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Aventuras del inconsciente

Valiosa reedición de un libro sobre psicoanálisis (o lo que ocurre cuando lo que constituye al sujeto falta a la cita)
Verónica Chiaravalli
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17 de diciembre de 2017  

Fue un encuentro que fundó una escritura. Lo cuenta la psicoanalista Silvia Amigo en el prólogo a la tercera edición de su libro Paradojas clínicas de la vida y la muerte (Escuela Freudiana de Buenos Aires): cuando Borges dio una conferencia en dicha institución, Silvia, con la "osadía" de sus veinte años, le preguntó al escritor por qué había abandonado las vanguardias europeas. La respuesta de Borges tuvo en aquella joven brillante el efecto de una epifanía: "Porque nunca hay que negarle al lector un primer escalón de inteligibilidad. Prefiero el estilo clásico y la secreta complejidad".

Esa máxima borgeana marcó la prosa de Amigo. Aunque, tratándose de la especificidad de su materia, la complejidad no es aquí secreta sino evidente: Paradojas... está dirigido a psicoanalistas, o aspirantes a serlo, y son ellos quienes saben ponderar los aportes de la obra (entre los que la autora señala, particularmente en esta nueva edición, la formalización de las identificaciones primera y tercera). Para el resto de los lectores -gracias a que la autora cultiva la enunciación clara aun cuando se expresa en términos técnicos- la lectura del libro puede ser una experiencia exigente pero fascinante.

Con erudición (y humor), Amigo oficia de cicerone en un apasionante recorrido por la oscura sala de máquinas donde operan los engranajes invisibles de nuestra personalidad, los resortes ocultos de nuestra conducta. Referencias ineludibles son el pensamiento de Freud y el de Lacan, pero también la prehistoria, la antropología, la mitología, la literatura, la lógica y la matemática, disciplinas de las que la autora se sirve para ilustrar hasta qué punto lo que nos constituye como seres capaces de "hacer lazo social", lejos de incluirse de manera natural en la biología de la carne, resulta de una laboriosa conquista (no garantizada a priori) que empieza con esa forma breve y compleja que es el bebe, y en la que juega un papel crucial ese Otro único e inevitable que es la madre.

Una palabra se repite a lo largo del libro: "suerte". Una y otra vez remarca Amigo la necesidad de que haya en la vida humana una cuota mínima de buena suerte, indispensable para conducir a buen puerto la titánica tarea de devenir sujetos más o menos "normales", si cabe la vulgaridad. Ése será el campo fértil para la eficacia del análisis que, en una misión con algo de mayéutica, contribuirá a que el individuo encuentre para sí el camino óptimo.

Élisabeth Roudinesco usa la imagen del iceberg para representar el aparato psíquico. Sólo se muestra una pequeña superficie (lo consciente); la mayor parte (el inconsciente) permanece oculto. Y por oculto y desconocido en el alcance de su envergadura, sus filos y su dureza, es doblemente peligroso. Se trata entonces de que el iceberg no nos desbarate el majestuoso transatlántico o la modesta chalupa (tanto vale uno como otra cuando toca ir a bordo) con que la fortuna nos haya hecho a la mar.

Paradojas clínicas de la vida y la muerte . Silvia Amigo, Escuela Freudiana de Buenos Aires

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