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Personaje del año: Sergio Moro, el juez que desnuda la corrupción

Elegido como personaje latinoamericano del año por el Grupo de Diarios América, el juez brasileño que lidera el Lava Jato destacó el alcance de la investigación en la región
Cleide Carvalho
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24 de diciembre de 2017  

SAN PABLO.- Responsable de la primera condena por corrupción de un ex presidente de Brasil -Luiz Inacio Lula da Silva- y por el encarcelamiento de políticos y empresarios poderosos en la operación Lava Jato, el juez federal de Curitiba Sergio Moro está resentido con la inacción del gobierno de Michel Temer y del Congreso en el combate contra esos delitos en el país.

Elegido el personaje más influyente del año en América latina por los directores y editores de los 11 diarios del Grupo de Diarios América (GDA), Moro señaló que la población ya no tolera ciertos comportamientos, como la corrupción, y está más vigilante ante conductas ilegales.

"El precio de la integridad es la eterna vigilancia" de los gobernados, dijo el juez federal que desató un terremoto político en toda la región por su investigación sobre la trama delictiva en la estatal Petrobras, por la cual ya fueron condenados dirigentes políticos, decenas de empresarios y ejecutivos de la compañía petrolera.

"Así como la economía es globalizada, muchas veces la práctica corrupta también se globaliza", sostuvo Moro al responder un cuestionario de GDA.

Sergio Moro
Sergio Moro

-¿La operación Lava Jato logró reducir la corrupción en Brasil o sólo la hizo más visible?

-Es muy difícil dimensionar la corrupción. No se sabe cuántos casos reales existen, y lo que se tiene, normalmente, son medidas de percepción de la corrupción. Lo que revelan los casos judiciales es que la percepción que teníamos de que la corrupción era muy grande en Brasil es real. Son hechos graves y grandes. La corrupción evidentemente no se va a acabar, pero si la impunidad estimula la corrupción, la disminución de la impunidad debe acarrear igualmente la disminución de la corrupción. Pero sería oportuno que hubiera reformas más generales por parte del gobierno, por parte del Legislativo, contra los incentivos y las oportunidades de corrupción.

-¿Los nuevos casos de corrupción seguirán escandalizando a los brasileños o ya los ven como "las reglas del juego"?

-Ese es un efecto colateral negativo, de que la revelación de todos esos casos lleve a una cierta insensibilidad de la sociedad brasileña. Pero casos más recientes, ampliamente divulgados aún después de todo lo que ocurrió en la operación Lava Jato, provocaron un gran sentimiento de rechazo en la población. Casi tres años después de comenzar, el repudio sigue siendo grande.

-¿Cómo se puede superar un escenario en el que la corrupción se esparció por casi todo el gobierno?

-Es importante que los procesos judiciales funcionen y sean efectivos, que no tengamos impunidad. Pero, más que eso, precisamos un discurso firme de nuestros líderes políticos contra la corrupción, que sean acompañados de acciones consistentes con ese discurso. Eso involucra no sólo un cambio en la legislación procesal y penal. También que el gobierno dé el ejemplo con un comportamiento honesto. Porque, cuando no existe eso, se termina desincentivando a las personas comunes, a la sociedad en general, a comportarse de forma honesta.

-La condena de Luiz Lula da Silva puede dejar fuera de las elecciones al candidato que lidera las encuestas. ¿Cómo se siente frente a la posibilidad de haber influido en la disputa de 2018?

-El papel del juez es cumplir la ley. El juez cumple la ley y juzga los procesos según las leyes. Las consecuencias fuera del proceso no son responsabilidad del juez. Si eventualmente esa situación ocurre, no fue porque el juez así lo decidió. Alguien cometió un delito, la ley prevé inhabilitaciones, y eso puede ocurrir.

-El Lava Jato mostró que la justicia, por sí sola, no es capaz de cambiar la realidad de Brasil. ¿Eso lo anima a tener una actuación política a futuro?

-No. Lo que he dicho y reiterado es recordar la necesidad de que, además de tener una justicia que funcione, son necesarias reformas más generales para disminuir incentivos y oportunidades de corrupción. También me manifesté en el sentido de que el sector privado tiene responsabilidades en estos esquemas criminales. Una actitud del mundo empresarial más íntegra ya hace una gran diferencia.

-¿El Lava Jato tuvo un efecto más amplio en el sector privado o se restringió a las empresas implicadas en la operación?

-Quizás en algunos años más podamos tener una visión mejor. Lo que es interesante es que ahora vemos expandidos por Brasil casos judiciales relevantes de crímenes de corrupción. Y en algunos de los países vecinos, que también tenían tradición de impunidad, empezamos a ver que pasan cosas, con encarcelamientos y procesos relevantes en Perú, la Argentina, Colombia y Ecuador. Hay un movimiento anticorrupción, y creo que eso tendrá un impacto significativo en Brasil. Vivimos en un mundo cada vez más competitivo y globalizado. La corrupción extendida como estaba -o como tal vez aún lo esté- es algo que impacta la eficiencia y la productividad de nuestra economía, además de disminuir la calidad de la democracia.

-¿Hasta dónde llega la sombra de Odebrecht en la región?

-Así como la economía es globalizada, muchas veces la práctica corrupta también se globaliza. Es importante tener en cuenta, sin embargo, que si Odebrecht les pagó a agentes públicos o políticos de otros países, probablemente otras empresas también pagaron. Y me refiero no sólo a las brasileñas, sino a las extranjeras y probablemente a las empresas de los respectivos países.

-¿Cuál es el riesgo de que el poder político cierre las investigaciones en desarrollo?

-El Poder Judicial es independiente, el Ministerio Público tiene un alto grado de autonomía, y en las policías, pese a que en Brasil están vinculadas al Poder Ejecutivo, existe una cierta profesionalización. No es tan simple una acción política que entierre las investigaciones. Y existe una democracia que está cada vez más informada y más demandante. Yo creo que, a pesar de estar bajo la sombra del retroceso, es muy difícil volver al statu quo anterior. La gente ya no tolera ciertos comportamientos de sus gobernantes y quiere que las instituciones den respuestas.

-¿Cree que la región puede blindarse contra casos como el Lava Jato? ¿O dependeremos siempre de algún juez dispuesto a arriesgarse para descubrir y castigar a los corruptos de alto calibre?

-Es una ilusión creer que la corrupción dejará de existir, no va a ocurrir. Lo importante es que las instituciones den una respuesta, que funcionen. Y eso no cambia de la noche a la mañana. No es por esfuerzos voluntaristas de algunos individuos, pura y simplemente, a pesar de que ellos también tienen una función. Creo que si las instituciones hacen en serio su trabajo, si nuestros representantes electos toman en serio las responsabilidades que resultan de haber sido elegidos en un régimen democrático, hay condiciones para avanzar mucho y tener niveles de corrupción mucho más bajos. No existe una enfermedad latinoamericana asociada a la corrupción.

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