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En su tradicional mensaje de Navidad, el rey Felipe pidió a Cataluña que "evite el enfrentamiento o la exclusión"

El rey Felipe VI durante su discurso de Navidad
El rey Felipe VI durante su discurso de Navidad Fuente: Reuters - Crédito: Andres Ballesteros
El mensaje tuvo un tono más conciliador que los anteriores; de todas formas recibió fuertes críticas de Podemos y los dirigentes independentistas
Silvia Pisani
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25 de diciembre de 2017  • 13:27

MADRID.- La relación con la convulsa Cataluña se reafirma como uno de los principales desafíos para el reinado de Felipe VI y de compleja resolución ante el rechazo que su posición como "defensor de la unidad" genera entre dirigentes independentistas.

En un lenguaje moderado y con tono mucho más conciliador que el duro "mensaje extraordinario" del pasado 6 de diciembre, el joven rey pidió al futuro gobierno catalán que "evite el enfrentamiento o la exclusión", en una clara alusión a que no incurra de nuevo en una ruptura unilateral con España.

Mensaje de Navidad del Rey Felipe VI

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La tensión se renovó ante el generalizado rechazo que el tradicional mensaje de Navidad del monarca cosechó entre los dirigentes independentistas, que hace sólo cinco días renovaron su mayoría en el Parlamento catalán y, seguramente, serán capaces de formar gobierno.

"Alejado de la realidad, extemporáneo, propio del siglo pasado y alineado con lo peor de la política que es el saqueo del Partido Popular", fueron algunas de las críticas que cosechó el mensaje, tanto entre dirigentes independentistas catalanes, como entre la izquierda antisistema de Podemos.

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"El camino no puede llevarnos otra vez al enfrentamiento o a la exclusión que, como sabemos ya, sólo generan discordia, incertidumbre, desánimo y empobrecimiento moral, cívico y, por supuesto, económico", dijo el rey.

Llamó también a que "las ideas no separen ni distancien a las familias y a los amigos", en referencia la fuerte grieta que todo el proceso independentista dejó en la sociedad catalana.

Mientras los principales partidos nacionales -el Popular (PP); el Socialista Obrero Español (PSOE) y Ciudadanos respaldaron y se sumaron al llamado del Rey, los independentistas catanes, los nacionalistas vascos y la izquierda de Podemos lo rechazaron de plano.

El partido de Pablo Iglesias dijo que el discurso de Felipe VI es propio "de otra época, está alejado de la realidad y que en Cataluña será la gente la que decida", sostuvo Rafael Mayoral, de la dirección del partido.

"Para la mayoría de la gente, este tipo de discursos están alejados de la realidad y no responden a sus necesidades", con el añadido de que la institución monárquica se ha convertido "en vocera de lo peor del sistema político de nuestro país que es el gobierno del saqueo que ejerce el PP", dijo.

Rechazo independentista

Desde su refugio en Bruselas, el líder de Junts Per Catalunya y posible futuro presidente del gobierno catalán, Carles Puigdemont, rechazó el mensaje de parte de un jefe de Estado "donde anida la persecución a las ideas legítimas, democráticas y no violentas"

El líder prófugo de la justicia española señaló que esa es una situación que "no puede dejar de denunciar" a la vez que se proclamó en la línea de quienes, en el pasado "lucharon por las instituciones históricas" de Cataluña.

Marta Pascal, del Partido Demócrata de Cataluña (PdeCAT), puso en duda las palabras del Rey al recordar que "hay dirigentes catalanes que no pueden celebrar la Navidad en sus casas porque están presos por defender sus ideas".

El de Cataluña es uno de los principales desafíos para el reinado de Felipe
El de Cataluña es uno de los principales desafíos para el reinado de Felipe Fuente: AP

Una situación que, a su juicio, no es aceptable "para la democracia moderna" de la que habló el rey.

Desde Izquierda Republicana de Cataluña, (ERC), el mensaje fue el mismo. Una "exigencia" para que el "monarca" deje de lado "la violencia, los machetes policiales, la suspensión de gobiernos legítimos y la existencia de presos políticos".

El de ayer fue el cuarto mensaje de Navidad de Felipe, que asumió la corona en junio de 2014, ante la abdicación de su padre, el rey Juan Carlos, en medio de cuestionamientos por corrupción en la familia real.

En la escasa escenografía que acompañó el mensaje figuró una alusión a la relación de la Corona con Cataluña a partir de una reproducción del Premio Fundación de Girona.

Pero, sin sorpresas, ese fugaz guiño no fue suficiente para aplacar la tensión que confirma al expediente catalán como uno de los principales desafíos para el joven reinado.

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