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En defensa del ciclismo urbano

Un ciclista más en la calle es un auto menos o un pasajero menos en el transporte público

Jueves 11 de enero de 2018 • 00:54
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La difusión de un informe de la ONG Luchemos por la Vida que da cuenta de las supuestas infracciones que comenten los ciclistas en la ciudad de Buenos Aires les dio letra nuevamente a quienes se alzan enojados contra el uso de la bicicleta en las calles porteñas.

En esta espacio se publicó una columna de opinión en la que critica al gobierno de la Ciudad, que reconoció que no multa a los ciclistas que cometen faltas de tránsito. Vamos a decirlo rápidamente: sí, los ciclistas cometemos infracciones de tránsito. Tanto como los automovilistas, los colectiveros, los choferes de micros de larga distancia, los camioneros y las motos. La diferencia es que es muy difícil que una bici mate o produzca una lesión severa.

En 2016, en la Argentina hubo 7.268 muertos en accidentes de tránsito. Casi todos, me animaría a decir todos, fueron provocados por vehículos a motor. Es casi imposible que una bicicleta mate a alguien en Buenos Aires o en cualquier ciudad del mundo. Por eso es que es muy razonable la decisión del gobierno porteño. Multar a un ciclista es tan absurdo como multar a un peatón. Muy por el contrario, se debe fomentar que cada vez haya más peatones y ciclistas en las calles y menos autos.

Las razones son claras y se pueden ver en las ciudades que implementaron políticas a favor de las bicis, como Copenhague, Amsterdam e incluso Buenos Aires. Un ciclista más en la calle es un auto menos o un pasajero menos en el transporte público. Además, la bici no contamina ni genera ruidos molestos y descomprime el tránsito. En el plano personal, andar en bici mejora la salud y el estado de ánimo, además de tener un costo ínfimo para el bolsillo y de permitir tardar siempre lo mismo en llegar al trabajo o el lugar de estudio.

De todas formas, el principal argumento siguen siendo los muertos y heridos que provocan los vehículos motorizados.

Ema Cibotti es una destacada historiadora que se volcó a la lucha por la conciencia vial luego de la muerte de su hijo Manuel Lischinsky, quien tenía 18 años cuando el automovilista Nicolás Piano (20 años entonces) lo atropelló y mató mientas estaba parado con amigos al pie del monumento a los Españoles en el cruce de las avenidas Sarmiento y Libertador. Los chicos volvían de bailar y estaban arrojando monedas a la fuente para pedir suerte en los exámenes.

Cibotti fundó la organización Activvas, una asociación civil que lucha contra la violencia vial. En sus palabras: "Violencia vial es la conducción agresiva y temeraria. Cuando un conductor, sale quemando gomas, maneja por encima de la velocidad permitida, clava los frenos en las esquinas atemorizando a los peatones, nunca cede el paso, pisa la senda peatonal cuando frena en un semáforo, esquiva autos para ganarle al tránsito y cruza en rojo, y en fin, mantiene esta conducta a la que muchas veces le suma alcohol al volante, tenemos la síntesis dramática de lo que significa violencia vial".

Acerca de la forma de manejar en el país, la historiadora señala: "Los conductores argentinos, sobre todo los varones, creen que ellos manejan bien y los demás mal. La verdad es que se ven malas maniobras continuamente en la calle, y en las rutas los sobre pasos generan muchos choques. La forma de pisar el acelerador y de invadir el espacio de circulación de otro rodado motor, no es una habilidad, es una mala conducta y es muy común, es una pésima práctica y la realizan colectiveros y camioneros muy frecuentemente."

Sobre la muerte de su hijo, Cibotti afirma: "Es un recuerdo imposible, imborrable, muy tramático. El tiempo se detuvo, Manuel murió al otro día, 15 de mayo, por la mañana. Una parte de mí se murió con él".

En la columna mencionada se habla de igualdad ante la ley. Pero la igualdad no puede ser en términos absolutos. Castigar a un ciclista como a un automovilista sería como cobrarles los mismos impuestos a un obrero y a un gran empresario.

Para cerrar, quiero decir que así como el medio (de comunicación) es el mensaje, también lo es el medio de transporte. Cuando uno viaja solo en auto el mensaje que transmite es "soy un egoísta, no me importa el medio ambiente". Cuando se desplaza pedaleando, por el contrario, transmite energía positiva a quien se cruza en el camino.

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