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Marcos Novaro. Violencia y reforma previsional. "El Gobierno se ha pegado un buen susto"

Martes 26 de diciembre de 2017
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LA NACION
Foto: LA NACION / Santiago Filipuzzi

Es un analista que combina la rapidez con la profundidad. No teme ser polémico, y es capaz, como se verá en esta entrevista, de sacar conclusiones políticas sustanciales a pocas horas de los acontecimientos históricos. Estamos hablando de estos diez últimos días del año, cuando la política pareció experimentar un punto de inflexión: se están reconfigurando temas tan urticantes como la gobernabilidad, la nueva oposición peronista y el violento frente antisistema en la Argentina. Marcos Novaro es politólogo, sociólogo, historiador y licenciado en filosofía, y acaba de publicar El caso Maldonado. Elogia y critica aquí al oficialismo, y nos muestra los matices de esta época turbulenta.

-Después de las semanas calientes de fin de año, con un cóctel violento y peligroso de por medio, ¿qué debería revisar el Gobierno?

-Por un lado, se pegó un buen susto con la ilusión de que después de las elecciones tenía el camino despejado. Y ese camino despejado no existe. Hay un camino lleno de obstáculos donde el oficialismo tiene algunos recursos más, pero tiene también menos tiempo. Han consumido mucho de ese tiempo, razonablemente, en hacer las cosas muy de a poco, sobre todo en el terreno del gasto público. Ahora todo el mundo sabe que el Gobierno tiene que empezar a bajar el ritmo de endeudamiento. Si no lo hace, eso puede afectar el ritmo del crecimiento. Para no llegar a ese escenario, Cambiemos necesita más gestión, negociaciones más razonables con sus posibles aliados de la oposición, explicar mejor lo que quiere hacer. Con el asunto de los jubilados quisieron hacer más o menos como con las tarifas, es decir, pensaron: "No expliquemos mucho porque así pasa por abajo del radar; esto no le va a interesar al gran público si no lo convertimos nosotros mismos en un tema de agenda central". Es un error. Lo tendrían que haber explicado porque el tema previsional es central siempre.

-El Gobierno ganó las elecciones y, con esa nueva legitimidad, llamó al "peronismo racional". Hizo un acuerdo, pero en la Cámara de Diputados no funcionó. ¿Por qué?

-Era esperable. Para ese sector "moderado" de la oposición el juego ambiguo es un poco inevitable: tienen que mostrarse opositores y al mismo tiempo colaborativos. No hay que sorprenderse por eso, y tampoco tiene mucho sentido quejarse. Por ahora no han quedado muy bien ni la CGT ni el peronismo moderado en la Cámara de Diputados. En el Senado, hicieron un papel mejor porque tienen más disciplina y más liderazgo. Creo que el Gobierno, tal vez en su negociación, se apuró demasiado en firmar, como diciendo: "Bueno, tenemos el empuje de las elecciones, aprovechémoslo y saquemos rápido estas leyes".

-¿Y eso estratégicamente estuvo mal?

-Estuvo un poquito desatento a los costos que eso implicaba. Acordó con los gobernadores, pero eso no significaba automáticamente apoyo legislativo; también iban a tener que negociar algo con los diputados, que son actores autónomos. Si iban a ofrecer el bono de compensación, tendrían que haberlo negociado a tiempo. Esperaban que los gobernadores los disciplinaran a los legisladores, como pasó en el Senado. Ya había habido señales con el tema de la reforma laboral y me parece que fue razonable, porque los peronistas necesitan mostrarse diferentes del oficialismo. Cambiemos quiere tener de socio a esos peronistas, pero tiene también que aceptar cierto juego ahí porque, si no, va a terminar debilitando a aquellos que cree que son los que pueden ayudarlo a sostener la gobernabilidad. El Gobierno actuó con excesivo optimismo, con un poco de apresuramiento, y cedió a los gobernadores tal vez más de lo que tendría que haber cedido, confiando siempre en una disciplina que no existe.

-Es decir, que el test de gobernabilidad no fue positivo para el Gobierno. ¿Debería reconfigurar su sistema?

-A mí me parece que la fórmula general funciona, pero que el diablo mete la cola en los detalles. La idea general no está mal: van a gobernar con negociaciones caso por caso con la gente que es más razonable, y esperarán que cumplan. Van a tratar de crear las condiciones para que la administración de recursos también beneficie a sus aliados razonables, y que por eso les convenga cumplir a todos.

-María Matilde Ollier nos recuerda que los que consiguieron gobernabilidad lo hicieron aplastando las normas y que los que quisieron respetar las normas no tuvieron gobernabilidad. Macri quiere respetar las normas y tener gobernabilidad, algo que hasta ahora no consiguió nadie. ¿Qué reflexión te merece esto?

