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Galanes sin grietas

Pablo Sirvén
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3 de enero de 2018  

Entro y tomo asiento en una de las mesas de El Cairo, el mítico bar rosarino en el que, con Roberto Fontanarrosa a la cabeza, se reunía, y se sigue reuniendo, la "mesa de los galanes", sus amigos de la vida. El gran "Negro" dibujante, escritor y humanista de las cosas simples de la vida no se retiró del todo: una estatua lo recrea en el salón.

Escudriño caras y edades para tratar de descubrir a algún integrante de aquella cofradía. Apuesto a que dos señores entrados en años y acodados en la barra son acaso sobrevivientes del legendario grupo. Pero no.

Cuando ya me había cansado del juego de pronto apareció por detrás de mí alguien que se presentó simplemente así: "Soy Pitufo". De baja estatura y prendas azuladas, me pareció verosímil y le creí. "Así me nombra el «Negro» en el cuento «La mesa de los galanes»", aclara Pitufo que, según su DNI, es Rubén Fernández. Pregunto cómo anda la muchachada y me cuenta que la grieta también metió fichas ahí. Imposible saber de qué lado hubiese estado Fontanarrosa, que murió en 2007, años antes de que estallara esa absurda división de personas. Igual, por suerte, en este caso la sangre no llegó al río. Para confirmarlo, al rato irrumpe otro de los "galanes", Ricardo Centurión, que piensa distinto que Pitufo, pero todavía se abrazan.

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