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Correa vuelve decidido a evitar que Moreno frustre su futuro político

El hombre que manejó el país durante diez años con estilo personalista lidera la campaña contra un referéndum convocado para cerrarle las puertas a un nuevo mandato

Sábado 06 de enero de 2018
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LA NACION
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Correa, ayer, tras su arribo a Guayaquil desde Bruselas
Correa, ayer, tras su arribo a Guayaquil desde Bruselas. Foto: Twitter

La vida familiar y académica no le duró mucho a Rafael Corre a. Hasta hace días instalado en la placidez de Bélgica, donde se recluyó desde que dejó la presidencia ecuatoriana el año pasado, tras una década de gobierno caudillista, volvió precipitadamente a su país por una emergencia.

No es el país el que está en emergencia, vale aclarar, sino el propio Correa. Le queda menos de un mes para desactivar la estrategia del mandatario Lenín Moreno -a quien él mismo designó como sucesor- destinada a desarmar cualquier ambición que tenga de regresar alguna vez al poder.

Correa liderará la campaña contra el referéndum que Moreno convocó para el 4 de febrero, donde un popurrí de siete preguntas le da un marco colorido a la única cuestión que verdaderamente cuenta: la eliminación de la reelección indefinida. Casi todo lo demás es más bien hojarasca, un relleno que enmascara ese asunto central.

Será el punto más alto de la guerra entre Correa y Moreno por la primacía dentro del partido oficialista Alianza País, y, más importante para millones de ecuatorianos, por el liderazgo del país.

"Para Correa es una consulta de vida o muerte. Se juega su futuro político y el futuro político del correísmo. Él sabe que sin la reelección indefinida queda fuera del horizonte político", dijo a LA NACION el politólogo Felipe Burbano de Lara, investigador de Flacso. "El juego político en Ecuador es muy inestable, las reglas son muy frágiles y volátiles. Pero pasarán dos períodos hasta que alguien vuelva a incorporar la reelección indefinida o alguna otra regla que le permita volver a participar", agregó.

Tan volátiles son las reglas que la enmienda sobre la reelección quiere borrar una enmienda previa.

No era lo que Correa tenía en mente cuando terminó los dos mandatos reglamentarios que lo tuvieron una década en el poder (2007-2017), dominando todas las instituciones y amordazando como pocos a la prensa. El Parlamento le votó un cambio constitucional que le permitía presentarse nuevamente a elecciones. Tras un período sabático en el que dejó a Moreno cuidándole el puesto, aspiraba a regresar con nuevos bríos en 2021.

Pero no contaba con la astucia de Moreno. Tras haber sido su vicepresidente durante cinco años (2007-2013), le aprendió las mañas al jefe y se anticipó a sus movimientos. Pasó de ser custodio del legado de Correa a un dirigente con vuelo propio, sin el lastre del pasado. Para Correa fue una traición. "Es un impostor profesional", sentenció.

Entre las preguntas secundarias de la consulta está la norma que promete prohibir la participación política de personas condenadas por corrupción. Una pregunta que cuenta con el obvio favor del electorado ecuatoriano, que asiste al destape de casos de corrupción arrastrados del pasado.

Uno que acaba de caer, sin esperar consultas ni referéndum, es el vicepresidente Jorge Glas, muy cercano a Correa y alejado de Moreno. La distancia, primero política, se volvió luego física: Glas lleva tres meses detenido, acusado de cobrar 13 millones de dólares de coimas de la constructora brasileña Odebrecht, el azote de tantos empresarios y dirigentes en la región.

Moreno no solo silbó bajito mientras la policía se lo llevaba esposado y la Justicia lo dejaba encerrado: después completó el círculo destituyéndolo formalmente de la vicepresidencia. Cárcel y expulsión. Doble estocada para Correa, que vivió con impotencia desde Bruselas la caída de su aliado.

Moreno cuestiona también la herencia económica de su antecesor. Pasada la era dorada de los ingresos petroleros, que le dio mucho poder a Correa, el país entró en un ciclo delicado. Pero los correístas no están para confesiones. Niegan defectos de la gestión anterior y dicen que el referéndum es un paso más, y por qué no el paso crucial, para barrer con el legado de conquistas sociales del caudillo.

"El pueblo no votó por esto, el pueblo votó por la continuación de la Revolución Ciudadana. Correa viene a impulsar la campaña por el no en una consulta que es inconstitucional, ilegal e ilegítima", dijo en declaraciones a la agencia AFP Ricardo Patiño, que fue canciller durante la gestión de Correa y hoy es uno de sus principales laderos.

Pero el pueblo, según las encuestas, votaría a favor de la propuesta de Moreno. "Todo parece indicar que ganará el sí. El gobierno primero fue bastante hábil en manejar los escándalos de corrupción. También estuvo el cuestionamiento a la economía, así como cambios de estilo. La gente estaba harta de los insultos de Correa contra los opositores o contra los medios", dijo a LA NACION el periodista y economista José Hidalgo Pallares, director de la Corporación de Estudios para el Desarrollo (Cordes).

Correa conserva un voto duro del 25% al 30% del electorado, de todos modos insuficiente para pasar al frente en los sondeos del referéndum.

Por primera vez en su exitoso historial de elecciones y consultas populares, plagado de triunfos, Correa viene de atrás. Siempre puede alentar expectativas de dar un vuelco dramático en las preferencias de la gente, pero tendrá que remar con fuerza en las próximas semanas.

"Correa es un batallador, un tipo que tenía un carisma muy potente y que tenía un respaldo popular muy alto cuando dejó la presidencia de la república -dijo Burbano de Lara-. Tiene muchos recursos y mucha capacidad política y no se puede descartar nada".

La batalla final por el poder

El referéndum del 4 de febrero próximo dejaría sin efecto la reelección indefinida, en el punto más alto de la guerra del presidente Lenín Moreno y su antecesor, Rafael Correa

Las encuestas adversas, que dan como claro ganador al sí a la propuesta de Moreno, forzaron la vuelta de Correa del exterior para liderar la campaña contra la consulta

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