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Carolina Mattina: "Me emociona recibirme; hice muchos esfuerzos"

El camino de la educación inclusiva fue arduo. Cuando terminó la primaria, la escuela a la que iba le sugirió a la familia que continuara la secundaria en una especial. Pero la joven se opuso: "Yo voy a poder en una escuela común", repetía convencida.

Lunes 11 de diciembre de 2017
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Carolina Mattina está organizando una fiesta para celebrar a lo grande: muy pronto se recibirá en el Instituto ESBA de Flores, un bachillerato para adultos donde cursó los últimos años de la secundaria, con el apoyo de una maestra integradora. "Me emociona terminar la escuela porque fueron muchos los esfuerzos que hice", dice esta joven de 20 años con síndrome de Down.

"Haber estudiado me dio muchas cosas lindas. Hice muchos amigos", cuenta Carolina. Y sonríe al confesar que su mamá "llora de alegría", por el gran paso que ella está por dar.

Carolina, en el patio de la escuela y con su título
Carolina, en el patio de la escuela y con su título. Foto: LA NACION

Llegar hasta aquí significó derribar barreras y hacer oídos sordos a quienes, alguna vez, dijeron "ella no va a poder". Sus padres, Estrella Peroña y Mario Mattina, aseguran que fueron estos noes los que encendieron en su hija los deseos de ser una persona más autónoma e independiente.

"A pesar de su dificultad, Carito tiene mucha garra y polenta. Nosotros nunca dudamos de ella. El «sí, se puede» está primero -afirma Mario-. Al igual que sucede con el resto de nuestros hijos, como padres nunca les vamos a quitar posibilidades. Después, si hay algo que Carolina no puede hacer porque tiene discapacidad intelectual, entonces lo vemos, pero que el techo se lo ponga ella".

El camino de la educación inclusiva fue arduo. Cuando terminó la primaria, la escuela a la que iba le sugirió a la familia que continuara la secundaria en una especial. Pero la joven se opuso: "Yo voy a poder en una escuela común", repetía convencida.

Un arduo recorrido

De primero a tercer año Carolina cursó en una escuela privada en Villa Devoto, hasta que un día tomó la decisión de cambiarse de colegio, ya que sentía que el ritmo era demasiado exigente.

Ella y sus padres comenzaron a golpear las puertas de distintas instituciones para transitar los últimos años de la secundaria. La búsqueda fue larga y, en el medio, tuvieron que enfrentar las excusas, miedos y prejuicios de los colegios que le negaban el ingreso.

Finalmente, conocieron el ESBA de Flores, a 15 cuadras de su casa. "Allí encontramos una apertura impresionante. Sus amigos vienen a casa, se juntan a comer. Todos la quieren a Caro", dice Estrella.

Mario agrega con orgullo: "Donde Carito va, se gana su espacio, su lugar. A veces, a ella le puede costar el triple hacer algo, pero lo logra". Y confiesa: "Sentimos mucha alegría de que se reciba, pero no lo vemos como un camino concluido, lo tomamos como el comienzo de otra cosa. Lo que aprendió hasta ahora tiene que seguir desarrollándolo".

Carolina sueña con vivir sola, tener novio y seguir alimentando su costado artístico a través de la música, la radio y el patín. "Mis sueños son muy grandes", afirma con una sonrisa.

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