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Old Georgian: la historia de un club que vuelve a respirar rugby de la mano de un grupo de amigos

Sus 106 años de historia avalan a uno de los clubes precursores del deporte en país, fue cantera de jugadores Pumas, hasta que en 1979 se desafilió de la UAR y sus logros quedaron en la historia

Jueves 21 de diciembre de 2017 • 17:02
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LA NACION
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Di Pace, Watson, Zaratiegui, Nash y Couñago
Di Pace, Watson, Zaratiegui, Nash y Couñago. Foto: Facebook Old Georgian

El club Old Georgian resurgió. La idea de cuatro locos por el rugby fermentó y la vuelta fue sólo cuestión de tiempo. Sin un plan ambicioso, estos jugadores -ex alumnos del colegio que da nombre al club- buscaban seguir en contacto con la ovalada, sus amigos y el deporte. Motivados por el sentido de pertenencia hacia el colegio, en una noche de copas pensaron la idea, se la propusieron a los dirigentes y, luego de cumplir con una serie de condiciones, comenzaron a trazar el camino.

El club cuenta con 106 años de historia, pero con la aceptación de la UAR en la década del 30 comenzó la revolución del rugby. Empezó a jugar en 1935, en la tercera división, y se coronó campeón en primera en 1937, 1938 y 1939. En ese entonces se lo describía como El 'Equipo de Todos los Talentos'. Sin embargo, en 1979 se desafilió de la Unión por la merma de jugadores disponibles y el rugby quedó en el recuerdo.

Treinta y dos años después, en 2011, la división de Menores de 16 años jugó defendiendo los colores del OG. Así dio el primer paso en este camino que hoy cuenta con más de 100 rugbiers entre juveniles y mayores. Un esfuerzo que luego de seis años tuvo su recompensa. La primera división consiguió el ascenso de tercera a segunda división del torneo de la URBA al vencer a San Miguel. El primer paso para un club que respira rugby y pretende seguir creciendo.

"El año pasado habíamos hecho un torneo espectacular. Terminamos Invictos y el ascenso de categoría estaba garantizado, pero una reestructuración del torneo de la URBA provocó que ese ascenso quedara aplazado y pasáramos a formar parte de la tercera. Así que sin bajar los brazos lo tomamos como enseñanza y este año se dio", apunta Franco Di Pace, camada 2010 y capitán de la primera.

Este logro fue fruto de años de trabajo y compromiso. El efecto contagio que se consiguió, junto con el aprendizaje para terminar de conformar un club y un equipo, sumado las reglas de convivencia con el colegio, armaron el combo de la resurrección. Todos aspectos por los que los cuatro amigos apuntaron y lucharon.

"Cuando egresabas del colegio te quedaba ese gustito de querer seguir jugando, de seguir en contacto con el rugby y con tus compañeros del equipo de primera. Pero era difícil organizar partidos, reunir a los jugadores y coincidir en el calendario", describe Stanley Nash, egresado en 2008 y uno de los precursores de la idea.

Esta fue el sentimiento que se repetía en cada una de las subsiguientes generaciones: querer seguir ligados al colegio por medio del rugby. Una noche de 2010, en la sede central del histórico club fundado en 1908, Isidro Couñago, Franco Di Pace, Manuel Zaratiegui y Nash coincidieron en la idea de armar un equipo de ex alumnos con seriedad y continuidad. Así fue que, envalentonados con su objetivo, recurrieron a los dirigentes del club.

"Cuando llegaron a nosotros pensé que venían con una idea suelta, sin sustento. Yo, que había vivido el fracaso de intentar resurgir al club en la década del 90 y que todavía estaba latente, quise probarlos y ver cuán en serio venía su propuesta", cuenta Roberto Watson presidente por ese entonces del OG Club. Y agrega: "Les pedí una lista firmada por 30 jugadores que se comprometieran a estar presentes en todo el proyecto. Les dí tiempo y, cuando pensé que nunca más aparecerían, entré al club y ahí estaban los 30 sentados con muchas ganas de comenzar".

Algo estaba claro: ellos no iban a ser el punto central del club, sino los chicos que aún estaban en el colegio. Se debía fomentar la base para que cuando tuvieran edad de plantel superior, estos 30 jugadores estuvieran ahí para seguir el camino, todos juntos. Por eso, en 2011 la categoría Menores de 16 empezó a defender el escudo OG en el torneo de la URBA y a contagiar las ganas de querer formar parte del club. Sin la presencia de los precursores en la cancha, pero sí con el apoyo constante de todos ellos. Sabían que estaban los más chicos: los entrenaban y entendían que cuando les llegara la edad, iban a estar listos para comenzar a competir.

El debut frente a Don Bosco de todo el club como equipo en la M 22
El debut frente a Don Bosco de todo el club como equipo en la M 22. Foto: Facebook Old Georgian

El día llegó: en 2012 jugaron todos juntos en la división de menores de 22. "Ahí fue cuando realmente empezamos a lucharla. Éramos el tercer equipo que completaba la tira de un equipo de tercera. Jugábamos en clubes lejanísimos, muy duros en el juego. Nos entrenábamos todos juntos de noche, en una cancha que nos prestaba el colegio que, como no tenía luz iluminábamos con las luces de los autos", recuerda Couñago, egresado camada 2009.

"El grupo de los grandes pasó la más difícil. Nos bancamos ser pocos, pero había que esperarlos porque sabíamos que el momento iba a llegar. Habíamos dado nuestra palabra al presidente y la URBA nos dejaba jugar, pero no podíamos ausentarnos ni un sábado. Estábamos a prueba", expone Nash, primer capitán que tuvo OG.

De los 30 jugadores egresados que comenzaron este camino hoy son 125, sin contar las inferiores. Se sembró la semilla y todo empezó a aflorar. Generó contagio, ganas de pertenecer, de estar. Con el correr de los años la cancha que alquilan al colegio, ubicada en un sector del campo de deportes, tuvo luces, bancos de suplentes y este año lograron construir los vestuarios y el quincho. Va tomando forma y color, sueñan además con tener una segunda cancha. "Contagia, se está generando identidad de club, como en los mejores años cuando el club pertenecía a la UAR, habían surgido seis Pumas y ganaba los torneos", dice emocionado Watson. "Ser pocos es nuestro ADN porque sabemos que los que estamos vamos a estar siempre. Eso es lo que queremos contagiar", añade Franco Di Pace.

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