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Carles Puigdemont: el líder exiliado que volvió a legitimarse

Viernes 22 de diciembre de 2017
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MADRID.- Para considerarse a sí mismo un "presidente circunstancial", el independentista Carles Puigdemont tiene un récord que ningún otro logró en la España moderna: haber desestabilizado dos veces y en sólo 90 días el mapa político de su país.

Lo hizo en octubre pasado, con el fallido referéndum independentista. Lo volvió a hacer anoche, al colocarse al borde de volver al gobierno de Cataluña.

Eso sin contar que lo hace desde un "exilio" autoimpuesto en Bruselas y con la advertencia, repetida por varios juristas, de que si pone un pie en España será detenido. Por mucho que ayer se haya consagrado la figura con más chances de formar gobierno en Cataluña. Nacido hace 54 años en Girona y subestimado por muchos como un político de segunda línea, dibujó anoche uno de los expedientes más desafiantes de la política moderna de este país.

Fue el president catalán al que el presidente español, Mariano Rajoy, desalojó del poder hace sólo 60 días, luego de encabezar una confusa "declaración en suspenso" de la independencia de la región.

Es ahora el hombre que, desde su refugio en Bruselas, paladea una suerte de venganza política al resultar el más votado entre los independentistas, que tienen posibilidades de formar gobierno.

No sólo derrotó la estrategia de Rajoy, sino que, mirando un poco dentro del galimatías independentista, también doblegó al adversario interno, su ex vicepresidente Oriol Junqueras.

Puigdemont, de Junts pel Catalunya, fue presentado por sus adversarios internos como el "cobarde" que huyó a Bruselas. Del otro lado, Junqueras -de Izquierda Republicana de Cataluña (ERC)- se presentó como el valiente que no ponía los pies en polvorosa, dejando atrás a sus compañeros.

No era sólo una cuestión de separatistas versus Madrid. Era también una cuestión entre independentistas. Él se impuso en las dos.

Anoche, sin embargo, no pudo abrazarse con nadie en Barcelona. Siguió lo que ocurría desde su refugio en Bruselas. Hasta allí le llegaron los gritos que lo aclamaron con el título del que se considera "legítimo" poseedor: "¡President... president... president!".

La duda de fondo en esta España de sorpresas sigue siendo la misma que hace 60 días. ¿Qué ocurrirá ahora? ¿Volverá Puigdemont a España? ¿Será detenido si lo hace? ¿Gobernará otro en su nombre?

En estos días de campaña, él llegó a deslizar que bien podrían existir "un gobierno operativo" en Barcelona y otro legítimo -el suyo- en Bruselas. Nadie lo sabe.

En lo que sí coincidían analistas era en leer la opción por su voto no tanto por sus virtudes como político, sino como un respaldo a la "legitimidad" de la que fue desplazado por la intervención de Madrid. Un reconocimiento, otra vez, a las instituciones catalanas frente al "atropello" del gobierno central. Un símbolo frente a todo lo que eso encarna.

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