-El juego de colaboración no es parte de nuestra tradición porque tenemos un sistema político acostumbrado a la confrontación y juego de suma cero. Pero no diría que estamos condenados a eso, y me parece que apostar moderadamente, sin exceso de optimismo, a la colaboración y el acuerdo es algo que al Gobierno no le ha salido mal. Habrá que acostumbrarse a los actores antisistema y más en un año en el que el ajuste será un tema constante: vamos a tener problemas de este tipo repetidos. ¿Está en condiciones el sistema de resolverlos? La experiencia muestra que sí y que no necesariamente los que colaboran pierden. No me parece que haya que sacar una conclusión tan escéptica, pero tampoco hay que caer en la ingenuidad de que el camino está despejado y que ahora gobernadores y presidentes pueden felizmente abrazarse... Eso no es así.

-¿Estamos viendo un punto de inflexión en ese sentido?

-En la medida en que la economía siga creciendo y estos conflictos no afecten ese crecimiento yo creo que hay una posibilidad de que veamos un horizonte de compartir dificultades, pero también beneficios. Los gobernadores finalmente tienen mucho para ganar en esto. Ellos saben que si a Macri le va bien entonces sus provincias son viables. Si no le va bien, no lo son.

-Me pregunté si era posible evitar cambiar la fórmula futura de los jubilados, si no había otro modo, y no encontré más que explicaciones demagógicas. Por otro lado, pienso en los 30.000 millones de dólares que necesitamos por año para mantener esta ficción llamada Argentina y se me hiela el pecho. Pienso que la única manera es ceder todos algo para no terminar como terminó Alfonsín. ¿Vos qué pensás de la sustentabilidad económica en un país que quiere curarse, pero que evita todo el tiempo la inyección?

-Sí, esa es la situación en la que estamos. De todos modos, algún grado de aceptación de que los costos son inevitables existe en nuestra sociedad. Es interesante lo que ha pasado con las tarifas en 2016, donde hubo un acomodamiento al realismo inevitable: mucha resistencia inicial y después cierta aceptación con mal humor, obviamente. Y el Gobierno acomodó sus expectativas. Pasó de decir "todo va a salir bien porque vienen las inversiones" a "esto tiene dificultades que hay que resolver". Lo del sistema previsional es más complicado. Porque es complicado en todos lados del mundo y porque acá el kirchnerismo lo expandió sin ninguna sustentabilidad...

-Y además vació la Anses.

-Que cada vez paga menos porcentaje del gasto previsional, hay más aporte de impuestos generales para sostener eso. El tema de la discusión previsional recién empieza, se vienen más malas noticias aquí y en el mundo: extensión de la edad jubilatoria, adecuación de las cajas provinciales, que son un escándalo. Todas esas malas noticias, ¿cómo se van a administrar en la Argentina? ¿Cómo se compensan con medidas que afecten a otros, a los más ricos o a los propios? El Gobierno anunció un ajuste del gasto político, pero fue un anuncio que no llevó a la práctica en nada.

-Pero ese costo es chiquitito frente a los problemas grandes.

-Sí, pero simbólicamente es muy importante. Serán $ 1000 millones, pero si vos tenés 500 empleos jerárquicos y decís que podés prescindir de ellos, tenés que prescindir ya. Ellos aumentaron las tarifas pero sin explicar lo que estaban haciendo. Y el incremento de las tarifas afecta a las empresas, a la clase media, a la clase media alta... Socialmente es mucho más justo ese aumento, pero prefirieron que pasara desapercibido para no tener otra fuente de conflicto. No fue una buena idea; deberían haber dicho: "Estamos cambiando esta cuestión jubilatoria, que va a suponer algunos costos transicionales porque después los compensamos, pero el ajuste mayor lo estamos haciendo acá y es socialmente justo".

-Uno podría decir que hay un modus operandi: retirarse del campo de las argumentaciones, no creyendo del todo en ellas, y después pagar costos fuertes. El caso Maldonado les salió bien sólo al final, pero no creyeron que era necesario dar explicaciones. Con todas estas reformas tampoco. Me da la impresión de que ellos piensan que han sido muy exitosos para hacer campaña, y eso lo quieren trasladar a la gobernabilidad del día a día.

-Es un problema tener el mismo equipo de campaña a cargo de la comunicación y de la estrategia de gestión diaria. No es lo mismo hacer campaña que gobernar todos los días. Ellos no tienen un recurso para controlar el riesgo, actúan siempre igual, y a veces funciona y a veces no. En ese sentido, hay errores graves que no son solamente de comunicación. Son cuestiones de estrategia, de cómo conciben su rol de gobierno. Seguramente no van a cambiar un equipo que creen que es exitoso, y es probable que sigan valorando que las cosas al final les salen bien. Que finalmente el caso Maldonado lo resolvieron, el tema previsional lo están encaminado... entonces hacen un balance positivo del asunto.

