Sabrina Mateos, exsecretaria de Alberto Nisman, se luce como comediante en el Paseo La Plaza - LA NACION
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Sabrina Mateos, exsecretaria de Alberto Nisman, se luce como comediante en el Paseo La Plaza

Sabrina Mateos aprovecha la feria judicial para volver al teatro con su comedia Trasbordada, un amor para toda la vida
Sabrina Mateos aprovecha la feria judicial para volver al teatro con su comedia Trasbordada, un amor para toda la vida Crédito: Mauro Alfieri
Abogada, prosecretaria de la Unidad Fiscal Amia, los miércoles muestra su costado de actriz en una comedia que ella misma escribió: Trasbordada, un amor para toda la vida
Leni González
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3 de enero de 2018  • 00:12

¿La actuación o la abogacía? ¿Cuál fue la primera pasión que abrazó Sabrina Mateos ? La abogada penalista, ex colaboradora del fiscal Alberto Nisman , no duda en responder que la actuación llegó primero. Pero... “Aunque desde chica actúo, mis padres querían que siguiera una carrera «seria» e hice Derecho, me especialicé en Penal y la verdad es que me gustó. Siempre fui traga, no me cuesta el estudio, y hago muchas cosas a la vez. Daba clases de danza árabe, armé un emprendimiento de uñas postizas para gatos, del cual ahora se ocupa mi hermana. Hice muchas cosas. Cuando la cabeza está tranquila, se enferma”, dice la hiperactiva Mateos, separada, madre de una nena de siete años, gestora de todos sus proyectos y algo más que por ahora nunca había aparecido en sus textos autorreferenciales: es prosecretaria de la Unidad Fiscal Amia, donde trabaja desde hace casi trece años.

Trasbordada, un amor para toda la vida es el nombre que eligió Sabrina Mateos , la autora y protagonista de la comedia que presenta en el Espacio Colette, en el subsuelo del Paseo La Plaza. No es la primera a la que le pone el cuerpo a historias de mujeres ( Intensah, El cepillo de dientes) pero nunca antes había desnudado la propia: las idas y venidas con los hombres, las parejas frustradas y los mandatos familiares. Sabrina, el personaje, es Mateos, una abogada muy estudiosa que quería enamorarse y formar una familia aunque no sabía que el precio era resignar sus deseos más profundos.

“La otra cara del feminismo es que, si bien las mujeres ganamos en muchos aspectos, perdimos en otros. Se nos sumaron más tareas y los hombres siguen igual, son partícipes secundarios”, dice sobre la doble jornada laboral, la desilusión romántica y otras contradicciones que quiso exorcizar en su obra –acompañada por Federico Mini, Ada García y Ariel Cuño– que, después de un breve receso por las Fiestas, continuará desde hoy, todos los miércoles en el Paseo La Plaza.

Sabrina Mateos se luce como comediante en el Paseo La Plaza

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“No tengo ni el prototipo de la abogada ni tampoco el de la actriz. No entro en los moldes”, dice, con un cigarrillo electrónico en la mano. “Empecé en Tribunales cuando era estudiante y a los 22, en 2005, pasé a la fiscalía del caso Amia y de a poco fui teniendo más responsabilidad. Hoy soy prosecretaria pero entré como pinche. Por supuesto, trabajé con Alberto Nisman. Casi toda mi carrera judicial la hice con él aunque nunca hablé del tema, esta es la primera vez que lo hago”, agrega, muy cauta.

–¿Cómo era Nisman?

–Teníamos una relación muy profesional, de jefe y colaboradores. Era muy estricto, muy exigente, todo lo quería para ayer, trabajaba muchísimo, imponía respeto. Todo pasaba por él; conocía todos los detalles, no se le escapaba nada. Tenía mucha personalidad. Él era el director que conocía toda la película; nosotros solo algunas partes y no nos contaba acerca de sus investigaciones. Nadie conocía esa causa como él, era su vida.

–¿Pero te llevabas bien?

-Sí. Era muy chistoso, le gustaba hacer chistes ni bien llegaba. Pero a él no. Las personas somos grises, no blanco y negro. Tenía sus cosas como todo el mundo, ni malo malo ni bueno bueno, grises como todos. Pero no era un robot, era humano. Cuando perdí un embarazo, él se interesó, me llamó a su oficina y se le llenaron los ojos de lágrimas.

"Nisman no tenía el perfil de un suicida", entiende la abogada penalista y actriz
"Nisman no tenía el perfil de un suicida", entiende la abogada penalista y actriz Crédito: Mauro Alfieri

–¿Sabía que eras actriz?

-Sí, sabía. Él sabía todo. Pero nunca vino a verme. De su vida privada no sé nada ni me importa, hay separar lo profesional de la intimidad. Era muy reservado.

–¿Cómo cayó en la fiscalía la noticia de su muerte? Era enero (2015) y estaban de feria.

-Sí. Fue un horror. Nadie imaginaba que podía terminar así. Para nosotros, sobre todo, era un compañero de trabajo, alguien con quien compartías el día a día. Fue una desolación, un duelo, pero acá estamos.

–Empezaron a salir datos sobre su vida privada...

-Un horror. Cada uno hace lo que quiere con su vida privada mientras no perjudique a un tercero. Ahora, si se quiere tapar el sol con la mano...

–¿Asesinato, suicidio, cuál es tu hipótesis?

–Nisman no tenía el perfil de un suicida. No tengo las herramientas para afirmarlo pero nada en su forma de ser y actuar podía indicar eso. Pero no puedo hablar de lo que no me consta fehacientemente. Espero y confío en la Justicia para que el recuerdo de esa persona descanse en paz.

Los ojos de Mateos están húmedos. La mandada, la decidida, la sanguínea en el escenario, se queda en silencio e inspira: “No la pasamos bien con todo lo que pasó, fue un shock, no lo podíamos creer”. Sus jefes ahora son tres, los fiscales Roberto Salum, Leonardo Filippini y Santiago Eyherabide. Dice que no hubo diferencias con el cambio de gobierno, que sigue trabajando igual. “No te puedo hablar sobre la causa –dice, otra vez, con firmeza–. Perdoname si no hablo más, fue muy caótico.” Y se va, escaleras abajo al bar teatro, a prepararse para la catarsis de una mujer que no encuentra lo que busca, pero que no se desanima: el amor y la verdad, en algún lugar y tiempo, la esperan.

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