Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

El otro vuelo de Diego Frenkel

El músico publicó un libro, sutil y elegante, que es mucho más que un diario personal

Domingo 14 de enero de 2018
SEGUIR
PARA LA NACION
0
Foto: LA NACION / Ignacio Coló

Una geografía existencial. En eso pensó Diego Frenkel cuando tuvo la idea de escribir A través de las canciones (Planeta), su flamante libro, inspirado y atrapante, que ya parece tener en la mente del músico una continuación.

En la tapa, Frenkel aparece en plena ruta, en medio de un paisaje desértico, cargando una guitarra guardada en un estuche y en pleno movimiento, con los pies despegados del asfalto, como si quisiera levantar vuelo. La imagen es elocuente: se trata de un artista que desde que apareció en escena, a mediados de los 80, en plena efervescencia cultural porteña post dictadura, nunca detuvo su marcha: Clap, La Portuaria, Bel Mondo, su carrera solista... Todos mojones de un camino largo y lleno de aventuras, que forman parte de un relato que revela talento para la crónica y una enorme sensibilidad para capturar con justeza el espíritu de cada época recorrida.

A través de las canciones excede los límites del mero anecdotario que suele monopolizar el diario personal rutinario. Con gracia, sutileza y una escritura simple, pero también muy elegante, Frenkel logra construir una narración dinámica que, sin proponérselo de una manera evidente, funciona perspicazmente como ensayo sociológico. Sus pequeñas historias radiografían tiempos, lugares y las peripecias de un artista cargado de experiencias que, además, sabe reconocer con lucidez las determinaciones del contexto en el que se desarrolló cada una de esas vivencias.

Foto: LA NACION

"Cuando vi la tapa de Sgt. Pepper quedé pasmado (...). Recuerdo especialmente un día en el que mamá y papá no estaban en casa. Me quedé solo con Guida, la señora que me cuidaba, una mujer tiernísima, gordita, negra, que me trataba con gran calidez. La primera persona de origen africano con la que tuve relación y de la cual, estoy seguro, asimilé un tono, un movimiento, una mirada negra que me abrió el corazón hacia esa música y esa cultura. Me acerqué a Guida y le pedí que pusiera el disco. Me acosté en el piso del living y empezó a sonar. Las canciones fueron pasando una por una hasta que de pronto llegó 'Lucy In The Sky With Diamonds' (...). Más allá de la frase "Lucy en el cielo con diamantes" no comprendía ni una sola palabra de la letra, pero las puertas de Alicia se abrieron y me perdí volando sobre la alfombra en ese universo paralelo e imaginario. Entonces supe, muy profundamente, que la música era un vehículo potentísimo. Sin tener plena conciencia, había decidido ser músico. Quería viajar en esa nave para siempre" ('Lucy In The Sky With Diamonds'; Capítulo 1 de A través de las canciones).

Cada capítulo de este libro dinámico y de talante impresionista tiene el nombre de una canción. Esos temas -señala Frenkel en el prólogo- son postales más o menos precisas de diferentes momentos, sostenidas por "un sustrato inasible que es atemporal y arborrece fuera de nuestro control". Porque una canción, agrega en ese breve texto inicial, "no es un objeto, es un ser, un cúmulo de energía que el autor puede propiciar".

Con David Byrne, en la filmación del clip de "Hoy no le temo a la muerte"
Con David Byrne, en la filmación del clip de "Hoy no le temo a la muerte". Foto: LA NACION

Lo primero que Frenkel aclara en su charla con LA NACION revista es que el libro no es, de ningún modo, un balance. "El disparador fueron las ganas de escribir de alguna forma narrativa -dice el músico-. Cuando era chico adoraba escribir cuentos. Esperaba con mucha ansiedad los ejercicios de composición que nos pedían en la escuela. Después, de adulto, hice un taller con Hebe Uhart, una gran maestra. En un momento escribí un par de cuentos basados en hechos reales de mi vida, y al toque me propuse la idea de armar un libro con este concepto de que cada canción sea un capítulo y cada capítulo, una canción. Es una buena forma de narrar situaciones, hechos, a la manera de la crónica. No sé escribir ficción. Pero el deseo de escribir me llevó a editar este libro, que al final debería incluir un "continuará". Ya tengo historias, viajes y vivencias, que estaría muy bien sumarle. Es una especie de bitácora de viaje de un músico que, como casi todos, es muy andariego. Eso es algo inherente a la profesión... Y también el relato vital de una persona con una infancia agitada que incluye traslados, exilios, deportaciones y una adolescencia y una juventud nómades".

