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Enfermedades

Sergio Suppo
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11 de enero de 2018  

Graciela Fernández Meijide suele repetir una lección. "Si nosotros luchamos por los derechos humanos es para no ser como quienes los violaron", dice, palabras más, palabras menos. Y toma como ejemplo la muerte de Jorge Rafael Videla, que al parecer pasó sus últimas horas sin la atención médica necesaria. El dictador fue encontrado en su celda de Marcos Paz, el 17 de mayo de 2013.

El drama personal y la trayectoria pública de Fernández Meijide son conocidos. Luego de que la dictadura secuestrara y asesinara a Pablo, su hijo de 17 años, inició su militancia en las organizaciones de derechos humanos que la llevó a integrar la Conadep, apenas regresó la democracia. Pasaría luego por la política en el Frepaso hasta su retiro, como ministra del fallido gobierno de la Alianza.

El mensaje de Fernández Meijide está ahí, disponible, cada vez que brota lo peor de la Argentina tuitera. Puede ser resumido así: el problema del caníbal no se resolverá jamás comiéndose al caníbal.

El (por ahora) frustrado viaje del excanciller Héctor Timerman para tratarse un cáncer en Nueva York detonó ayer muestras de odio, humor negro y hasta celebraciones. A veces, la ausencia de humanidad puede convertirse en epidemia.

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