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El pésimo ejemplo de Sampaoli

Si el técnico del seleccionado argentino de fútbol quiere devolver a nuestra camiseta "un protagonismo desmedido", debería empezar por cuidar el suyo

Sábado 30 de diciembre de 2017
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De un director técnico del seleccionado argentino de fútbol debe esperarse algo más que simples resultados deportivos. Que cualquier hijo de vecino desconozca la autoridad y transgreda las reglas es motivo de condena, pero que lo haga una persona pública como Jorge Sampaoli, que además tiene la difícil y honrosa tarea de conducir al equipo nacional del más popular deporte argentino, que nos representa en el mundo y que se supone que prepara para dar el ejemplo, resulta inaceptable.

Sampaoli tuvo la oportunidad de arrepentirse de haber insultado a un policía que lo detuvo en un control de tránsito e hizo bajar a los ocupantes del automóvil que manejaba su esposa, porque sobrepasaba el número permitido de pasajeros por vehículo. Pudo haberse sosegado con la publicación de una disculpa en la página de la Asociación de Fútbol Argentino, pero no. Apenas cruzó a Chile, minimizó haberle gritado "boludo que cobrás 100 pesos por mes, gil" al inspector que le marcó la falta de tránsito.

Según Sampaoli, el hecho de arrogancia y patoterismo que lo tuvo como protagonista en Santa Fe, y que refleja lo peor de la sociedad argentina, "es totalmente menor. Estamos -dijo públicamente- en una sociedad de mucha división, de mucha envidia, en la que se celebra que al otro le vaya mal". En rigor, lo que la mayoría de la sociedad está demostrando en los últimos tiempos es exactamente lo contrario. Quienes fomentan la división, la consabida "grieta", son los individuos como Sampaoli que, abusando de su exposición y del poder omnímodo que creen tener, denigran al otro, sacan ventaja, atacan salvajemente con palabras y con hechos, y buscan, en definitiva, que a todos nos vaya mal. Es difícil pensar que haya argentinos, hinchas de fútbol o no, que quieran que la selección pierda. ¿A qué se referirá entonces Sampaoli? ¿Quién querrá que le vaya mal a quién?

Moyano, Tapia y Angelici: nada bueno podemos esperar con esta calidad de dirigentes
Moyano, Tapia y Angelici: nada bueno podemos esperar con esta calidad de dirigentes. Foto: LA NACION

No es la primera vez que asistimos a la lastimosa imagen de figuras públicas que no aceptan ser tratadas o controladas como un ciudadano más. Algunos "chapean" con sus cargos; otros amenazan, y no pocos concretan la intimidación logrando que se desplace de su cargo al agente, a la autoridad que sólo cumple con su deber.

Tras la agresión registrada en Santa Fe, se escucharon muchas voces reclamando una sanción para Sampaoli, al tiempo que, justificadamente, se alzaron otras pidiendo su renuncia a la conducción del seleccionado argentino y volvieron a recordarse nombres de imaginarios reemplazantes.

El catalán Josep Guardiola, que además de un brillante director técnico es un caballero, hubiera sido muy feliz dirigiendo al seleccionado argentino. Antes del Mundial de Brasil 2014, Guardiola fue objeto de un sondeo para saber si estaba dispuesto a dirigir al representativo brasileño; dijo que sí de inmediato, pero la propuesta nunca se concretó. Hoy dirige con éxito al Manchester City. Otro técnico de larguísima trayectoria y sumamente respetado, como Héctor Cúper, hubiera sido otra opción, aunque desde 2015 está al frente del seleccionado de Egipto, con el cual hizo historia con su clasificación para el Mundial de Rusia 2018.

Claudio Tapia, Hugo Moyano y Daniel Angelici han sido tres de los factótums de la elección de Sampaoli al frente del seleccionado. Nadie podría esperar que dirigentes con antecedentes asociados a barras bravas y a lo peor del fútbol y la política reclamen de Sampaoli un gesto rectificatorio.

Cuando la AFA finalmente lo presentó en ese cargo en junio de este año, Sampaoli dijo: "Nuestra idea es que la camiseta tenga un protagonismo desmedido". Debería empezar por cuidar el suyo.

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