0

Un desenlace que dinamitó el espejismo de tranquilidad

Martín Rodríguez Yebra
0
22 de diciembre de 2017  

Puigdemont (centro) festejó anoche en Bruselas el apoyo al separatismo
Puigdemont (centro) festejó anoche en Bruselas el apoyo al separatismo Fuente: AP

BARCELONA.- El resurgir de Carles Puigdemont dinamitó anoche el espejismo de tranquilidad que significó la intervención de Mariano Rajoy en Cataluña. El hombre que proclamó la república y huyó a Bélgica después de disparar una ruina económica y ahondar la fractura entre los catalanes reinstaló a España en una crisis que creía haber superado casi por arte de magia.

En shock, el poder político de Madrid descubrió una obviedad: cuando se pusieron las urnas los dos millones de independentistas seguían ahí. ¿Cómo esperar otra cosa? Nadie les ofreció nada nuevo, mientras se alimentaba el histórico victimismo nacionalista con dosis para el empacho.

Rajoy, artista del inmovilismo, desoyó durante cinco años el reclamo creciente de una mitad de los catalanes dispuesta a desconectar con el país en que viven. Y cuando estalló la revuelta de octubre -el referéndum ilegal, las huelgas, la atolondrada declaración de independencia- atinó al fin a actuar. Aplicó un correctivo constitucional pensado para no ser usado nunca, tomó el control de las instituciones regionales y convocó unos comicios que iban a "poner las cosas en su lugar". Lo hicieron: el resultado retrata a la perfección a la sociedad catalana. Dos mitades casi idénticas, una a favor de la independencia, otra en contra. Y nadie que tienda puentes.

Ni a propósito podía salirle peor al presidente. Los secesionistas revalidaron la mayoría parlamentaria; los liberales antinacionalistas de Ciudadanos (C's) salieron primeros en votos y escaños, y el PP sufrió una sangría descomunal, con el resultado más desastroso de su historia en cualquier lugar de España. Las consecuencias para la gobernabilidad de España apenas podían intuirse.

A Rajoy le toca gestionar un clavo ardiente. Puigdemont se plantó desde Bruselas con un discurso desafiante en el que apeló a Europa: "La receta que les vendió el señor Rajoy era mentira".

Coquetea con regresar a Barcelona. Si lo hace será detenido y enviado a la misma cárcel donde está su (¿ex?) aliado Oriol Junqueras, el candidato de Esquerra Republicana (ERC), al que logró superar contra todo pronóstico. También puede plantearse gobernar desde Bruselas para incrustar al fin el reclamo independentista en el corazón de la Unión Europea, ahora en apariencia legitimado por un resultado electoral indiscutible.

Así como Rajoy pagó su incapacidad de oír al nacionalismo, Puigdemont se empeña en la ceguera respecto de la mitad que quiere seguir en España y que ayer se movilizó como nunca para apoyar principalmente a Inés Arrimadas, de C's.

La insistencia en la idea de que Cataluña es "un solo pueblo" entra ya en el género de las fake news.

Los tres partidos independentistas sumaron 47,5% de los votos, contra 47,7% de hace dos años. La locura de los últimos tres meses apenas modificó el paisaje. Sólo la persistencia de una ley electoral que distorsiona el voto de las provincias menos pobladas permite que Puigdemont, Junqueras y compañía retengan la mayoría de bancas. Arrimadas se queja, pero es la ley que hay. Y es una ley española: Cataluña es la única región que no promulgó un código electoral propio.

La polarización castigó a los que insinuaban terceras vías. Se vio en el resultado tibio de los socialistas. Y sobre todo en el fracaso de los equidistantes de En Común-Podemos. "Era un Real Madrid-Barça y nosotros íbamos con el árbitro", ironiza Íñigo Errejón, líder madrileño del partido de los indignados.

La incógnita ahora es qué sorpresa prepara el indescifrable Puigdemont. ¿Volverá a España? ¿O delegará el mando efectivo en una persona de confianza? ¿Insistirá en desconocer las leyes españolas? ¿O abrirá negociaciones sigilosas para encauzar la situación?

Rajoy retiene el arma de prolongar la vigencia del artículo 155 de la Constitución, aunque podría ser acusado de no aceptar un resultado desfavorable. El mensaje de los catalanes interpela a los dos protagonistas de esta historia. Alguien, en algún momento, tendrá que aceptar la molesta existencia del otro.

temas en esta nota

0 Comentarios Ver

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.