La espera

Miércoles 03 de enero de 2018

Sucederá dentro de algunos segundos: un hombre vendrá a perforar la capa de hielo, se sentara en esta banqueta y esperará. Tan sólo eso: la espera. Antes habrá deslizado un anzuelo hacia el interior del lago. El pescador aguardará entonces su suerte. Acaso capture un pez, acaso permanezca durante horas a solas en este vasto espejo congelado. Esa imagen es una metáfora de la vida. Aguardamos la muerte -qué remedio-, pero hasta que esta suceda aguardamos tantas cosas que, afortunadamente, traen alivio a nuestras vidas. Hay quien dice que la pesca en el hielo -la pesca a secas, quizá- se parece a la meditación. Algo es cierto: en esa espera larga, pero nunca extenuante, el tiempo transcurre muy lentamente, con tal parsimonia que, casi de manera inevitable y sin proponérselo, el pescador se aventura en su mundo interior. Sucede a menudo ante la inmensidad de la naturaleza y en soledad: no hay más remedio que asomarse al mundo interior.

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