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La ilusión de los secesionistas catalanes pierde su ímpetu

Cuando faltan días para las elecciones, los seguidores independentistas se muestran frustrados por la actitud de sus líderes y la promesa de un Estado cada vez más utópico
Martín Rodríguez Yebra
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18 de diciembre de 2017  

Carles Puigdemont, en un bar de Bruselas, observa un partido del Girona, equipo del que es hincha
Carles Puigdemont, en un bar de Bruselas, observa un partido del Girona, equipo del que es hincha Fuente: Reuters - Crédito: Eric Vidal

BARCELONA. "Ya salimos demasiadas veces". Andreu Vilanova, independentista "de alma", está en la calle para pedir por los políticos catalanes presos. No esconde la frustración: ya no hay cientos de miles de personas a su alrededor, sino unas pocas decenas que claman "libertad" en una plaza desangelada.

Es como si hubiera pasado una vida desde el 1º de octubre, cuando casi dos millones de personas votaron en el referéndum sin sustento legal convocado por el gobierno separatista de Carles Puigdemont. Vinieron la represión policial, la proclamación fallida de la república, la destitución del presidente, la intervención de Cataluña, la detención de unos líderes, la fuga de otros a Bélgica.

"Es muy difícil mantener la ilusión después de todo lo que vivimos. Hay una sensación de angustia, de ver que nunca nos van a dejar tomar el camino de la independencia", se queja Vilanova, militante de la Asamblea Nacional Catalana (ANC).

La sensación embarga a miles de catalanes. Se nota en los actos de campaña de cara a las elecciones del próximo jueves. Los nacionalistas ni siquiera pudieron ponerse de acuerdo para competir con una lista común.

Los candidatos buscan atizar la emoción, con suerte dispar. Es complicado: les toca prometer la república independiente que en teoría ya declararon antes de que el gobierno español de Mariano Rajoy tomara el control de la región, al aplicar por primera vez el artículo 155 de la Constitución.

Las encuestas retratan una sociedad todavía partida respecto de la relación con España, pero con una desmovilización clara en el sector que ansía la independencia. Los partidos nacionalistas habían sumado 47,8% de los votos en 2015, en unas elecciones autonómicas que ellos presentaron como un plebiscito sobre la secesión. Esa cifra les valió para tener una mayoría de bancas en el Parlamento regional y decidieron avanzar con el proceso de ruptura.

Después de la crisis que forzaron en octubre y de la drástica respuesta del gobierno central, las diez consultoras que miden la intención de voto auguran a los nacionalistas un resultado peor que hace dos años, con un techo del 46% de los votos y sin la certeza de que sumarán los diputados necesarios para formar gobierno.

Esquerra Republicana (ERC), con el ex vicepresidente preso Oriol Junqueras como cabeza de lista, pelea el primer lugar con la constitucionalista Inés Arrimadas, de Ciudadanos. Puigdemont candidato con la marca Junts per Catalunya (JxC) va tercero, a poca distancia. "Los nuestros hicieron muchas cosas mal. Pero no podemos permitir que Rajoy decida quién manda en Cataluña", decía el sábado Elisenda Martínez Pons, simpatizante de ERC, en un acto de campaña en la plaza barcelonesa del Born.

A infinidad de independentistas les cuesta digerir la actitud de sus líderes. Eso de proclamar la república e irse a su casa. O a Bélgica. La fuga de empresas y el sensible impacto en el consumo y el turismo también hacen mella.

"Hombre, muchos estábamos dispuestos a resistir y esperábamos algo más dice Josep Niet, abogado, de asistencia perfecta a todas las grandes marchas independentistas de los últimos seis años. ¿Pero qué podemos hacer, rendirnos ante los que nos encarcelan? Habrá que seguir".

La euforia de los días previos al referéndum de octubre no hay por dónde encontrarla. Los actos del independentismo transmiten un aire burocrático, de promesas en bucle. Ya no se ve la profusión de esteladas -las banderas secesionistas que inundaba Cataluña al principio del otoño boreal.

Los candidatos usan construcciones lingüísticas que dejan fríos a sus seguidores: "desplegar la república", "defender la democracia", "expulsar a los usurpadores". Puigdemont, Junqueras y compañía eluden explicar si volverán a la carga o no con el desafío a la legalidad si ganan.

Incapaces de concretar su proyecto, se limitan a proclamar que combaten contra el bando del 155. Puede ser su forma de vender un triunfo a toda costa: intentarán contar como propios los votos de la izquierda de En Común-Podemos, que no integra el independentismo, pero rechaza de plano la intervención de Rajoy.

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