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Kate Winslet: el sueño de trabajar con Woody Allen, pese a la polémica

Recibió elogios por su rol en La rueda de la maravilla, estreno de mañana, pero también críticas por filmar a las órdenes del cineasta, acusado de abuso sexual por su hija Dylan Farrow
Marcelo Stiletano
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3 de enero de 2018  

Una de las escenas de la película, que, según el director, fue pensada especialmente para que la protagonizara la actriz británica
Una de las escenas de la película, que, según el director, fue pensada especialmente para que la protagonizara la actriz británica Crédito: Digcine

La historia que empezó en 2004 y le provocó a Kate Winslet una de las grandes frustraciones de su exitosa carrera casi se repite en los últimos tiempos. Hace casi 15 años, Woody Allen llamó a la actriz británica porque pensaba en ella mientras escribía el guión de Match Point. Allen quería que Winslet fuese Nola Rice, la protagonista de su primera película rodada en Londres. Pero Winslet tuvo que decirle que no. Acababa de ser madre de su segundo hijo, el primero que tuvo con el director Sam Mendes, y quería ocuparse a tiempo completo de su crianza. El director, entonces, convocó a Scarlett Johansson, que desde entonces se convirtió en una de sus musas.

Una década y media después, Winslet cumplió su sueño de filmar bajo las órdenes de Allen. Pero ese anhelo estuvo otra vez a punto de frustrarse. La actriz le contó a Variety que ya tenía decidida una salida de vacaciones compartida con su familia, que venía largamente postergada. Casi al mismo tiempo sonó el teléfono. Allen le decía que había escrito el papel femenino central de su nueva película pensando en ella y le pedía que leyera el guión. Al final, su propia familia terminó convenciéndola de que aceptara.

"Gracias a Dios no tuve que hacer una audición, porque seguramente iba a perder ese papel", confesó después Winslet, que reconoció haberse descolocado por completo frente a la llamada de Allen.

"Quería hacer todo lo que él esperaba de mí y todavía más. Quería sorprenderlo y superar sus propias expectativas. Pero lo que más quería era estar disponible para trabajar con él todo el tiempo que me necesitara", reconoció.

La fascinación de Winslet por Allen superó incluso el miedo que llegó a experimentar imaginando que podía desilusionarlo. Aceptó después de asumir una realidad incuestionable: "Entendí que no iba a tener otra oportunidad con Woody Allen. Era ahora o nunca", reconoció. Winslet es la gran estrella de La rueda de la maravilla (Wonder Wheel), cuyo estreno en la Argentina anuncia Digicine para mañana.

En este relato, ambientado durante la década de 1950 en la muy reconocible escenografía de Coney Island, el área costera y de playa ubicada en el extremo sur de Brooklyn que funcionó durante largo tiempo como espacio de entretenimiento, paseo y descanso para los neoyorquinos, Winslet interpreta a Ginny, una madura y todavía bella actriz frustrada que trabaja de camarera y vive junto a su marido, Humpty (Jim Belushi), encargado del mantenimiento de algunas atracciones (la calesita, por ejemplo) del parque de diversiones. Allí conoce a un guardavidas y aspirante a dramaturgo (Justin Timberlake) más joven que ella, pero esa relación incipiente (y todo lo demás) se complica cuando aparece en escena la hija de Humpty (Juno Temple).

En una entrevista reciente con el diario español El País, Allen asoció la trama de esta película con una enseñanza que le dejó la obra de Chejov: "Siempre habla de personajes que aspiran a que todo sea diferente. Salvo que nunca lo es, porque llevan en su interior la semilla de la infelicidad". En La rueda de la maravilla, con Winslet al frente del elenco, Allen parece volver al tema clave de Match Point, la película que no pudo tener a esa actriz: ese guiño del destino que oscurece irremediablemente el futuro de un personaje convencido hasta entonces de que todo cambiaría para bien en su triste y opaca vida.

Una situación ingrata

Fuera de las penurias de su personaje, Winslet también tuvo que afrontar más de una situación ingrata en medio de este viejo sueño hecho realidad, poder finalmente hacer una película bajo las órdenes de Woody Allen. En las vísperas del estreno de la película en Estados Unidos, resonó muy fuerte una frase en la que la actriz elogia de manera inusual al director neoyorquino: "En cierto modo, Woody es una mujer. Está muy en contacto con ese costado de sí mismo. Entiende a los personajes femeninos que crea de una forma excepcional. Sus personajes femeninos siempre son muy ricos, grandes y honestos en lo que respecta a sus sentimientos. Y él sabe como ninguno escribir diálogos que transmiten todo eso", le dijo Winslet a un diario australiano.

