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El extraño caso de Filippo, el gato de raza que busca hogar hace más de 2 años

Corre, salta, juega y duerme como cualquier otro gato; tiene 4 años, usa pañales y necesita cuidados de por vida, pero, a pesar de que es un siamés, todavía no consiguió ser adoptado

Jimena Barrionuevo

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PARA LA NACION
Miércoles 13 de diciembre de 2017 • 00:17
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Fue en agosto de 2015. Tenía dos años, una historia en la que había sido probablemente víctima de maltrato y un futuro también incierto pero lleno de esperanzas. "Lo recibimos de manos de una señora que lo había rescatado de la calle. Aclaró que requería atención veterinaria pero no especificó cuál era el problema del gato. Aparentemente había tenido una obstrucción urinaria y le habían realizado una uretrostomia (o amputación del pene) de la que, en teoría, se estaba recuperando. Pero en cuanto llegué con el animal a casa lo primero que noté fue que no tenía sensibilidad en la cola y que necesitaba ayuda para hacer sus necesidades", recuerda Majo Henjes (24), estudiante de veterinaria y voluntaria, desde sus 15, en Animales de Vicente López, un grupo de buenas voluntades de esa zona de la provincia de Buenos Aires, que ayuda a los animales en situación de calle.

Los veterinarios que atendieron a Filippo -así lo bautizaron sus nuevos cuidadores- explicaron que probablemente el gato había sido atacado de atrás por un perro (ya que tenía una pequeña lesión al comienzo de la cola) o que, en el peor de los casos, había sido revoleado de la cola por algún inhumano. "Nosotros llegamos a la conclusion de que la uretrostomia no era necesaria y que no estaba muy bien hecha. Entonces se indicó una nueva operación para que Fili pudiera vaciar mejor su vejiga. Aún así cada tanto lo ayudo para que la vacíe del todo ya que el por sí solo no lo hace, salvo por rebalsamiento", explica Majo.

Adaptarse a la nueva rutina en la casa de Majo no fue sencillo pero, con paciencia y cariño, ella y el gatito lograron acostumbrarse. "Vivimos en un mono ambiente con mi perra y mis dos gatos. Al comienzo fue difícil, pero aprendió y sobre todo aprendí yo de él. Alguna vez que me he ido de viaje lo cuida una gran amiga, Clari, y quizás al principio hace sus berrinches con el estrés de cambio de casa y de persona que lo cambia pero es un sol y se compra a todo el mundo", cuenta. Es que Filippo tiene lo que se conoce como vejiga paralítica y no controla esfínter; por eso usa pañales y, quizás, eso lo convierte en un gatito diferente.

Pero corre, salta y juega, como cualquier otro gato. Normalmente cuando aparece un animal de raza en adopción los interesados hacen fila para adoptar. Pero Filippo no tuvo esa suerte hasta ahora. "Si bien no es fácil y sale de lo común, creemos que la gente piensa que es imposible tener un gato con esta condición. La realidad es que viviendo en un lugar chico, trabajando y estudiando, yo lo logré estos dos años. A la gente que ha preguntado por él, que fue honestamente muy poca, le ofrecimos que primero venga a conocerlo, a él y su rutina. Lamentablemente aunque Fili es amoroso, lo vieron y cambiaron de opinión. Pensamos que es por la responsabilidad que implica o el trabajo extra que puede llevar", dice un poco preocupada.

Las rutina de Filippo son simples. Por la mañana Majo le saca el pañal que usa durante la noche para que pueda jugar, comer y pasear un rato más cómodo. Después lo higieniza con una toallita húmeda y le vuelve a poner el pañal. "Al comienzo sólo se dejaba cambiar mientras comía. Hoy la tiene tan clara que en cuanto agarro el pañal para hacerle el agujero para la cola, él ya se sube a su mesita para que se lo ponga", explica Majo. Luego ella se va a trabajar y, a su regreso, repiten el procedimiento. "Cuando estoy en casa, trato de que esté sin pañal la mayor cantidad de tiempo posible, usando mantitas o zaleas así hace una vida mas normal. Parte de nuestra rutina es también mucho mimo, upa todo el tiempo, me acompaña hasta cuando me baño, es muy mimoso", agrega.

Majo define a Filippo como un gatazo. "Calculo que es consciente de su condición y es muy agradecido. Tuve toda mi vida gatos, pero un gato tan cariñoso, tan bueno, tan dependiente de uno, tan franela, no conocí. Es increíble el carácter que tiene. No sólo conmigo, sino con cualquier visita que venga, el quiere upa y mimos todo el tiempo", dice con una sonrisa. Hacen una buena dupla pero Majo está convencida de que en algún momento Fili encuentre una familia que pueda darle más espacio. Sueña con verlo en una casa con jardín donde pueda disfrutar del verde sin pañal. "Seguramente si ese día llega va a ser difícil para los dos. Hace mucho tiempo que estamos juntos e hicimos un lazo muy fuerte los dos. Si es por su bien y va a estar cuidado, sin dudas me quedaré tranquila y con un hermoso recuerdo de su cariño incondicional", dice conmovida. Mientras, juntos, esperan a esa familia.

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