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Dos púgiles que sólo buscan el KO

Sábado 23 de diciembre de 2017
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BARCELONA.- Son dos boxeadores agotados en una pelea sin límite de rounds. No tienen fuerza suficiente para provocar un nocaut ni el alivio posible de una decisión por puntos.

Mariano Rajoy y Carles Puigdemont eternizan la crisis catalana, trenzados en este pugilato sin final ni destino. Ayer pegó uno. Hoy pega el otro. Todo sigue en apariencia igual, pero peor. Con la carga indisimulable de las heridas acumuladas. La trampa a la que arrastran a los españoles es obturar las soluciones posibles, por difíciles que sean, en procura de la victoria. Repiten la palabra "diálogo" hasta gastarla. Pero lo que persiguen es la "rendición".

Las elecciones revitalizaron a Puigdemont, que se sintió ayer suelto para tirar manotazos desde Bruselas. Lo que exige es imposible y lo sabe: que por arte de la política suspendan la causa judicial por la que tiene orden de captura en España, así puede regresar a Barcelona para reasumir en el Palacio de la Generalitat del que fue echado por Rajoy. Y le reclamó al presidente una reunión para negociar sobre la independencia. Rajoy lo ignoró. Sólo hablará "dentro de la ley" con alguien que tenga el cargo legítimo para hacerlo. Traducción: que Puigdemont vuelva a España primero. Cree que no lo hará.

Se parecen más de lo que quisieran. Los dos insisten en buscar resultados diferentes aplicando hasta el infinito las mismas recetas.

Rajoy siempre creyó que los separatistas se rendirían tarde o temprano, hundidos por la fragilidad legal de su proyecto. No creyó necesario gastar en aspirinas y terminó por aplicar cirugía mayor: el artículo 155 de la Constitución, que era como la bomba atómica. Un artilugio concebido para no ser usado jamás.

Ahora, cuando el derrumbe electoral del PP catalán hace temblar la Moncloa, el presidente se ratifica. Cree que la contundencia de las causas judiciales por rebelión y sedición hacen inviable la reedición del desafío secesionista. Toca resistir las piñas finales de un rival vencido.

Puigdemont no piensa que Rajoy le va a conceder el pase libre para llevarse la región más rica de España y con ella a la mitad de la población que rechaza la ruptura. Quiere presionarlo para que Europa le pida que negocie un referéndum soberanista como el que celebró Escocia en 2014 con permiso de Londres.

Eso requiere una estrategia larga de desestabilización. Lo intentó por la fuerza en octubre y fracasó. El sorpresivo resultado del jueves lo rescata como un contendiente en pelea.

Si alguien piensa que hay un plan bien coordinado detrás puede que se equivoque. Ni Puigdemont tiene una "hoja de ruta" ni Rajoy una receta previsible sobre lo que pasará en los próximos meses.

Las soluciones están más lejos que hace dos días. La sociedad catalana sigue fracturada y a la espera.

Gracias al cielo quedan distracciones: ayer los medios de comunicación se olvidaron de la crisis para transmitir el tradicional sorteo del Gordo de Navidad. Hoy el mundo se detendrá para seguir el Real Madrid-Barça. ¡Qué duro sería todo esto si les quitaran además las maravillas cotidianas de vivir juntos!

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