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Superliga: la desigualdad es más preocupante que la pobreza

Miércoles 10 de enero de 2018
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La pobreza siempre preocupa, pero tiene un carácter horizontal, establece un rango parejo. Todos pertenecen a una misma condición. La alarma suena más fuerte cuando lo que impera es la desigualdad: una minoría posee mucho, concentra poder y riqueza, y una mayoría queda excluida, se reparte migajas. El contraste, la polarización, lleva a la fricción, a la lucha de clases. Lo que podría ser una descripción económica-social de América Latina, también sirve para radiografiar los últimos movimientos del fútbol argentino: Boca y River se distancian del resto. La supremacía histórica que ostentan tiende a acentuarse. Las llegadas coincidentes de Tevez y Pratto, mascarones de proa de otros refuerzos no menos importantes en ambos clubes, tiene el impacto mediático que combina músculo económico y deportivo.

Cuando le da la espalda a la Liga de España, el hincha argentino se justifica en el aburrimiento que le produce que Barcelona y Real Madrid establezcan indescontables diferencias con los demás. ¿Corre riesgo de españolizarse el fútbol de primera división, que bajo el paraguas de la Superliga tiene nuevas variables económicas? Sin desconocer que River y Boca siempre estuvieron un paso por delante de los demás, ahora se plantea un escenario diferente al de no hace muchos años. Fue en 2012, no en el pleistoceno, cuando salió campeón Arsenal, que hoy no está seguro de poder armar un equipo que le permita evitar el descenso. Por esa misma época dio la vuelta olímpica Vélez, que ahora se emociona con el regreso de Mauro Zárate, a quien se encomienda para salir de las estrecheces de los promedios. Todavía no tiene telarañas el último título de Newell's, a partir del cual entró en una autodestrucción sin freno.

River y Boca marcan distancias en el mercado de pases
River y Boca marcan distancias en el mercado de pases.

Cada día que pasa queda menos del Lanús que dio cátedra ayer nomás, en la definición con San Lorenzo, además de ser finalista de la Copa Libertadores. Nicolás Russo, presidente del granate, admitió: "Si esto sigue así, habrá una diferencia abismal entre River y Boca y los demás. Queremos que vuelvan los torneos cortos". Como si lo hubiera escuchado, Daniel Angelici le contestó con la fuerza del que lleva la sartén por el mango: "No me cierro a debatir sobre la extensión de los torneos, pero si siguieran siendo cortos Boca habría salido campeón tres veces seguidas en los últimos años".

A qué se refiere Russo cuando dice "si esto sigue así". A que River y Boca hacen pesar una solvencia económica que empieza en su mayor masa societaria e ingresos superiores por sponsors, y a que son candidatos, a partir del próximo torneo, a quedarse con la mejor tajada de otra caja: repartido en partes iguales entre los 26 equipos el 50 por ciento de los derechos televisivos, un 25 quedará para el mérito deportivo (la posición en la tabla) y el otro 25 para variables en estudio (rating, equilibrio financiero y contable). O sea, más dinero potencial para la hucha de Boca y River.

La posibilidad de una mayor paridad deportiva pasa por el alto consumo de energías que la Libertadores le puede provocar a River y Boca. Pratto dijo que la prioridad es la copa y Tevez habló que ganarla "sería sacarse un peso de encima".

Lo que va del torneo desmiente la españolización con River a 15 puntos de Boca. Resignados a una billetera inferior, el resto de los equipos no sucumbe al complejo de inferioridad que asumen otros en Europa cuando enfrentan a las potencias. Quedará por ver si esa cultura competitiva tan argentina de no sentirse menos que nadie, de saber arreglarse con menos, achicará en la cancha una brecha que en los papeles es cada vez más amplia.

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