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Juan Carlos recibe un virtual indulto para sus 80 años

Marginado tras su abdicación, reaparecerá de a poco en actos oficiales

Viernes 05 de enero de 2018
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MADRID.- Como en los buenos viejos tiempos, Juan Carlos I entrará hoy de manera grandilocuente al comedor principal del Palacio de la Zarzuela. Hijos, nietos, primos, tíos, sobrinos, hermanos..., toda la familia Borbón se sentará a la mesa para celebrar el cumpleaños 80 del rey emérito.

La escena feliz será el epílogo de una amarga negociación que evitó otra crisis en la corona española. Olvidado, tratado como un estorbo para el futuro de la monarquía, el padre de Felipe VI llevaba con un fastidio cada vez más indisimulable la jubilación sin funciones a la que se vio forzado por el peso de sus escándalos en 2014.

La cercanía del cumpleaños 80 puso en aprietos a la casa real. Descartada la opción de una fiesta popular, al estilo de las que montaron otras dinastías europeas, quedaba la opción de dejar pasar el día sin pena ni gloria, como ocurrió en 2015 cuando se cumplieron 40 años de la restauración borbónica. El riesgo era que la "modernización" buscada se percibiera como un acto de frialdad e ingratitud.

Padre e hijo alcanzaron al final un acuerdo. Casi un milagro de Navidad. No solo se organizó la gran comida familiar. Por primera vez desde la abdicación, Juan Carlos y su esposa, Sofía, figuran entre los invitados a un acto institucional presidido por Felipe VI. Será en la Pascua Militar, mañana, en el Palacio Real de Madrid, donde se espera que el actual monarca reivindique el legado histórico de su antecesor delante del gobierno, los líderes opositores y los altos mandos de las fuerzas armadas.

Además, durante 2018 se programarán eventos institucionales por el cumpleaños 80 de los reyes eméritos (Sofía los cumple en noviembre), que se presentarán en el contexto de las celebraciones del 40º aniversario de la Constitución española, según confirmó la Casa del Rey.

Juan Carlos lo vive como un virtual indulto. Después de haber soportado en silencio la condena a una vida alejada de la política, la relación con Felipe y la corte se había agrietado en julio cuando lo dejaron fuera del acto solemne por los 40 años de la democracia española. En aquel momento filtró a la prensa su indignación. No entendió que por "cuestiones de protocolo" la casa real lo excluyera de la ceremonia justo a él, uno de los máximos artífices del suceso histórico que se conmemoraba.

Su actividad oficial se redujo casi a cero. No volvió a viajar al exterior en representación de la corona y apenas asistió a un puñado de actos culturales de segundo nivel.

Se concentró en su renovada pasión por las regatas. Apenas pisa el despacho del Palacio Real de Madrid al que lo confinó su hijo -que se quedó con la oficina principal de la Zarzuela, a 14 kilómetros de distancia- y pasa todo el tiempo que puede en el puerto de Sanxenxo (Galicia), donde tiene amarrado el velero Bribón.

El vacío en su agenda política le permitió concentrarse en la rehabilitación de la cadera, tras un sinnúmero de operaciones que lo tuvieron al borde de quedar en silla de ruedas. Camina con un bastón, pero puede prescindir de él si la ocasión lo requiere.

Los problemas de movilidad habían sido claves para resignarse a abdicar. Pero no tanto como los escándalos que estallaron a principios de esta década, en coincidencia con la peor crisis económica de España. Su romance con la aristócrata alemana Corinna zu Sayn-Wittgenstein (28 años menor), la lesión embarazosa en un safari en África y -sobre todo- el fraude del que fue acusada su hija Cristina habían lastrado a niveles mínimos el prestigio de la corona.

La monarquía estaba en juego. Felipe VI puso un cortafuegos entre él y su padre, además de distanciarse de su hermana Cristina (a quien le retiró el título de duquesa de Palma).

Juan Carlos no estuvo en la jura de Felipe ante el Congreso y nunca más pisó los actos de la fiesta nacional del 12 de octubre ni las pascuas militares ni las recepciones a presidentes extranjeros. Pero nada lo afectó tanto como que lo dejaran fuera del aniversario del retorno a la democracia.

Al final tendrá su consuelo. Serán festejos más discretos, acordes a los nuevos tiempos de austeridad real. A Juan Carlos le tocará mostrarse otra vez con Sofía, que regresará de una larga estancia en Grecia. Pese a que ya no ocultan su separación de hecho, el fin del ostracismo bien vale un reencuentro.

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