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La Moda quiere ir al museo y el museo le da la bienvenida

Domingo 14 de enero de 2018
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LA NACION
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Fue Diana Vreeland (1903-1989), cuyo nombre es tradición pronunciar precedido de "la legendaria", quien con su secuencia de grandes muestras espectaculares en el Costume Institute del Metropolitan de Nueva York lanzó la moda de la Moda en el Museo. Por cierto que existían ya museos autónomos o bien departamentos dentro de espacios museales enteramente dedicados al traje de época, frecuentados por especialistas del tema y las habituales tandas de aficionadxs y curiosxs. Estaban lejos de poseer el intenso y muy apropiado halo de glamour que envolvió el proyecto de la Vreeland ya desde el anuncio de la primera muestra, The World of Balenciaga, y que persistió todo a lo largo de sus dieciséis años de presentaciones anuales.

Con ese primer coup d'éclat la ex directora de Harper's Bazaar y Vogue transportaba al museo la visión elaborada y refinada de la mujer y del vestido de un gran maestro de la moda del siglo, poniendo la vara a la máxima altura posible. Y allí la mantuvo, con exhibiciones que, además del despliegue de suntuosidades y de hallazgos, ofrecieron la posibilidad nueva de ver de cerca y entender no la historia del traje, sino las variaciones de la representación del poder, a través del tiempo y los continentes, encarnado en lujos, arrebatos y excesos fabulosos -la Austria-Hungría de los Habsburgo, la India de los soberanos opulentos, los trajes de la Rusia imperial y los de los Ch'ing, dinastía manchú, y los de la era de Victoria, reina y emperatriz- y también en aquellas mujeres que el orden patriarcal aúpa al rol simbólico de diosas del estilo -las grandes millonarias como salidas de las novelas de Henry James, con sus equipajes de decenas de baúles incluidos, en American Women of Style; las increíbles estrellas del cine en Romantic and Glamorous Hollywood Design. Supo ensalzar también a los vestuaristas de los Ballets Rusos de Sergei de Diaghilev.

Y en 1983 dedicó por primera vez su espacio a un couturier entonces vivo y activo, Yves Saint Laurent, consagrado así a los 48 años, tras un cuarto de siglo de gran protagonismo en la moda. La muestra tuvo un éxito muy considerable.

Legado. Yves Saint Laurent en el de Young Museum, San Francisco, 2008
Legado. Yves Saint Laurent en el de Young Museum, San Francisco, 2008.

En ese punto, la innovación de Diana Vreeland había sido adoptada por museos de todo el planeta, y es así como hoy no hay grandes ciudades en el mundo que no tengan sus museos de la moda -no Buenos Aires, ahora que lo pienso-, que desarrollan cursos de enseñanza y proyectos de producción a la par de las muestras, imán de público y de auspiciantes. Sabemos de diseñadores de gran renombre -y desde ya billonarios- que, tras financiar fastuosamente muestras y eventos dedicadxs a su trabajo, se han convertido en pilares financieros de los centros de arte que los acogen. El museo le da a la moda lo que la moda, por su misma razón de ser, no puede tener: una cierta perdurabilidad. Le promete, aunque no puede garantizarle, la permanencia, elegida y destacada, a través del tiempo. La preserva de su destino de productora de mercancías efímeras. Hay un cierto lapso durante el cual una cierta moda representa todo lo deseable; ese momento preciso es todo suyo y queda registrado, pero en revistas que se deshojan, films que se descoloran, memorias que se apagan.

Cuando ha pasado, pasado de moda, no le queda, a la moda que ya fue, más que esperar que pase el tiempo, ese cruel enemigo, para tener, quizá, la chance de reaparecer, esta vez convertida en vintage, gracias a uno de esos retornos al pasado, que llamamos revivals, ya establecidos como un elemento fijo en todas las temporadas. Pero, ¡ay!, también los revivals son pasajeros. ¿Es esta la razón esencial por la que la Moda deseó tanto entrar al Museo por la puerta grande? Sospecho que cuenta mucho también el hecho económico: las cifras prueban que estas muestras son un negocio redondo para todxs lxs participantxs.

El autor ha colaborado en Vogue Paris, Vogue Italia, L'Uomo Vogue, Vanity Fair y Andy Warhol's Interview Magazine, entre otras revistas

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