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Arabia Saudita: un castillo en Francia, la joya oculta del príncipe reformista

Supuesto adalid anticorrupción, Mohammed gastó 300 millones de dólares por una mansión, entre otros excéntricos consumos

Martes 19 de diciembre de 2017
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The New York Times
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Foto: Lea Mandana/NYT

LOUVECIENNES, Francia.- Hace dos años, cuando el castillo Luis XIV se vendió por más de 300 millones de dólares, la revista Fortune lo calificó como "la casa más cara del mundo", y Town & Country quedó embelesada con su fuente dorada, sus estatuas de mármol y su laberinto vegetal, en medio de un parque de 23 hectáreas. Pero a pesar de todo ese lujo de detalles, faltaba saber una cosa: la identidad del comprador.

Resulta ahora, según revelan los Paradise Papers, que el rastro conduce al príncipe Mohammed ben Salman, heredero del trono saudita y principal impulsor de una serie de audaces reformas que están transformando Arabia Saudita y conmocionando a Medio Oriente.

La compra parece ser una de varias adquisiciones extravagantes entre ellas, un yate de 500 millones de dólares y un cuadro de Leonardo da Vinci de 450 millones de un príncipe que lidera una profunda batalla contra la corrupción y el enriquecimiento entre la elite saudita y que en su país predica la austeridad fiscal.

"Ha intentado, y con bastante éxito, hacerse una imagen de ser diferente, de ser un reformador, al menos un reformador social, y de que no es corrupto", dice Bruce O. Riedel, ex analista de la CIA. "Estas revelaciones son un duro golpe a esa imagen que pretende dar".

Según puede reconstruirse a partir de entrevistas y documentos, la historia de la compra del castillo Luis XIV es una especie de novela policial financiera, que incluye entre sus personajes a un abogado de Luxemburgo y a un operador de megamillonarios que reside en Malta. La identidad del dueño de ese castillo en Louveciennes, cerca de Versalles, está cuidadosamente oculta detrás de empresas fantasma radicadas en Francia y Luxemburgo. Esas empresas a su vez son propiedad de Eight Investment Co., una compañía saudita manejada por el director de la fundación personal del príncipe Mohammed.

Eight Investment es la misma empresa que apoyó la impulsiva compra de un yate de 440 pies de largo que le hizo el príncipe a un magnate ruso del vodka en 2015. Más recientemente, la compañía también compró una propiedad de 250 hectáreas conocida como Le Rouvray, en Condé-sur-Vesgre, a una hora de París. Según consta en los registros de permisos de construcción, el arquitecto a cargo de la remodelación del castillo también está construyendo un aparente predio de caza.

En 2009, el desarrollador del castillo, Emad Khashoggi, sobrino del fallecido megamillonario traficante de armas Adnan Khashoggi, pasó la topadora sobre un castillo del siglo XIX en Louveciennes para hacer lugar al nuevo castillo. A simple vista parece haber sido construido en la época de Versalles, el palacio real que fijó el estándar mundial del lujo desenfrenado. Pero debajo de ese camuflaje del siglo XVII se ocultan todos los avances tecnológicos del siglo XXI. Las fuentes, los sistemas de sonido, la iluminación y el inaudible aire acondicionado, todo puede ser controlado a distancia desde un iPhone.

Además de las florituras estándar de toda mansión de primera línea, como ser una bodega de vinos y una sala de cine, la cúpula de la rotonda está exquisitamente pintada al fresco, mientras que el foso contiene una recámara transparente sumergida, donde pueden verse esturiones y carpas de brillantes colores nadando alrededor y encima de uno. Una gran estatua de Luis XIV realizada en mármol de Carrara preside el terreno desde su pedestal.

En los menos de tres años que lleva bajo el foco de la opinión pública, Mohammed ben Salman, de 32 años, se ha forjado la reputación de un líder firme y decidido. Pero su meteórico ascenso ha inquietado a algunos de sus mayores, especialmente cuando desplazó a empujones a un primo mayor para convertirse en príncipe heredero. Mohammed quedó aún más en el ojo de la tormenta el mes pasado, tras el arresto de casi una docena de sus primos reales y de cientos de empresarios y funcionarios, que quedaron detenidos en el Hotel Ritz-Carlton de Riad, convertido en la cárcel más lujosa del mundo.

En una entrevista con Thomas L. Friedman, de The New York Times, Mohammed dijo que el Estado de su país esperaba recuperar unos 100.000 millones de dólares a partir de acuerdos judiciales con los miembros de la elite detenidos. Pero tildó de "ridículas" las acusaciones de que los arrestos tuvieron motivaciones políticas, y aseguró que esa era la única manera de arrancar de cuajo la corrupción y el enriquecimiento personal.

Sin embargo, el año pasado, mientras el gobierno cancelaba proyectos por un cuarto de billón de dólares para intentar frenar el déficit, Salman se construía un lujoso palacio vacacional en las costas de Marruecos. Un año antes, poco después de ser nombrado vicepríncipe heredero, segundo en la línea sucesoria del trono, ya se había ido de vacaciones a la Riviera Francesa, donde hizo ostentación de un yate con dos piscinas y un helicóptero.

Traducción de Jaime Arrambide

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