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Tras un largo camino, el guaraní vuelve a ser motivo de orgullo en Paraguay

Aunque es considerado a menudo una lengua hogareña, el gobierno lanzó iniciativas para promover una imagen positiva del idioma y equipararlo con el español
Miles McCormick
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10 de enero de 2018  

Mel Decoud (segunda desde la derecha) habla con sus amigos en yopará, la versión hispanizada del guaraní
Mel Decoud (segunda desde la derecha) habla con sus amigos en yopará, la versión hispanizada del guaraní Crédito: NYT

ASUNCIÓN.- Cuando Porfiria Orrego Invernizzi era estudiante, sus profesores la obligaron a arrodillarse sobre granos ásperos de sal y maíz durante toda la mañana como castigo por hablar su lengua madre, el guaraní, en el aula.

"Tenía que hacerlo frente a mis amigos para que vieran claramente lo que le pasa a la gente que habla esa lengua", dijo Orrego Invernizzi, que hoy tiene 67 años y es una activista defensora de esa lengua.

A otros estudiantes les prohibían beber y comer durante todo el día, los obligaban a usar pañales en la clase como forma de humillación o simplemente los golpeaban por hablar guaraní. Este tipo de trato existió en las escuelas paraguayas a lo largo de gran parte de la historia del país, hasta la caída del dictador Alfredo Stroessner, cuyo gobierno de 35 años terminó en 1989.

"Fue una persecución abierta", dijo David Galeano Olivera, el director del Ateneo de Lengua y Cultura Guaraní, centro que promueve el idioma y donde se imparten clases de guaraní para profesores.

A pesar de su uso extendido -Paraguay es el único país de América donde la mayoría de la población habla también una lengua indígena, el guaraní-, durante mucho tiempo se consideró que estaba bien hablar guaraní en las calles y en casa, pero no en el ámbito político.

Ahora, funcionarios e intelectuales en Paraguay trabajan para promover una imagen positiva de la lengua, en un esfuerzo por cumplir con el propósito de la Constitución de 1992, para que el guaraní esté al mismo nivel que el español.

Es un trabajo arduo. Siglos de sometimiento hicieron que muchos paraguayos piensen en el guaraní como una lengua de segunda.

El español es la lengua dominante en los ministerios de gobierno, los tribunales, los medios, la literatura, las escuelas y las profesiones.

"Hay un estigma, un prejuicio asociado con el guaraní -dijo Ladislaa Alcaraz, la ministra de Políticas Lingüísticas-. Se asocia con la pobreza, la ruralidad, la ignorancia, con la gente que es analfabeta".

Grafiti en Asunción de un indígena que lee un libro en inglés
Grafiti en Asunción de un indígena que lee un libro en inglés Crédito: NYT

El esfuerzo por hacer que la educación pública sea bilingüe se topó con resistencia por parte de un grupo sorprendente: padres que fueron criados hablando guaraní.

Muchos aún relacionan la lengua con estereotipos negativos y se resisten a que les enseñen guaraní a sus hijos, con sus sonidos agudos, nasales y guturales. Dicen que el español o una lengua extranjera hacen que sus hijos sean más competitivos en el mercado laboral.

"Los padres dicen: 'En casa hablamos guaraní, así que en la escuela a la que vayan quiero que aprendan español' -dijo Nancy Benítez, funcionaria del Ministerio de Educación y Ciencias que trabaja en planes de estudio-. Dicen: 'Que sean otros chicos los que la aprendan, pero no los míos'".

El gobierno espera cambiar la perspectiva que la gente tiene de la lengua promoviendo su uso en ámbitos oficiales. Al Ministerio de Políticas Lingüísticas, establecido en 2011, se le encargó la tarea de normalizar y promover el uso del guaraní en todo el gobierno, incluyendo la Legislatura y los tribunales. Les están enseñando guaraní a los funcionarios judiciales, y los paraguayos ahora tienen derecho de tener un juicio en guaraní.

En 2017, el ministerio puso a disposición unidades en todos los departamentos gubernamentales -donde menos del 1% de la comunicación escrita destinada al público general está hecha en guaraní- para capacitar a los servidores públicos en esa lengua.

Todo esto es resultado de la decisión -que va dando frutos lentamente- de hacer que Paraguay sea oficialmente bilingüe, como está previsto en la Constitución que se estableció después de la dictadura, la cual le dio al guaraní y al español la misma importancia legal. El propósito fue darle a un segmento históricamente marginado de la población acceso a servicios gubernamentales básicos, al sistema de justicia y a la atención médica.

El hecho de hablar solo guaraní "es un factor significativo de desigualdad", dijo Andrew Nickson, un experto en políticas de desarrollo paraguayas de la Universidad de Birmingham, en Gran Bretaña. Cuando se trata de hacerse oír respecto de distintos problemas, los hablantes monolingües de guaraní o quienes hablan solo un poco de español "temen que se burlen de ellos, así que prefieren bajar la cabeza y cerrar la boca", afirmó.

La mayoría de las personas que hablan poco o nada de español viven en el campo. Un tercio de los paraguayos tiende a hablar guaraní solo en casa, pero esa cifra se duplica a casi dos tercios fuera de las áreas urbanas.

Sin embargo, el impulso para mejorar la imagen de la lengua y expandir su presencia está teniendo efecto.

Actualmente, la gente les pone nombres guaraníes a un número creciente de bebes y de negocios. Se pueden ver textos en guaraní en afiches y carteles en Asunción. Su música ya no se limita al género folclórico; los artistas están grabando cada vez más canciones en guaraní con géneros como el metal, el rock y el rap.

El contenido en línea en guaraní también se está expandiendo constantemente. Vikipetâ, la versión guaraní de Wikipedia, tiene 220.000 visitas mensuales.

El guaraní se convirtió también en un factor clave para el éxito de los políticos. En un resultado que sorprendió a muchos, Santiago Peña, un aliado cercano del presidente Horacio Cartes, no logró asegurar la nominación de su partido para competir en las elecciones presidenciales de 2018 y perdió contra Mario Abdo en las primarias del gobernante Partido Colorado. Una de las razones de la caída de Peña fue la imagen elitista que presentaron de él sus oponentes, a lo cual se sumó su incapacidad de hablar guaraní.

Peña tomó un curso intensivo de la lengua, pero al parecer tuvo poco efecto para que los electores cambiaran de opinión.

"Los políticos sienten presión porque ahora saben que quienes no hablan la lengua del pueblo están lejos del pueblo", dijo María Gloria Pereira, una legisladora y exdirectora de programas educativos en el Ministerio de Educación.

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