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Tropezar siempre con la misma piedra

Pablo Sirvén
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17 de diciembre de 2017  

La Argentina es un país tan generoso que este lunes le dará la chance a todos los que actuaron mal el jueves de rectificarse y de actuar bien, cualquiera sea su posición en el tema de la reforma previsional, conforme a derecho y al marco de convivencia democrática que decidimos darnos desde 1983 en adelante.

Todos tienen cosas que enmendar para que se recupere la cordura perdida: el Gobierno trabaja en un bono para empalmar mejor el desfasaje entre el sistema que quedará atrás y el que pretende adoptar. También diagrama un sistema de control policial alrededor del Congreso, que tendrá que ser más eficaz y menos militarizado y, en lo posible, más disuasivo que represivo. Será clave para ello que no entre en el juego de la provocación que le propone un activismo irresponsable que trasciende la legítima protesta y que en cambio va en busca de desmanes y de incitar reacciones desmedidas que llenen las pantallas de TV y las tapas de los diarios de escenas de batallas campales que remitan al fantasma de 2001. Es curioso que se proponga un constante dejà vu hacia el caótico final de la Alianza y se soslaye alevosamente el diciembre luctuoso de 2013, con sus catorce muertos en medio de reclamos policiales y saqueos, mientras Cristina Kirchner tocaba festiva el tambor autocelebrándose en la Plaza de Mayo. O los saqueos de diciembre de 2012. O los muertos y heridos en el Parque Indoamericano, en diciembre de 2010. Cualquiera de estos episodios fueron infinitamente más graves que los del jueves, pero se ve que entonces los sectores autodenominados progresistas no tenían la misma sensibilidad que ahora.

Una porción de la oposición ya hizo su parte al contribuir a la sanción de la reforma en el Senado y al ratificar su disposición a completar esa tarea en Diputados. Sólo resta que los demás opositores (kirchnerismo, massistas, izquierda) hagan escuchar sus voces donde corresponde sin apostar al caos callejero ni al desorden dentro del recinto de la Cámara baja que impidió sesionar. Si se repitiera ese último escenario, nos asomaríamos al abismo del quiebre institucional porque por segunda vez en pocos días se estaría impidiendo el funcionamiento normal de uno de los poderes del Estado. Gravísimo. No debería quedar impune.

El Gobierno se empecinó en iniciar el ajuste de la economía por el lado más sensible (jubilados) justo en diciembre, el mes en que hay más protestas sociales y se reavivan los recuerdos y las amnesias interesadas de otros fines de año tumultuosos. Pero además lo hizo cuando todavía deliberaba la cumbre de la OMC que agregaba un importante plus de excitación a los que conciben a la política casi exclusivamente con hacer bardo en la calle.

Es imprescindible, claro, que se reponga el principio de autoridad en el control de la calle para que recupere lo que supo ser y lo que es en los países civilizados: una zona común de tránsito para que podamos llevar adelante nuestras actividades sociales, laborales y estudiantiles con cierta normalidad, y no un territorio áspero donde de manera constante se dirimen los conflictos para padecimiento del ciudadano común y desde el que se extorsiona a los poderes de turno para arrancarles ventajas.

Antes será indispensable reentrenar profesionalmente a las distintas fuerzas de seguridad para que cumplan su tarea de contención de la manera menos cruenta y más limpia posible y, si tienen que llegar a la represión por culpa de inadaptados que se pasan de la raya, que los operativos sean quirúrgicos y no indiscriminados.

Le faltó timing al Gobierno al querer ignorar el contexto desfavorable en el que presenta su proyecto. Y, peor, quedó otra vez expuesto como blanco fácil de ataques por falta de sensibilidad ya que con el nuevo sistema de ajuste de las jubilaciones que buscan implementar, la clase pasiva terminará cobrando menos que con la fórmula aún vigente.

Se vuelve a repetir un escenario similar de desgaste innecesario para el Gobierno como el que sucedió el año pasado con el tema de las tarifas, cuando se dejó ganar la delantera mediática por quienes despotricaban contra la actualización de los servicios y que sólo pretendió contrarrestar con insuficientes declaraciones esporádicas y dispersas cuando lo que hacía falta era lanzar una campaña de comunicación profesional, atractiva, fácil de entender y masiva que explicara con claridad y sin maquillaje lo que se iba a hacer, a quiénes afectaría y qué se obtendría a cambio. Entonces, como ahora, ni siquiera los votantes más fanáticos del Gobierno cuentan con la información necesaria para predicar a favor del oficialismo ya que desconocen el tema o no terminan de entenderlo. Es increíble que eso suceda en una fuerza que en otros campos de la comunicación suele tenerla tan clara.

Faltó pues -sigue faltando- la infografía que explique masivamente en la TV, en la vía pública y en las redes sociales, de manera persistente y sistemática, pero sin maquillaje ni omisiones y con honestidad de qué va la cosa. El Gobierno sigue creyendo, como antes con las tarifas, que lo mejor es hablar lo menos posible y apurar los tragos amargos con bajo perfil como si se pudiesen disimular tan fácil, como si la gente no fuera a sentir las consecuencias en sus bolsillos y como si el kirchnerismo y la izquierda no se fueran a aprovechar de esas fragilidades.

psirven@lanacion.com.ar

Twitter: @psirven

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