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Monasterio De los ganadores del Gran Premio Argentino en la Bienal

Fue diseñado por el estudio de los arquitectos Faivre-Román. Proyectado y construido para el monasterio Santa Mónica de la Orden de San Agustín, en Villa Devoto

Miércoles 05 de diciembre de 2001

Los vecinos y transeúntes que pasan por la esquina formada por la avenida Nazca y la calle Asunción, en los lindes entre los vecindarios de Villa Devoto y Villa Pueyrredón, advierten la presencia de una obra de arquitectura singular. Se trata de un conjunto edilicio proyectado y construido para el monasterio Santa Mónica de la Orden de San Agustín por el estudio Faivre-Román, que acaba de ganar el Gran Premio Argentino de la IX Bienal BA/01.

El terreno ocupa más de un cuarto de manzana y contiene una arboleda centenaria compuesta por magnolias, palmeras y un roble que, según los informes, es el más añoso y sano de la ciudad de Buenos Aires. Los arquitectos decidieron conservar la totalidad de los árboles y la disposición general del jardín, con una antigua glorieta que ostenta una glicina de más de 80 años.

La obra surge como resultado de un concurso de anteproyectos a dos vueltas realizado en 1999, en el que se impuso el trabajo presentado por los arquitectos Mederico Faivre, Norma Roman y Pablo Lavaselli. Hubo después una intensa tarea conjunta que se realizó con los padres de la orden para ajustar el proyecto definitivo.

El partido, que presenta la imagen de un semiclaustro (algo que el arqui-tecto Faivre denomina claustro moderno ) con forma de U, es parcialmente cerrado por la vieja glorieta. Las dos articulaciones de esta planta en U están formadas por sendos volúmenes de piedra que contienen dos elementos básicos del programa: la capilla y la biblioteca.

La primera se sitúa a un costado de la entrada principal, a la que se llega por un camino de piedra cerrado a la izquierda por la medianera del terreno; la segunda ocupa el lugar de la esquina, con vigorosa presencia urbana.

Cabe destacar que los dos cuerpos de piedra culminan en sendas cubiertas livianas y luminosas, que subrayan los planos vidriados en los que rematan ambas torres.

Al respecto señalan los autores que "dispusimos el resto de los elementos del programa, que tienen un carácter más doméstico, en relación armónica con estas dos piezas clave, generando así un fuerte clima interior con la configuración de un claustro abierto". Las tres alas construidas contienen, respectivamente, a los profesos, los novicios y a los padres formadores, en una secuencia articulada por los espacios luminosos y protagónicos de la capilla y la biblioteca. Dado que esta última atiende la consulta externa, su posición en la esquina responde a esa actitud abierta a la comunidad.

Según los datos del programa, la Casa de Formación (que es el nombre actualizado de monasterio) es una residencia, un hogar para un grupo de religiosos que viven en comunidad, compuesto por sacerdotes, que son los padres formadores, los profesos y los novicios.

Frente a este requerimiento, los arquitectos se interrogaron, ¿cómo concebir un monasterio del siglo XXI en un barrio de Buenos Aires? Por eso, para comprender mejor y profundizar en la temática, visitaron el monasterio de Santa María de la Vid en España, que es sede de la Orden de San Agustín y data del siglo XI. Se destaca al respecto que San Agustín fue un defensor del conocimiento y de la ciencia, y que en el siglo IV declaraba: "Nosotros somos los tiempos; como nosotros seamos, así serán los tiempos".

El diseño resultante propone una atmósfera austera y alegre en los espacios utilitarios y grupales, como las salas de estar, el comedor y las salas de reunión, al tiempo que se cuidó la privacidad en las habitaciones, que se vuelcan sobre la galería interior. Estas galerías fueron proyectadas mediante un riguroso control de los ángulos del rayo solar en las distintas situaciones de verano-invierno, así como el manejo de la luz en las habitaciones y los espacios intermedios.

La propuesta se basa en el uso prudente y cuidado de los materiales, sus texturas y pigmentación natural. Son dominantes el hormigón a la vista, las piedras naturales (pórfido y lajas), pisos de algarrobo y esbeltas columnas de metal. Los arquitectos Faivre-Roman-Lavaselli se ocuparon también del diseño del mobiliario y los equipamientos generales del conjunto.

Una rica trayectoria y un muy justo premio

El estudio de Mederico Faivre y Norma Román inició su trayectoria en 1969, cuando ganaron la Beca de París-Francia con una propuesta de renovación urbana con viviendas experimentales.

Desde entonces construyeron más de 110 obras y participaron en distintos concursos, de los cuales obtuvieron 6 primeros premios. Construyeron en la Capital y en las provincias de Buenos Aires, Formosa, Río Negro y Tierra del Fuego. Diseñaron también sistemas constructivos industrializados.

Realizaron una intensa labor para comunidades religiosas y, para programas educacionales, dos escuelas primarias y secundarias en la provincia de Buenos Aires. Asociados con Juan Manuel Borthagaray, proyectaron la Universidad Nacional de Quilmes en una antigua planta industrial en Bernal. El estudio realizó también el restauro de las fachadas del Congreso de la Nación. En 1977 se incorporó el arquitecto Sergio Pacenza; en 1994, Pablo Faivre; en 1996, Pablo Lavaselli, y, en 2001, Florencia Faivre.

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