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El dilema entre inflación alta o meta muy baja

El Gobierno prevé respetar la meta del BCRA para anclar expectativas, pero subirla de hecho en la discusión salarial con los gremios estatales
Néstor O. Scibona
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17 de diciembre de 2017  

Fuente: LA NACION

A diferencia de lo que ocurrió con la controvertida reforma previsional y el escándalo dentro y fuera del Congreso, Mauricio Macri tiene un plan B para zanjar la interna con sordina dentro del Gobierno en torno de la exigente pero poco creíble meta de inflación fijada por el Banco Central para 2018 (10/12% anual) y las altas tasas reales de interés aplicadas por Federico Sturzenegger.

La Casa Rosada optaría por un camino intermedio. No presionará al BCRA para que suba en algunos puntos ese techo de 12%, a fin de que opere como "ancla" de las expectativas inflacionarias. Pero lo modificará, de hecho, en la negociación salarial con los gremios del sector público, para la cual prevé un aumento de 16,6% anual, con cláusula gatillo. No por casualidad el ministro Nicolás Dujovne mencionó ese porcentaje días atrás, al ser consultado por las paritarias del año entrante antes de que la CGT se cruzara de vereda.

Ese porcentaje surge del último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) difundido por el BCRA, con las proyecciones inflacionarias de más de medio centenar de consultoras privadas, que prevén además tasas de interés superiores al 28% anual en el primer trimestre de 2018. O sea que el camino elegido copia esas proyecciones, aun cuando la Jefatura de Gabinete busca evitar que el apretón monetario enfríe la actividad económica, la recaudación tributaria y, por ende, altere las metas decrecientes de déficit fiscal (primario) con relación al PBI.

En privado, fuentes del BCRA admiten que la meta del 12% difícilmente pueda cumplirse en 2018. Pero retrucan que el esquema permitió reducir la inflación desde el salto de casi 40% anual en 2016 a algo más de la mitad (23/24% anual) este año y evitar que las paritarias se basaran en la inflación pasada, aunque esa baja la ubique 6/7 puntos porcentuales por encima de la meta de 17%. Del mismo modo, indican que si elevaran el techo para 2018 en tres o cuatro puntos, las expectativas tendrían un piso de 20%, con lo cual tampoco mejoraría la reputación del esquema de metas.

No sólo eso. Sturzenegger recibió a los periodistas en el brindis de fin de año con un discurso leído en el que produjo varias definiciones para defender la política monetaria y remarcar que la desinflación se lleva bien con el crecimiento de la economía, a través de la expansión del crédito al sector privado (50% interanual, desde una base muy baja). Pero quizás la más impactante fue su aclaración de que, cuando hace poco se refirió a una inflación de "país normal" para dentro de cuatro o cinco años, piensa en 2% anual para no desconectar a la Argentina del mundo.

Por ahora la brecha es enorme. El economista Luis Palma Cané acaba de elaborar el ranking de los 10 países con mayor inflación, donde la Argentina (con 22% en los últimos doce meses) ocupa el 8° puesto, detrás de Yemen y Angola (23%), Egipto (30%), Libia (35%), Congo (50%), Sudán del Sur (110%) y Venezuela (1100%) y por delante de Sudán (21%) y Burundi (20%).

En el plano interno, economistas ortodoxos y heterodoxos coinciden en que resulta menos complicado reducir la inflación de 40 a 20%, que hacerlo de 20% a 10% y más aún de 10% a 5%. Y que basarla solo en altas tasas de interés es poco eficaz si no se articula con otras políticas (fiscal y de ingresos) en una economía cada vez más indexada.

Este debate no es nuevo. Hace ocho meses, el economista Miguel Bein planteó por primera vez que más que la inflación, el problema era que la meta del BCRA resultaba demasiado baja frente al impacto de los ajustes reales de tarifas. Dos semanas atrás se sumó el ex ministro Alfonso Prat Gay cuando, en un reportaje con LA NACION, cuestionó "el desequilibrio entre el gradualismo fiscal y la ansiedad monetaria".

