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El equilibrio entre individuo y sociedad

Viernes 12 de enero de 2018
PARA LA NACION
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Definir el alcance de las decisiones privadas y de las colectivas constituye el meollo del problema que enfrentan las sociedades. La privada toma en cuenta beneficios y costos tal como son percibidos por el individuo. La colectiva se da a través de un mecanismo político, el cual requiere que individuos deleguen decisiones en representantes.

La decisión colectiva tiene deficiencias en cuanto a las posibilidades que brinda para que las preferencias individuales -y en última instancia la libertad de elección- sean satisfechas. Si un 51 por ciento de la población vota la propuesta A y un 49 la B, una porción no menor no obtiene lo que quiere. Cómo de grave sea esto dependerá de lo que esté en juego en la votación. Si la elección ante A y B hubiera sido tomada a nivel individual ("mercado") y no colectivo ("política"), ambos grupos obtendrían lo que prefieren.

¿Cuál es la mirada de los liberales para este escenario? ¿Es cierto que consideran al gasto público como un complot y la economía como una ciencia exacta? ¿Es verdad que creen que la política es inútil? Las preguntas abren una discusión relevante para la actualidad argentina, con argumentos que han sido tratados en extenso por economistas, filósofos y expertos en ciencias políticas. En un trabajo ampliamente citado, James Buchanan afirma que la política hay que mirarla sin romance. Plantea que resulta erróneo pensar que los políticos tienen preferencias básicamente altruistas, mientras que los empresarios son vulgares Homo economicus. Políticos y empresarios, según Buchanan, tiene idénticas preferencias, que, en líneas generales, los llevan a privilegiar su interés por sobre el de terceros.

El planteo de Buchanan es relevante para la evaluación de marcos institucionales alternativos: si la política se mira sin romance, se concluye que debe intentarse reducir lo más posible el ámbito de las decisiones colectivas (políticas), incrementando en forma paralela el de la elección individual. Que el gasto público represente más del 45 por ciento del PBI implica un avance sobre decisiones individuales mayor que si representa solo el 30 por ciento. Un aumento del gasto público y la consiguiente politización (colectivización) de la vida social conducen a una mayor conflictividad, pues implican el reemplazo de acuerdos voluntarios por otros que satisfacen a ciertos grupos, pero perjudican a otros.

En las últimas décadas muchos países han intentado reducir el alcance de las decisiones colectivas, aumentando paralelamente el de las privadas. Los casos más notables son por supuesto los de China y la ex Unión Soviética. Pero lo mismo ha ocurrido en economías capitalistas como las de Gran Bretaña, Suecia y Nueva Zelanda.

Los liberales no consideran la política inútil o el gasto público un complot. Más bien evalúan en forma cuidadosa para qué tipo de decisiones debe utilizarse el mecanismo colectivo (político) y qué otras resultan más efectivas si es el propio individuo el que ejerce libertad de acción. Y -vale enfatizar- no es el economista liberal el que considera que la economía es una ciencia exacta, sino que, por el contrario, ve el sistema social como un organismo complejo, evolutivo y rico en información, lo cual lleva a mirar con extrema circunspección toda propuesta que resulta en cesión de libertad de elección por parte del individuo a políticos, por más atractivo que sea el discurso de estos.

Secretario Académico, Universidad del CEMA

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