-Hoy abundan en el mercado editorial las biografías de músicos. ¿Buscaste conscientemente despegarte del común?

-El libro, de hecho, no es una biografía. Nunca quise hacerla. Una biografía marca un poco un límite de tu vida. Y yo, como persona más o menos sana y bien alimentada, creo estar lejos de ese límite. Más bien es un repaso de 50 años de existencia, narrados con el tono de la crónica. Treinta de esos 50 años estuve sobre el escenario, así que hay bastante tela para cortar. Tiene una estructura circular: empieza con una canción que disparó mi deseo de ser músico -'Lucy In The Sky With Diamonds', de los Beatles- y cierra con 'Desarme', el último tema que tenía editado cuando entregué el libro, compuesto especialmente para un documental de 2015. Y está plagado de aventuras, incidentes y anédcotas. Hay una pintura subjetiva de lo que pasaba a mediados de los 80, hecha desde mi óptica de músico de una banda emergente, alternativa, de culto como Clap. Y también, una visión de la deriva de un país que va cambiando de gobiernos y de formas. De los 90 para acá, lo recorrí de punta a punta, así que tenía muchas impresiones personales. Yo no escribiría nunca un libro de chismes rockeros, porque no soy morboso. Y tampoco soy muy enciclopedista. No me interesa la acumulación de datos. Soy un músico interesado por los lugares que recorre, por el comportamiento de la gente con la que me cruzo y por las circunstancias sociales, económicas e históricas lo determinan. Poner el foco en ese contexto me permitió objetivizarme, narrar mis experiencias después de tomar un poquito de distancia. Podría ser una película también. Mi vida tiene unos cuantos ribetes cinematográficos.

-¿Hubo libros que sirvieron como modelo o referencia?

-Y sí. Pienso en Verdad tropical, de Caetano Veloso, Diarios de bicicleta, de David Byrne y Rolling Thunder, el libro de Sam Shepard sobre la monumental gira de Bob Dylan. Con esos libros siento que hay una conexión directa. Y después, de una manera menos consciente, creo que se puede haber filtrado algo de autores que me gustan mucho: Edgar Allan Poe, Oscar Wilde, Chesterton, Jack London, Mark Twain, Herman Melville... Me gusta mucho la literatura de aventuras y de viajes. Esa mística está guardada en mí desde muy chico. Creo que la de ser músico es una decisión que tomé para llevar una vida de viajero. Si hay algo que yo deseaba que me saliera en el horóscopo del chicle Bazooka era viajar por todo el mundo. Mi Moby Dick es la magia del mundo, encontrar en cada lugar que piso una poética propia. Y me interesaba que la escritura tuviera un cierto aliento poético. De más joven leí mucho la poesía de Borges, que personalmente me parece lo mejor que escribió.

-¿Qué otros escritores argentinos te gustan?

-Los cuentos de Cortázar me marcaron en la adolescencia. Hoy me gustan mucho Pedro Mairal y Samantha Schweblin. Soy fanático de ellos dos. Y también, de la poesía de Rosario Bléfari. Acabo de descubrirla y me parece relevante.

-La memoria siempre remodela el pasado. ¿Cómo creés que fue en tu caso? ¿Pensás que mejoró o que empeoró las cosas?

