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Locos de contento: una comedia que logra su cometido

Viernes 12 de enero de 2018
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LA NACION
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Locos de contento / Libro: Jacobo Langsner / Elenco: Adrián Navarro y Victoria Onetto / Música: Juan Blas Caballero / Escenografía: Alejandra Vilar / Asesoramiento coreográfico: Cecilia Elías / Producción general: Cooperativa Bandera de la Esperanza / Dirección: Ignacio Apolo / Sala: Teatro Provincial (Boulevard Marítimo 2544, Mar del Plata) / Nuestra opinión: buena.

MAR DEL PLATA.- Román está deprimido. Mira pornografía una y otra vez en busca de inspiración para recobrar su potencia sexual; no lo logra, se frustra y la depresión crece otra vez. A su lado está Claudia, rebosante de sensualidad, energía y sonrisas. El contraste de estas energías impacta desde la primera escena y es el juego principal de esta versión de Locos de contento, obra de Jacobo Langsner, estrenada por primera vez en 1991 y que llegó a Mar del Plata protagonizada por Victoria Onetto y Adrián Navarro, con la dirección de Ignacio Apolo.

La anécdota es sencilla: una pareja espera la llegada de dos invitados, uno de los cuales, un senador nacional, puede ser la puerta de entrada para conseguir un cargo diplomático para Román en el exterior, trabajo que salvaría las finanzas golpeadas de la familia y le cumpliría el sueño a Claudia de "vivir unos años afuera".

Como debe ser, todo lo que puede salir mal sale mal. El texto propone situaciones externas extremas que interfieren en el objetivo de la pareja y que desencadenan una serie de acontecimientos desopilantes, todos ellos concentrados en la intimidad del cuarto matrimonial. Lo que pasa afuera es aludido con referencias tan certeras que la comedia de enredos se instala sin más recursos que los dos actores, algunos objetos y un escaso pero atinado uso de luces y sonidos.

Las discusiones de pareja, que van desde lugares comunes sobre el sexo hasta cuestiones sociales y políticas solapadas por el discurso de la clase media aspiracional argentina, con la mirada en el mundo "para escapar de la crisis", provocan constantes carcajadas en el público marplatense, que, en pleno arranque del verano, está ávido por entretenerse. Para ellos, esta obra es ideal: una buena dosis de hilarantes situaciones con dos actores que, como sus personajes, manejan energías contrastantes, que se complementan, y crean una dupla que es un imán.

Adrián Navarro se luce en el papel de Román, rol que supo interpretar Oscar Martínez en la primera versión de esta obra, junto a Mercedes Morán. Su configuración de un hombre de 40 deprimido, entre el realismo y la caricatura, atravesando por momentos de una potencia dramática que sorprende y se agradece en lo que a priori es una comedia liviana, pero que ha logrado posicionarse como uno de los imperdibles de esta temporada teatral.

Victoria Onetto logra cautivar con su frescura y lleva el ritmo. Con el correr de los episodios que involucran este cuento, su personaje irá mutando hasta terminar totalmente transformada, ataque de nervios mediante, con una entrega física total. Por momentos, la tensión se pierde y se confunde entre muchos gritos de ambos personajes, como si sus emociones solo pudieran expresarse subiendo la voz.

Hacia el final, la metáfora del encuentro entre dos personas en un paso de baile al son de un tango, de una belleza sutil y precisa para poner el broche de oro a toda esta locura romántica y frenética que, como el tango, se baila de a dos.

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