La primera e inmediata reacción a estos dichos fue de Dylan Farrow, una de las hijas adoptivas de Allen, que hoy tiene 32 años. Respondió a través de una nota de opinión publicada en Los Angeles Times, en la que acusa a Winslet (junto a otras actrices como Greta Gerwig y Blake Lively) por haberse referido al tema del acoso sexual en Hollywood sin hacer mención alguna del caso de Allen.

Dylan denunció reiteradamente a su padre adoptivo por haber abusado de ella cuando era una niña. Y recordó en ese artículo que Winslet había sido muy dura al referirse al productor Harvey Weinstein, primero en la larga lista de figuras con poder en la industria del entretenimiento cuestionadas (y caídas en desgracia) por su condición de acosadores seriales, Winslet había dicho: "El hecho de que esas mujeres estén comenzando a hablar sobre la repugnante conducta de uno de nuestros más importantes reputados productores es increíblemente valiente y escucharlo ha sido muy impactante para mí". Para Dylan Farrow, el contraste es evidente: "El sistema trabajó al servicio de Harvey Weinstein durante décadas. Hoy lo sigue haciendo a favor de Woody Allen".

Para la misma fecha, The New York Times habló con Winslet y le preguntó sobre esta delicada cuestión. "No conocía a Woody y no sabía nada sobre su familia. Como actriz, tienes que mantenerte a un lado y decir que no sabes nada, independientemente de si lo que se dice es cierto o no. Después de pasar por todo eso lo apartas a un costado y te limitas a trabajar con esa persona", fue su respuesta.

Para Winslet, Woody Allen "es un director increíble". Como lo fue Roman Polanski, otra figura largamente cuestionada por hechos aberrantes ocurridos hace décadas (abusó de una chica de 13 años luego de emborracharla), corroborados y juzgados, tanto que no puede regresar a Estados Unidos. Winslet filmó en 2011 la versión cinematográfica de la obra teatral Un dios salvaje, dirigida por Polanski. "Fue una gran experiencia haber trabajado con ambos. Esa es la verdad", afirmó la actriz.

La discusión abrió una suerte de grieta entre las actrices de Hollywood. De un lado están Winslet, Cate Blanchett, Emma Stone y Kristen Stewart, que estuvieron bien dispuestas para trabajar con Allen después de que se conocieron las denuncias de Dylan Farrow. Y del otro aparecen Ellen Page, Susan Sarandon y Jessica Chastain. Page dijo estar arrepentida de haber participado en De Roma con amor. Y las dos restantes dijeron públicamente que jamás trabajarían con Allen.

El estreno de La rueda de la maravilla en el comienzo de 2018 será un inmejorable test para comprobar si, en medio de este debate, el público argentino es uno de los más fieles y entusiastas del mundo con cada nueva película de Woody Allen o después de mucho tiempo decide cambiar de opinión. La prueba es un sueño de toda la vida por fin hecho realidad para su actriz protagónica.

Mujeres irreductibles de todas las épocas

Criaturas celestiales (1994)

Fue elegida por Peter Jackson entre 175 aspirantes para interpretar en su debut a una adolescente que ayuda a una amiga a asesinar a la madre de esta. Compromiso extremo en un papel muy difícil.

Sensatez y sentimientos (1995)

Cambió la densidad de su debut para interpretar con gracia y profundo romanticismo a Marianne Dashwood en la adaptación de la novela de Jane Austen. Fue su primera nominación al Oscar.

Titanic (1997)

Se consagró definitivamente como estrella gracias al papel que le brindó James Cameron. Detrás del éxito colosal de la película apareció una actriz que recibió su segunda nominación al Oscar.

Humo sagrado (1999)

Tal vez el papel que le exigió el mayor compromiso físico y mental de su carrera, dirigido por Jane Campion. Allí interpreta a una temeraria mujer australiana que se une a un raro culto religioso.

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004)

Su tercera nominación al Oscar fue por su visceral retrato de Clementine, quien decide arriesgarse a probar un procedimiento experimental para librarse del dolor que le provoca su romance trunco en este clásico posmoderno del dúo Michel Gondry-Charlie Kaufman.

Mildred Pierce (2011)

En su único trabajo de peso para la TV -salvo por una desopilante aparición en Extras-, Winslet se llevó el Globo de Oro por este eficaz melodrama de Todd Haynes para HBO, sobre una madre que se desvive para hacer realidad las ambiciones de su hija mayor.

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