-Sería un poco autocomplaciente.

-Sí, un poco. También en reafirmar el optimismo que lleva a la gente a seguir para adelante. Tiene su lógica, yo no la comparto. De todos modos en el curso de los acontecimientos están obligados a cambiar, y eso se vio con el susto que se pegaron con el primer intento de votación del tema previsional, que por suerte fue reparable. Por suerte no hubo un muerto, por suerte no hubo ruptura con los gobernadores ni decretazo. Encontraron el camino para superarlo.

-Más allá de un peronismo resbaloso, que no se sabe bien dónde se va a poner, aparece una nueva izquierda, es decir, el trotskismo, que parece estar en una etapa prerrevolucionaria en la Argentina, y el kirchnerismo, que fue su antiguo verdugo y hoy es su socio y hermano. Trabajan juntos, sobre todo generando actos de violencia y prepotencia...

-Sí, de [Mariano] Ferreyra se olvidaron, ¿no?

-Claro. Y ahora se unieron a esto los desahuciados del Frente Renovador. Ahí hay una masa crítica inquietante.

-Lo más preocupante es esa zona gris del Frente Renovador, que puede colaborar con los grupos antisistema. El trotskismo y el kirchnerismo están lanzados a una estrategia antisistema que es difícil de revertir. Ellos creen que Macri puede haber sido elegido, pero lo que hace es completamente ilegítimo, entonces hay que apelar a una legitimidad antiinstitucional, que es la del pueblo en la calle. El trotskismo siempre estuvo en esa tesitura, pero ahora la ha activado, y el kirchnerismo llegó a ella después de fracasar en la arena electoral.

-La tensión recrudecerá...

-Esta gente está decidida a seguir en esa posición. No se los va a convencer fácil, y el problema consiste en aislarlos y en que el daño sea mínimo. El segundo intento del Gobierno fue exitoso en esto: los aislaron. Es cierto que la CGT llamó a un paro, pero en cuanto vio en qué se estaba convirtiendo la Plaza del Congreso, sus dirigentes dijeron: "Los violentos están deslegitimando la protesta social real". Y mandaron a la UTA a levantar la huelga de transporte. O sea, desactivaron su propia medida de fuerza. Esa es una muestra de cómo la zona gris puede reaccionar bien. El massismo no hizo lo mismo. Me da la impresión de que están queriendo disputar el rol de oposición dura porque sospechan que a los gobernadores les va a ir mal como socios de Macri. Creen que les va a pasar lo mismo que le pasó a Massa, que quiso ser moderado y le fue mal en las urnas. A mí me preocupa eso porque es un sector que sí tiene cierta representatividad en el peronismo. Son líderes políticos relevantes y sería una pena que se incineren solidarizándose con el antisistema.

-Es decir que vamos a pasar los próximos dos años sobre un barril de pólvora.

-Mientras el Gobierno no cometa grandes errores, los moderados sostengan su juego y vean que es rentable, y la economía siga creciendo, creo que hay cosas que serán conflictivas, pero el daño que pueden hacer me parece relativo. Han destruido la Plaza del Congreso, aunque la cosa podría haber sido mucho peor: si había un muerto la sesión se hacía insostenible y se convertía todo en un problema de gobernabilidad.

¿Qué está haciendo?

Trabaja en una investigación: "Empresarios y gobiernos en la Argentina". Es un análisis y un repaso histórico acerca de la relación de los grandes empresarios con las instituciones, el Estado y la política. Un ensayo académico que terminará en un libro.

¿Por qué nos importa?

Es un politólogo incisivo, con gran capacidad para analizar en tiempo real y bajo presión las razones profundas de los cambios y las convulsiones que experimenta la sociedad política en la Argentina de estos tiempos.

Bio

Fecha de nacimiento: 8 de abril del 1965

Lugar: Buenos Aires

Marcos Novaro es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía. Dirige el Programa de Historia Política en el Instituto Gino Germani y la Red de Archivos Orales sobre la Argentina Contemporánea y el Centro de Investigaciones Políticas (Cipol). Entre sus obras se destacan Liderazgos y representación en las democracias contemporáneas (2000), Historia de la Argentina Contemporánea (2006) y Argentina en el fin de siglo (2009). Su libro más reciente es El caso Maldonado, una crónica ensayística acerca de las manipulaciones que se pusieron en práctica entre el 1° de agosto y el 17 de octubre, una obra que lleva a un debate sobre cómo pensar los derechos humanos en la Argentina de hoy.


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