Para completar el cuadro, el IPC apunta a superar el 2% en diciembre, por las subas que ya rigen en gas natural, electricidad, combustibles, cigarrillos y prepagas, a las que se sumarán en el verano las de telefonía celular y, muy probablemente, aumentos muy graduales en las tarifas de transporte público en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Todo esto crea la percepción de que la inflación está subiendo aunque en realidad bajó mucho con respecto a 2016.

El titular del BCRA niega que la inflación sea actualmente similar a la del último mandato de Cristina Kirchner (sin los dibujos estadísticos del Indec) y afirma que ahora está bajando sin recurrir al atraso de tarifas y con tipo de cambio y precios libres. También sostiene que la inflación "núcleo" (sin precios regulados ni estacionales) equivale a una tasa anualizada de 18,4%, que en la CABA es la más baja desde que comenzó a medirse en septiembre de 2012 y muy inferior a la del gobierno anterior.

Aunque la inflación núcleo no es una buena medida del poder adquisitivo, Sturzenegger se apoya además en el último informe de FIEL según el cual las canastas básicas (alimentaria y total) que determinan las líneas de indigencia y pobreza acumulan en lo que va del año subas de 17,9 y 18,2%.

Estas variaciones son similares a la que registran los precios de la canasta fija de 30 productos de consumo masivo que hace años releva esta columna en la misma sucursal porteña de una cadena de supermercados. El valor del ticket en la segunda semana de diciembre asciende a $ 2532 y, comparado con el mismo período de 2016 ($ 2186) muestra un incremento de 15,7%, en ambos casos sin ofertas ni promociones.

Sin embargo, otro dato llamativo es la amplia dispersión de aumentos entre los distintos rubros, que incluyen bajas absolutas en sólo dos de ellos: jamón cocido (-18,4%) y carne picada especial (-44%), mientras que el pan francés se mantiene igual. En cambio, nada menos que 16 productos muestran alzas muy superiores a la inflación, estimada en torno de 24% interanual para 2017.

El pico se registra en pimientos rojos con 133%, dentro del reducido rubro estacional de frutas y hortalizas, con un aumento de 37,8%. A continuación se ubican los artículos de limpieza e higiene, con incrementos significativos en papel higiénico (87,6%); limpiador con amoníaco (56,7%); detergente cremoso (54,7%) y suavizante para ropa (30,7%). Y luego sobresalen varias bebidas sin alcohol, con subas en una gaseosa de primera marca litro y medio (57%), su variedad light (46,5%) y agua mineral (42,8%), contrarrestadas por otras más moderadas en amargo serrano (18,3%) y una bebida light de baja gasificación (8%).

En un escalón más abajo están el café molido (41,3%); leche para bebes (38,5%); azúcar (37,4%) y yerba mate (30,7%), en tanto que en carnes hay variaciones dispares con subas en suprema de pollo (32,3%) y lomo premium (21,6%), compensadas por pata-muslo (17,3%) y milanesa cuadrada (9%). Otro tanto ocurre con postres lácteos y quesos.

Si se amplía el foco y se comparan los actuales precios en góndola con diciembre de 2015 también aparecen algunos hallazgos sorprendentes. Por un lado, hay un puñado de productos que se venden a precios más bajos que entonces, como jamón cocido (-31%), carne picada magra (-30%) y supremas de pollo (-13%), lo cual revela cierto "colchón" preventivo no convalidado por el consumo. Por otro, si se calcula una inflación acumulada del orden de 72%, casi la mitad de los productos aumentaron menos. Los casos más notables son pan francés y fideos guiseros (25%); carne vacuna (25/30%); frutas y hortalizas (16/25%), salvo bananas (75%); yerba y azúcar (35/53%) o servilletas de papel (35%). Y finalmente un lote de productos que salieron de "precios cuidados" y recuperaron terreno, como gaseosas de primera marca (202/ 85%), detergente (93%) y limpiadores (98%). Con esta disparidad, el valor total del ticket por los 30 rubros aumentó 35,7% en dos años, al pasar de $ 1865 a $ 2532.

En conclusión, una inflación de dos dígitos anuales y con amplia dispersión de precios relativos, hace que cada consumidor tenga una percepción distinta según lo que puede comprar. Y más aún si se ubica en la ancha base de la pirámide de ingresos.

nestorscibona@gmail.com

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