-La memoria es maleable, además de ser subjetiva, claro. Sobre un mismo hecho, distintas personas pueden tener recuerdos muy diferentes. Los recuerdos se mezclan con tu propio imaginario. Tu percepción de las cosas quizá no es compatible con la de otro. Uno bucea en su infancia y su adolescencia, y encuentra hechos felices que la memoria quiere conservar. Yo busqué trascenderlos, convertirlos en literatura, que se volvieran historia, una antorcha más en el fogón de la tribu, digamos. Por otra parte, me pareció importante no emitir juicios sobre las distintas épocas que viví. Los años 80, cuando yo hice mis primeros shows con Clap, fueron un entorno singular: recién salíamos de una dictadura militar y en mi ambiente había una notable sed de modernidad, velocidad, acción y musicalidad. Todo eso, conectado con algunos avances tecnológicos. Y con el teatro emergente de la época, que después se desarrolló muchísimo en los 2000, hasta convertirse en un movimiento de alcance internacional. Los noventa fueron muy particulares para mí. La Portuaria se volvió una banda muy popular gracias a temas como 'Selva', 'Nada es igual', 'Devorador de corazones' y 'El bar de la calle Rodney'. Fue extraño para nosotros transformarnos en una banda masiva viniendo del underground. Después, nos caímos y resurgimos miles de veces. Pero vivir en la Argentina te hace generar anticuerpos. Siempre hay un movimiento sísmico acechando: se cae la industria discográfica y hay que remarla solo, sufrimos la tragedia de Cromañón y desaparecen los lugares para tocar, entonces nos volvemos acústicos para acomodarnos en locales chiquitos, y así... Es un país muy complejo. En definitiva, este libro refleja y dice más de mí que todo lo que puedo decir en una entrevista como ésta.

Un ensayo en la época escolar, junto con Sebastián Schachtel, luego compañero en La Portuaria
Un ensayo en la época escolar, junto con Sebastián Schachtel, luego compañero en La Portuaria. Foto: LA NACION

-La Portuaria atravesó unas cuantas etapas diferentes, con distintas formaciones y búsquedas musicales. ¿Te identificás más con alguna en particular?

-Siempre estuve, y estoy, atento a que mi lenguaje musical esté conectado con el presente del que escucha. La idea es poder hablarle desde lugar que nos permita entendernos. En los últimos años hubo una modificación brutal en la forma de percepción de la música, dadas las características del mundo en el que vivimos, con el avance tecnológico permanente. Trato de estar en sintonía con eso, aunque no me sienta del todo cómodo con el entorno actual. Hay una idea de la que está siendo preso el ser humano: la de la explotación del tiempo. Si no te explotan otros, te autoexplotás en función de superar constantemente tu capacidad de producción. Fijate lo que pasa con los autos: pueden moverse a 200 kilómetros por hora, pero hoy se tarda mucho más en cruzar la ciudad que cuando había sólo carros tirados por caballos. Se gasta el triple de energía y todo es mucho más incómodo que antes. Hemos inventado los teléfonos celulares para poder comunicarnos y nos quedamos solos, encerrados viendo películas on demand. Es un mundo lleno de gente adicta a los psicofármacos... En este contexto, qué lugar ocupa el arte es un tema que me interesa. Y mi música está en relación con eso.

-¿El rock argentino se pauperizó, si lo comparamos con el que se producía hace treinta o cuarenta años?

-Eso pasó porque se lo asoció con algo que tiene muy poco que ver con su sustancia como cultura. La regla ahora es la espectacularización y la masificación. En esa búsqueda de identificación con la masa, el rock se fue tornando más pobre, más cuadrado que en la época en la que yo era joven. Lo que era una música aceptable para bandas de colegio secundario, o sociedades de fomento, se convirtió en lo que llena estadios. La palabra rock está muy manoseada. Yo creo que el público que de verdad busca un lenguaje distinto, más transgresor, ya se corrió del gran recital de rock. Ese lenguaje alternativo está encarnado en gente como Juana Molina, Lisandro Aristimuño, Catupecu Machu o Babasónicos. Artistas más libres, más abiertos, menos conservadores. Yo también intento proyectarme hacia un lenguaje distinto, hacia otro formato musical. Si hoy me subo a un escenario para tocar un blues, estoy ofreciendo una información vieja, completamente inútil.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas