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Las 10 peores películas del año

Un repaso por los fiascos que este 2017 nos dejó

Viernes 29 de diciembre de 2017 • 19:57
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LA NACION
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Cada año deja en materia de estrenos cinematográficos películas excelentes, películas muy buenas, películas aceptables, películas regulares y un puñado de títulos que jamás falta y que no podría superar jamás el umbral de lo que definimos como impresentable. Por varias razones que procuraremos fundamentar, 2018 entregó un selecto grupo de estas producciones que sería mejor olvidar, en un año que nos dejó muchas más decepciones de las que imaginábamos doce meses atrás.

Esta es la lista de las diez peores películas estrenadas en la Argentina durante el año que estamos despidiendo, con el agregado de una mención especial.

10) CINCUENTA SOMBRAS MÁS OSCURAS (Fifty Shades Darker, EE. UU.), de James Foley, con Jamie Dornan y Dakota Johnson.

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Segunda adaptación al cine de los libros de la trilogía de novelas eróticas escritas por E. L. James y secuela de una exitosísima primera parte, inspirada en el volumen inicial. Esta secuela retoma y profundiza el estilo insípido y desangelado de la película previa. Como ocurrió en el film original, el sadomasoquismo como alternativa supuestamente superadora de la conexión sexual entre los protagonistas vuelve a ser aquí una consigna de marketing completamente vaciada de contenido. Una sesión de la Cámara de Diputados exhibe pasiones mucho más encendidas y convincentes que esta prolija y aburridísima saga, que ni siquiera hace reír.

9) EL BAR (España), de Alex de la Iglesia, con Blanca Suárez, Mario Casas, Terele Pavez, Alejandro Awada.

La peor película de toda la carrera de un director que supo brillar en otro tiempo al retratar el espíritu esperpéntico que identifica a la sociedad española. Una catástrofe que se desata en una ciudad de la península y obliga a varios prototípicos personajes a permanecer recluidos a la fuerza en un espacio cerrado desata una catarata de excesos y conductas repulsivas, dichas todo el tiempo a grito pelado, como si todos los personajes practicaran una especie de ejercicio terapéutico de catarsis infinita que lamentablemente los regresa sin respuestas al punto de partida. Eso sí, completamente agotados como los espectadores. Si alguien quiere castigar a algún familiar o compañero de trabajo por algún comportamiento inadecuado, que lo lleve a ver esta película. Después de verla, prometerá no hacerlo nunca más con tal de no repetir esa condena.

8) SOLO SE VIVE UNA VEZ (Argentina-España), de Federico Cueva, con Peter Lanzani, Gerard Depardieu, Hugo Silva, Eugenia Suárez, Santiago Segura, Luis Brandoni, Pablo Rago.

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Todo aquí está desaprovechado. Un rutilante elenco internacional, una producción generosa en despliegue y dinero, un intento de adaptar al cine argentino las eficaces fórmulas internacionales en materia de comedia policial satírica. Los momentos de comedia son patéticos, la trama policial es completamente inverosímil y la sátira desaparece en medio de tantos despropósitos. El público se dio cuenta rápido y le dio la espalda con toda razón. Por allí aparece Gérard Depardieu demostrando una vez más una constante de su vida artística: hay grandes actores que filman demasiadas películas. Una pena.

7) LA CABAÑA (The Shack, EE. UU.), de Stuart Hazeldine, con Sam Worthington, Octavia Spencer.

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Una película hecha supuestamente para inspirar a espectadores de extracción cristiana y lograr que asuman la necesidad de expiar las culpas a través del dolor para experimentar desde allí una sensación de calma y consuelo en el corazón. Lo único que conseguirán estos predicadores cinematográficos con películas así es aumentar el número de agnósticos convencidos. La manipulación emocional de esta historia es francamente insoportable. Ningún terapeuta aconsejaría semejante exhibicionismo de sufrimiento infantil, al borde de la abyección, para narrar el camino purificador que luego encara su padre con la ayuda tranquilizadora de una Santísima Trinidad new age. A esta altura, la pretendida guía de ayuda espiritual se transforma en el más engañoso folleto turístico.

6) LEY PRIMERA (Argentina-EE. UU.-Francia-Bélgica, Reino Unido), de Diego Rafecas, con Armand Assante, Adriana Barraza, Tomás Fonzi, Diego Rafecas, Juan Palomino, Liz Solari.

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Los defectos más visibles del cine argentino aparecen todos juntos en esta extrañísima producción que escribió, dirigió y protagonizó Diego Rafecas poco antes de fallecer. Tenemos por un lado a una sufrida comunidad aborigen del Chaco que se empeña contra viento y marea en la conservación de sus tradiciones. Y por el otro a una inescrupulosa empresa multinacional dispuesta a pasarlos por arriba para engrosar las cuentas de sus ejecutivos y seguir haciendo negocios. Maniqueísmo, frases hechas, declamación como regla argumental, posturas extremas, trazos gruesísimos. Y un gran elenco internacional inexplicablemente desaprovechado.

5) EL MUÑECO DE NIEVE (The Snowman/EE. UU.-Reino Unido-Suecia), de Thomas Alfredson, con Michael Fassbender, Charlotte Gainsbourg, J. K. Simmons, Rebecca Ferguson.

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Nadie puede explicar todavía cómo Alfredson pasó de dirigir tal vez la mejor adaptación al cine de un relato de John Le Carré (El topo) a perpetrar esta inconcebible versión de uno de los best sellers más recientes del policial nórdico. En manos de Alfredson, el detective Harry Hole es un hombre tan atormentado por sus conflictos familiares que sólo podría develar el misterio planteado por Jo Nesbø en su exitosa novela gracias a los agujeros de un guión insostenible. La trama resulta tan absurda que después de mucho tiempo una película de alto presupuesto y gran producción internacional nos deja la sensación de haber sido deliberadamente mal compaginada. Es admirable el esfuerzo de los actores para parecer convincentes. Deberían haber recibido el premio a la mejor interpretación disimulada del año.

4) BELLEZA INESPERADA (Colateral Beauty/EE. UU.), de David Frankel, con Will Smith, Kate Winslet, Edward Norton, Helen Mirren, Keira Knightley.

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¿Hay algún gurú de la autoayuda espiritual que requiere un compromiso absoluto e incondicional de sus seguidores para dar a conocer su prédica en cualquier tiempo, lugar y manifestación? Sólo de esta manera es posible entender que un elenco de enormes estrellas haya aceptado sumarse a una historia que supera todos los límites del ridículo concebibles y conocidos. De nuevo el sufrimiento gratuito (el protagonista es un exitoso ejecutivo publicitario que sufre la muerte por cáncer de su hijita de seis años) pone en marcha una historia de expiación que banaliza hasta extremos insoportables los valores más importantes de la condición humana. Lo peor es que los artífices de esta película suponen que el público es tan tonto que va a conmoverse con tanta superficialidad disfrazada de supuesta trascendencia espiritual. Para llorar... de vergüenza ajena.

3) TRANSFORMERS: EL ÚLTIMO CABALLERO (Transformers: The Last Knight/China-Canadá-Estados Unidos), de Michael Bay, con Mark Wahlberg, Josh Duhamel, Anthony Hopkins).

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Quinta entrega de las aventuras cinematográficas de los populares juguetes creados por la empresa Hasbro. Esperemos que sea la última. Tan agotada está la fórmula que los personajes se ven obligados todo el tiempo a explicar con largas parrafadas todo lo que van a hacer en la escena siguiente, porque de otra manera nadie entendería nada. Cualquier variante hogareña de las batallas entre Autobots y Decepticons protagonizadas por chicos de 10 años tendrá más ingenio, despliegue y originalidad que este multimillonario desperdicio en el que no cree ni uno solo de sus cotizados intérpretes. Menos que menos Anthony Hopkins, que se pasea por la pantalla preguntándose qué habrá hecho mal en sus tiempos gloriosos para terminar así.

2) EMOJI: LA PELICULA (The Emoji Movie/EE. UU.), de Tony Leondis, con las voces de James Corden, Anna Faris, T. J. Miller.

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La idea de que objetos inanimados puedan tener expresiones, temperamentos y hasta estados de ánimo tuvo experimentos más o menos exitosos (Cars) y otros francamente penosos e inexplicables. ¿A quién se le ocurre crear un mundo paralelo con los emojis de los mensajes de los teléfonos celulares para que funcione a imagen y semejanza del universo real habitado por seres humanos? ¿De dónde sale la peregrina idea de que los emoticones pueden conectarse entre sí y eventualmente acompañar las sensaciones de los humanos, que dicho sea de paso aparecen y desaparecen de esta historia con una sospechosa conveniencia? Otra muestra del empeño de Hollywood en sostener con espesor cinematográfico la cuadratura del círculo. A duras penas sólo podríamos concebir la idea del emoticón animado sólo al servicio de algún programa para precoces televidentes que todavía no pasaron por la experiencia del jardín de infantes. No deben haber pensado lo mismo los productores que gastaron ¡50 millones de dólares! en este despropósito.

1) ¡MADRE! (Mother!/EE. UU.), de Darren Aronofsky, con Jennifer Lawrence, Javier Bardem, Michelle Pfeiffer, Ed Harris.

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¡Madre! desprecia a los artistas, transformados aquí en vanos y egoístas cultores del máximo egocentrismo imaginable. También desprecia al público, retratado aquí como una masa amorfa, carente del mínimo raciocinio, volcada con desesperación a la idolatría de supuestos referentes intelectuales que no merecerían ser recordados ni siquiera con un exabrupto. Pero sobre todo desprecia a sus verdaderos intérpretes, empezando por Jennifer Lawrence, sometida a un interminable calvario de sometimiento, castigo y humillaciones que soporta casi sin reaccionar, hasta que cuando se da cuenta del via crucis ya resulta demasiado tarde. Lo peor de todo es que ese rosario infinito de mortificaciones y crueldades gratuitas fue imaginado para la actriz por un director que en el momento del rodaje era su pareja. De una relación tóxica, que por suerte para Lawrence ya terminó, puede surgir solamente una película tóxica. Antes de verla, el público debería ser advertido de las contraindicaciones a las que se expone por soportarla.

MENCIÓN ESPECIAL: BAYWATCH: GUARDIANES DE LA BAHÍA (Baywatch/EE. UU.), de Seth Gordon, con Dwayne Johnson, Zac Efron, Alexandra Daddario.

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Penosa adaptación de la popular serie televisiva que no funciona en ninguna de sus variantes. Por momentos quiere proponer una trama policial (cansina y desganada) y cuando la cosa no funciona pega el volantazo hacia la comedia escatológica y pedestre, con chistes sexuales que más que risa dan lástima. En lo único que coinciden ambas vertientes es en lo forzado del planteo en todo momento y en todas las secuencias. Ni siquiera aprovecha su condición de homenaje: las apariciones de David Hasselhoff y Pamela Anderson ni siquiera provocan nostalgia. Más bien una tristeza infinita. Pero está al margen de la lista por una sola razón: cualquier película que tenga a Dwayne Johnson en su elenco no podría jamás ser considerada mala por sí misma. El ex luchador tiene tanto carisma y tanta conciencia de lo que significa hacer cine que su sola presencia logra enderezar todo lo que está torcido. Eso sí, cuando The Rock no aparece, estamos ante una de las peores películas no sólo de 2017. De los últimos años.

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