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El Barca galopa mientras el Real Madrid profundiza su crisis

Santiago Segurola

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PARA LA NACION
Domingo 07 de enero de 2018 • 22:21
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Philippe Coutinho, la nueva estrella del Barcelona
Philippe Coutinho, la nueva estrella del Barcelona. Foto: AP / Manu Fernandez

El clásico del Bernabéu dijo casi todo sobre el estado del Barça y el Real Madrid , pero no detuvo la caída libre del equipo de Zidane . Dos semanas después de capitular frente a Messi y compañía, el Madrid regresó de las vacaciones de Navidad con todos los problemas que le han aquejado desde el comienzo del campeonato. Empató en Vigo con el Celta, uno de esos equipos que suelen exponer las miserias del Barça y el Real Madrid cuando atraviesan por un periodo de debilidad. El Celta es un equipo valiente y decidido. Juega como si fuera un grande, a pesar de sus limitados recursos, aunque dispone de uno de los mejores futbolistas de la Liga española: Iago Aspas, el astuto delantero que ayer volvió a aterrorizar al Real Madrid.

El Celta mereció el empate, y quizá algo más. El resultado deja al Madrid en una situación crítica. Falta una jornada para completar los 19 partidos de la primera vuelta y se encuentra a 16 puntos del Barça, que cabalga a todo trapo por el campeonato. Aunque el Real Madrid ha jugado un partido menos, su desventaja es sideral. Pocas veces se ha visto un desplome tan sorprendente. Se ha hundido el equipo que ganó la Liga y la Champions League en la temporada anterior. Peor aún, se ha estrellado el equipo que parecía destinado a gobernar el fútbol español y el europeo. Su exhibición frente al Barça en la Supercopa de agosto fue de tal calibre que todo el mundo anticipó la hegemonía del Real Madrid y el fin de ciclo del equipo catalán. Nunca han estado más equivocados los pronósticos.

Un día antes del fracaso del Madrid en Vigo, el Barça anunció el fichaje del brasileño Coutinho, procedente del Liverpool. Por exagerado que parezca el precio, alrededor de 160 millones de dólares, la contratación de Coutinho se inscribe en el nuevo régimen del fútbol mundial, inaugurado el pasado verano por Neymar. El París Saint Germain pagó 222 millones de euros por Neymar y desató una escalada inflacionista jamás vista en la historia del fútbol. El precio de los jugadores se dobló inmediatamente. Futbolistas de 18 y 20 años -Mbappé y Dembelé- se cotizaron como estrellas incontestables. El París Saint Germain pagó 175 millones por Mbappé y el Barça fichó a Dembelé por 150.

Coutinho, cuyo precio hace un año rondaba los 70 millones de dólares, ahora vale 160 millones. Si no es una burbuja insostenible, lo parece. Mientras tanto, el fútbol privilegia escandalosamente a los más ricos, a los seis o siete clubes capaces de pagar estas cantidades abrumadoras. No hay espacio para los demás. Oligarcas rusos (Chelsea), banqueros estadounidenses (Manchester United), petroleros árabes (Manchester City y París Saint Germain) son los dueños de un negocio que empujan a la pobreza a los demás. El Real Madrid y el Barça resisten por ahora, en gran medida por la ventaja que obtuvieron con los fabulosos ingresos televisivos que recibieron entre 2006 y 2015, pero nadie descarta que en un futuro no demasiado lejano caigan en manos de los grandes poderes financieros internacionales.

El Barça perdió a Neymar en el verano y ganó a Coutinho en el invierno. Restituyó su posición en el mercado. Envió el mensaje de poderío que no emitió tras la pérdida de Neymar. Se vaticinó un pésimo año para el Barça, pero la realidad es muy diferente: es líder en la Liga con nueve puntos de diferencia sobre el Atlético de Madrid, no ha perdido un partido en toda la temporada, ha renovado el contrato de Leo Messi, ha destrozado al Real Madrid en el Bernabéu y acaba de fichar a Coutinho, el presunto sucesor del mítico Iniesta. Es un Barça que no enamora como en sus mejores tiempos, pero camina por la Liga con un tranco poderoso y fiable, en buena medida porque disfruta de un Messi feliz. Cuesta creer que hace un mes Cristiano Ronaldo recibiera todos los premios como mejor jugador del mundo. Es evidente que Messi está en otro planeta.

La imprevista gran salud del Barça acentúa la crisis del Real Madrid. El equipo ha entrado en una fase caótica. Le falta rasgo, identidad, estructura, todo lo que invita a pensar en un equipo y no en el barco del capitán Garfio. Zidane, aclamado el pasado año por su magnífica gestión de la plantilla y sus abundantes egos, tiene por delante un desafío urgente: establecer las medidas tácticas que reviertan la situación del equipo. Esta vez tendrá que oficiar de entrenador, no de político de vestuario.

No lo tendrá fácil, porque el Real Madrid se caracteriza por sus descomunales urgencias, no por la paciencia y la confianza en sus entrenadores. Con la Liga casi perdida, a falta de 20 partidos para terminar el campeonato, la encrucijada del Madrid se sitúa a mediados de febrero, cuando se enfrente al París Saint Germain (Neymar, Mbappé, Cavani, Di María.) en los octavos de final de la Liga de Campeones. Será la frontera que deberá atravesar Zidane y su equipo. Si no lo consigue, la posición del técnico y de algunas de las estrellas del equipo será insostenible. Nadie lo hubiera dicho hace cuatro meses.

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