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Un viaje para festejar: las Fiestas lejos de casa

En las playas de Río de Janeiro, entre los edificios de Nueva York o en un campo de cerezas de Nueva Zelanda, cada vez son más los que eligen vivir estas fechas especiales afuera

Domingo 31 de diciembre de 2017
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LA NACION
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La noche se ilumina en Manhattan
La noche se ilumina en Manhattan. Foto: Shutterstock

En vez de preparar la mesa y organizar la comida, ¿por qué no armar la valija y pasar las Fiestas lejos de casa? La idea parece extenderse cada vez más en esta época del año, con el objetivo de vivir una fecha especial también en un lugar especial. Lejos de la familia y los amigos, quizás entre desconocidos, pero más cerca de una experiencia diferente.

María Alejandra Vallejo tiene 34 años y es abogada. Desde 2009, pasar las Fiestas en familia dejó de ser para ella una prioridad. Se propuso entonces disfrutar de esas fechas en diferentes destinos del mundo. "Luego de la ruptura de una relación de siete años, decidí que ese sería el primer Año Nuevo que no pasaría en mi casa de Tandil. Así que viajé a Cuzco con un chico de Texas que había conocido en mis viajes anteriores", cuenta Vallejo. Juntos visitaron la capital Inca y recibieron el nuevo año en la Plaza de las Armas rodeados de viajeros procedentes de los más variados rincones del mundo.

"Fue un mimo al alma porque en Cuzco encontré una felicidad que no había podido encontrar con mi familia y amigos, que sólo me recordaban aquel fracaso de una muy linda relación. En ese momento, prometí que cada año nuevo lo pasaría en algún lugar diferente", agrega. Al año siguiente, Alejandra cumplió su promesa y viajó sola a Río de Janeiro. Allí se encontró con unos cariocas a los que había alojado -apenas unos días antes- en su casa. Como parte de la tradición, tiraron gladiolos al mar, saltaron olas y pidieron deseos. También fueron a Lagoa a ver el árbol de Navidad y el show de fuegos artificiales en Copacabana. "En algún momento de ese viaje me sentí sola y nostálgica de estar con alguien especial, pero también agradecida de poder haberlo vivido de esa manera", cuanta Vallejo, que en 2014 visitó a una amiga en Nueva York. Como su amiga también viajaba a reunirse con su propia familia, María Alejandra buscó algún festejo en la plataforma de viajeros Couchsurfing. Despojada de cualquier prejuicio, terminó en la casa de un coleccionista de arte de Manhattan, donde la única condición era llevar comida y bebida.

Javier Villaverde tiene 28 años y siempre pasó las Fiestas con su familia. Como para la mayoría de la gente, estos días siempre significaron una mesa bien puesta, luces de colores y recetas tradicionales.

Este año optó por romper la tradición y pasar Año Nuevo en Río de Janeiro. "Para mí va a ser algo completamente nuevo. Dos amigos sacaron los pasajes y me invitaron. Si me gusta lo suficiente, quizá comience a repetirlo", dice Villaverde, diseñador gráfico freelance.

Para Javier, algo de las Fiestas cambió cuando su papá falleció. "Soy muy apegado a mi familia y hace un año y medio que estas ocasiones cobraron un significado diferente", admite. El jueves 28 su avión despegó de Ezeiza para aterrizar en el aeropuerto de Río de Janeiro, donde pasará cuatro días, a tiempo para ver los típicos fuegos artificiales cariocas.

Lo que importa es moverse

Patricia Ramírez vive en Buenos Aires, pero estrenó varios años en otras ciudades del mundo. Hace un tiempo, viajó con su ex pareja a Cuzco, Perú. El día 31 los encontró todavía en camino, en Arequipa, donde debieron planear cómo recibirían el 1° de enero. El lugar elegido fue el pequeño balconcito de un restaurante que daba directamente a la Plaza Mayor de la ciudad. No había ningún banquete ni grandes menús y optaron por un tradicional ceviche en una mesa especial.

"Buscamos un lugar estratégico porque imaginábamos que la gente iba a festejar a lo grande en la plaza. Pero no pasó nada de eso, entonces decidimos festejar los dos solos: conseguimos un pan dulce chiquito y una sidra para brindar", relata Patricia, de 45 años.

Unas temporadas más tarde, junto con su familia, decidió ir a Brasil detrás del mito de los grandes festejos cariocas. Esa noche, los restaurantes estaban repletos de mesas extra large y de comensales vestidos de blanco. Apenas sonaron las 12, todos corrieron a la playa para poder cumplir con las tradiciones para comenzar el nuevo año. Algunos se metieron al mar y saltaron siete olas, otros soltaron flores o velas como ofrenda.

Los tradicionales fuegos artificiales en Copacabana
Los tradicionales fuegos artificiales en Copacabana. Foto: Shutterstock

"Fue impactante ver cómo el restaurante quedaba vacío en medio de la comida. Fuimos a la playa y después volvimos a nuestra mesa a seguir comiendo. La fiesta no continuaba cerca del mar como yo creía", agrega. "Me encantaría recibir cada año en un país diferente. Conocer otras costumbres, salir del lugar común de la reunión con amigos y ver cómo me adapto al lugar y no el lugar a mí".

También en soledad

A veces, pasar las Fiestas lejos de la familia tiene que ver con el trabajo, aunque en parte también con la elección de no regresar en esos días, como muchos lo hacen. José Manuel Luján, por caso, nació en Buenos Aires, vivió en Cromwell, Nueva Zelanda; en Copenhague, Dinamarca y, hace un mes, se mudó a Berlín. "Viajo mucho y suelo quedarme por lo menos un año en cada destino. Pasar las Fiestas afuera es consecuente con esta opción de vivir en diferentes partes del mundo", comenta el joven de 29 años.

En 2014 se instaló en Cromwell y se dedicó a recolectar cerezas en campos de la zona. En Navidad decidió viajar hacia Queenstown con amigos. "Tengo muy buenos recuerdos de todas las Fiestas que pasé lejos de la Argentina. En Queenstown, por ejemplo, un amigo uruguayo logró volver a nuestra casa gracias a la cortesía de los bomberos de la zona", relata.

Para Año Nuevo viajó a Wanaka, una pequeña ciudad al sur de Nueva Zelanda, famosa por su cercanía con varias pistas de esquí y por los grandes festivales. Allí asistió a Rithym & Alps, tres noches de conciertos y fiesta, durante las que se puede acampar en el mismo predio.

"Lo mejor de pasar las Fiestas afueras son las vivencias e historias con las que nos quedamos. Al estar en un ambiente y cultura diferentes, sin los condicionamientos que nos genera nuestro entorno, podemos generar momentos inolvidables", amplía.

Pero no todos los fines de año pudo celebrarlos con amigos. Alguna Navidad la pasó solo, repartiendo diarios en bicicleta y bajo la nieve, absolutamente empapado y mirando cómo las familias celebraban dentro de sus casas. "No me arrepiento. Creo en los beneficios de salir de mi zona de confort", concluye. Esta Navidad lo encontró en Watergate, club de música tecno de renombre, con más de 14 años de historia. Y ya tiene planes para 2018: recibir a amigos argentinos en su casa de Berlín y hacer un recorrido por Europa, que culminará en su próximo hogar, Estocolmo.

Foto: Javier Gonzalez Burgos
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