0

Sin recetas para curar a una sociedad fracturada

Martín Rodríguez Yebra
0
21 de diciembre de 2017  

BARCELONA.- A los nacionalistas les duele aceptarlo. Pero si algo dejó en evidencia la revuelta separatista de octubre es que la raíz del problema en Cataluña no es un enfrentamiento de españoles contra catalanes, sino de catalanes contra catalanes.

Hace cinco años que los políticos de la región más rica de España corren para permanecer siempre en el mismo lugar.

El proceso independentista consume todas sus energías y el resultado es un empate eterno, envenenado: dos bloques casi idénticos, divididos por la voluntad de fundar o no un Estado nuevo.

La agitación de los últimos tres meses empeoró las cosas. La economía sufrió un parón drástico, hay unos líderes presos y otros fugados, el autogobierno fue intervenido por Madrid y se rompieron reglas de convivencia que parecían sagradas.

A juzgar por lo visto en la campaña, las elecciones de hoy ofrecen módicas esperanzas a quien espere una solución real. La fractura social es más evidente que nunca y los partidos en competición se reafirman en la lógica marcial.

Una mala (o maliciosa) lectura del resultado electoral de 2015 desató la crisis actual.

Los independentistas lograron la mayoría parlamentaria con el 47,8% de los votos y anunciaron que eso les daba un "mandato popular" para romper con España. Se estrellaron, a un costo altísimo no únicamente para ellos.

Ahora compiten de nuevo, con casi los mismos candidatos y sin señales de haber rectificado.

Enfrente, el bloque de partidos antinacionalistas pide el voto para enterrar el proceso separatista. En algo coinciden. Se desviven por formar un gobierno capaz de imponer el proyecto de la mitad triunfante a la mitad derrotada.

Entre unos y otros oscila en un equilibrio táctico En Común-Podemos, protagonista de otra anomalía de esta campaña: podría sufrir un resultado pésimo -menos del 10% de los votos- y aun así tener la llave de la gobernabilidad.

La paridad de bloques se presume total. Un puñado de votos pueden desnivelar la balanza de un extremo al otro.

El rompecabezas parece imposible, pero a grandes rasgos hay cuatro escenarios que podrían arrojar las urnas.

Otro gobierno independentista: es bastante probable. Si Esquerra Republicana (ERC), Junts per Catalunya (JxC) y los antisistema de la CUP alcanzan la cifra mágica de 68 bancas, que da la mayoría absoluta en el Parlamento, hay pocas dudas de que pactarán. No será un proceso fácil ni breve. Deben definir quién será el presidente; si es una administración de un solo partido o de coalición, y cuál es el programa (básicamente, si insisten o no en la independencia unilateral). Pero hay más complicaciones. El candidato de ERC, Oriol Junqueras, está preso en Madrid por haber proclamado la república. El de JxC, Carles Puigdemont, se fugó a Bruselas para evitar la cárcel ante las mismas acusaciones. Es un misterio cómo piensan gestionar un gobierno en esas condiciones. Se suma otro problema: de sacar una mayoría, será exigua y entre las dos listas tienen tres posibles diputados presos y cuatro prófugos. ¿Aceptarán renunciar a sus bancas o condenarán a su eventual gobierno a perder todas las votaciones por insuficiencia de votos?

Un gobierno antinacionalista: es muy improbable. Inés Arrimadas, de Ciudadanos, va primera en votos en la mayoría de las encuestas, pero su cosecha de bancas está lejos de la mayoría. Ninguna consultora contempla que la suma de C's, el socialismo (PSC) y el Partido Popular (PP) llegue a 68 bancas. Si Arrimadas lograra el primer puesto sería un enorme triunfo simbólico. Si además consiguiera que los separatistas no tengan mayoría propia, querrá presentarse a la investidura. Ahora, si quiere gobernar, necesitará el apoyo de En Común-Podemos, cuyos líderes juran que jamás la votarían como presidenta.

La carambola socialista: Miquel Iceta, del PSC, se presenta como "catalanista no independentista". Las encuestas lo ubican tercero o cuarto en la intención de votos, con mejores números que en 2015. Su idea es, si fracasan los separatistas, ofrecerse como la única opción posiMartín Rodríguez Yebra a fines de mayo. Las fuerzas políticas saben -por la experiencia en España en 2015-2016- que es un camino peligroso e impredecible.

Evitarlo acaso ofrezca el incentivo agónico para animarse a romper la dinámica de bloques blindados que tiene secuestrada a la política catalana desde hace cinco años.

temas en esta nota

0 Comentarios Ver

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.