Menem. Somos el pasado. El PJ también es un partido viejo, de viejos y para viejos. Faltan nuevos liderazgos, jóvenes que emerjan, porque nos enfrentamos a Cambiemos, que no tiene pasado", dice el ex presidente.

Tampoco se dejó conmover demasiado por los imponderables que debe resolver el peronismo: "El verdadero problema es que si al Gobierno le va mal, no hay ningún partido organizado para hacerse cargo".

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