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Consumo de alcohol: desamparo y angustia, los motores del exceso

Miguel Espeche
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24 de diciembre de 2017  

El escenario de la creciente ingesta alcohólica por parte de adolescentes se corrobora en estadísticas y en el simple hecho de darse una vuelta por las zonas en las que los chicos salen a bailar. Es verdad que muchos de ellos ya vienen "entonadísimos" desde la casa, en la que hicieron la famosa "previa". Esa que tanta discusión suscita entre los padres que, estén a favor o en contra, saben que es ahí donde el alcohol más barato es ingerido profusamente.

Digamos con énfasis que muchos chicos no abusan del alcohol e, incluso, no toman o toman muy poco. No tienen prensa y no se los estudia para entender qué hace que no abusen de sustancias, cómo se las arreglan para vivir con razonable felicidad sin apuntar a "ayudines" químicos, o qué tipo de educación favoreció esta conducta. No son pocos, pero casi no se les lleva el apunte, lo que es una pena.

Las estadísticas de la ingesta abusiva hablan del alcohol y sus volúmenes de consumo, pero sobre todo del espíritu de esos chicos que, en esa sustancia, encuentran aquello que sienten no tener. Por eso se habla de "bebidas espirituosas": una forma "trucha" de conseguir el "espíritu" que anhelan, pero no siempre consiguen.

El escenario emocional que transparenta el abuso de alcohol en la adolescencia es de desamparo y angustia, mucha angustia. Una idea del disfrutar emparentada con la pérdida de la conciencia, con el efecto ansiolítico y analgésico que el alcohol propone muestra cuál es el laberinto que lleva al abuso. Laberinto en el que está presente el miedo, la ansiedad y un cierto desamparo, que hay que tener en cuenta si la idea es aportar soluciones y no sólo escandalizarse.

La "previa" transparenta el vínculo de los chicos con el universo adulto parental. Ahí los chicos que se reúnen alrededor del tótem de la botella son muchas veces amparados por padres que dicen cosas como "prefiero que chupen acá, que la calle está dura". Si la calle está dura, si ser grande es ser "flojito" o rígido (caras de la misma moneda), si el horizonte está ausente o lleno de monstruos, si los padres temen ser padres y no ejercen la autoridad que les compete, se entiende que la botella ofrezca aquello que antes ofrecía el biberón: paz, sosiego, amor, confianza, amparo.

Por algo los chicos que abusan del alcohol son aquellos que "se maman", porque estar "mamado" es lo más parecido a aquel cobijo de las épocas de la lactancia. Cuando sentían desamparo, "chupaban" y se tranquilizaban. Hoy, muchos de ellos, hacen lo mismo.

El autor es psicólogo

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