Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Adolescentes, previas y alcohol

Viernes 05 de enero de 2018
0

Es una verdad conocida que el abuso de bebidas alcohólicas origina un estado de intoxicación aguda o embriaguez. Cuando se convierte en hábito esa conducta, adquiere la condición de enfermedad, que tiende a ser crónica por lo común, originada en una dependencia del alcohol y una patología que afecta al aparato digestivo -en especial, al hígado y al sistema nervioso. Cuando la embriaguez se va agudizando, se reduce la capacidad de ejercer control sobre la propia conducta y disminuye el sentido moral. En casos extremos puede llevar a estados de coma que concluyan en la muerte del alcoholizado.

La posibilidad de caer en el hábito vicioso del alcoholismo y sus consecuencias no depende solamente del comportamiento individual. Los adolescentes llegan, en su mayoría, por la influencia social de sus compañeros que, según se viene observando, se preparan con regularidad para la experiencia de "fiestas", con un ordenamiento de pasos que arrancan de una reunión "previa" donde la ingestión de bebidas alcohólicas constituye una "preparación" para llegar en estado eufórico al boliche bailable o a la casa donde se ha planeado la reunión central.

No se trata de episodios aislados, sino frecuentes y hasta regulares en los últimos años, en que los padres dejan el campo liberado para sus hijos, aunque prevean lo que va a ocurrir. "Cada vez se toma más y más seguido", según lo ha relatado una joven de 17 años, ya que se instala una competencia que reclama un ganador en el menor tiempo posible. De manera que la actividad "previa" se convierte en "final" para algunos.

Patético resulta el relato de una madre que acompañó a su hija hasta un "boliche": "Cuando dejo a mi hija en la puerta veo a chicos y chicas vomitando en la calle, haciendo sus necesidades y tomando vodka por el pico... Veo a muchos en mal estado o que se tiran al piso mareados...". En verdad, cuesta admitir que no exista el necesario ejercicio de una autoridad oportuna y concreta de los padres que, a sabiendas, dejan hacer, como si sus obligaciones paternales caducaran al ingresar los hijos en ciertos estadios de la adolescencia.

El Observatorio Argentino de Drogas detectó que el número de menores que consumen bebidas perjudiciales para su salud y su comportamiento, en la etapa de la adolescencia (de 12 a 17 años), alcanzaba en 2010 al 21,4% de la población de esa edad. En la encuesta realizada en 2017 aumentó al 34,7%, dato por demás preocupante.

Una realidad tan ingrata como la descripta reclama sin demora adecuado tratamiento por parte de las familias, además de atención y control médico. Es penoso pensar en adolescentes y jóvenes que desde los verdes años corren el riesgo de caer en el vicio del alcoholismo, que afectará tempranamente la vida familiar, la convivencia social, el estudio, el rendimiento en el trabajo y en la actividad deportiva. Es por ello importante llevar adelante en las escuelas y universidades una campaña en la cual, capacitados profesionales informen y hagan comprender el peligroso juego al que se lanzan quienes se inician con el aparente pasatiempo de una embriaguez temprana que conduce a un deterioro físico, mental y moral. En este sentido es obvio, aunque necesario, pedir a los padres el cuidado firme de la conducta de los hijos, por su salud y su futuro.

En esta nota:
Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas