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Fin de año en Pinamar: entre la fiesta y la desilusión por los fuegos artificiales

Sin conteo regresivo y con pocos destellos en el cielo, el foco fueron los festejos en los balnearios

Aunque sin fuegos artificiales, la gente festejó la llegada de Año Nuevo en Pinamar
Aunque sin fuegos artificiales, la gente festejó la llegada de Año Nuevo en Pinamar.
Lunes 01 de enero de 2018 • 04:36
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LA NACION
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Pinamar arrancó el año a pura fiesta, pero se quedó con las ganas de ver fuegos artificiales. Av. Bunge y el mar, los balnearios, los hoteles, las calles y los bares se colmaron de turistas y locales que salieron a cenar y bailar y se quedaron festejando hasta la madrugada, aunque hubo decepción a la medianoche por la falta de estruendos y destellos en el cielo.

Vestidos mayormente de blanco, muchos turistas se congregaron en la rotonda central con botellas de champagne y copas para brindar al aire libre. Hacía frío y muchos debieron sacrificar el alarde de sus atuendos para abrigarse. Cerca de las 12, no se escuchó la típica cuenta regresiva que arengaban los conductores de la radio Estudio Playa, todos los 31, desde la rotonda.

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Conservadoras repletas de bebidas, vestidos blancos largos y vinchas de flores impregnaban el paisaje. Descorches y algunos gritos de emoción. Parlantes con la canción de moda durante 2017 (¿hace falta aclarar que es Despacito?) y dudas sobre si habría fuegos artificiales fueron los puntos centrales de la noche.

Cuando llegó la medianoche, los presentes en Bunge se fundieron en abrazos con sus amigos y familiares. Pero a pesar de la buena predisposición por la llegada del nuevo año, estuvieron muy presentes los comentarios sobre la ausencia de fuegos artificiales, prohibidos este año por una resolución municipal para resguardar el medio ambiente.

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Decepción

"Vamos, si no hay cuentes", le decía una señora a su marido. Y tenía razón. En Pinamar, sin la radio y sin fuegos artificiales, el 31 a la noche, al menos en Bunge y el mar perdió la mística de otros años.

"Bueno, ¿vamos?", le dijo una señora a su marido a las 0.02 cuando el primer cielo nocturno de 2018 permanecía oscuro.

A las 0.03 aparecieron algunos destellos, a lo lejos, lanzados desde algunos paradores lejanos. "Mirá, nos vinimos desde Valeria a Pinamar pensando que los fuegos estaban acá y los tiran allá, me quiero matar", se quejó una joven con su madre que asentía con la cabeza. "Mirá, allá se ven los de Cariló, titilan de manera permanente y nosotros acá", agregaba otra mujer.

"Ni siquiera música, nada, dos cañitas tiran", agregó otra.

Los pocos fuegos que aparecían en el cielo eran lanzados por particulares y cada uno, por lo escaso, fue festejado y vivado como si fuera una hazaña.

De todas formas, la gente festejó con música que emanaba de los parlantes de los autos y equipos portátiles.

Desde la rotonda, cerca de las 00.30, los más jóvenes se deslizaron entre cánticos rumbo a los balnearios que ofrecían fiestas de Año Nuevo.

La mayor parte había brindado cenas de varios pasos (entre $1500 y $2500 el cubierto), y algunos con shows musicales, pero unos pocos abrieron sus puertas para que a partir de las 12 de la noche se sumaran nuevos clientes.

Es el caso de CR y Rada, que recibieron 200 y 80 personas respectivamente para cenar pero permitieron la entrada de "terceros" después del brindis.

A las 3 am, a cuadras de esos balnearios y de UFO Point se escuchaba música a todo volumen, mientras por Avenida del Mar circulaban, tambaleándose por las copas de más, decenas de jóvenes vestidos de blanco. El año nuevo, aunque sin fuegos artificiales, fue una fiesta en la ciudad de los pinos, y el 2018 recién empieza...

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