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Australia ya es un gran torneo, pero siempre se renueva para mejorar y crecer

Trabajadores despliegan los banners de algunas de las figuras del Abierto de Australia que comenzará en las próximas horas en Melbourne. El torneo ofrece refacciones, un nuevo estadio, más premios, una academia en China y más comodidades para el público
Trabajadores despliegan los banners de algunas de las figuras del Abierto de Australia que comenzará en las próximas horas en Melbourne. El torneo ofrece refacciones, un nuevo estadio, más premios, una academia en China y más comodidades para el público Fuente: AFP
Sebastián Torok
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13 de enero de 2018  

MELBOURNE, Australia.- "Revolucionario", se lee en una de las tantas gigantografías de Melbourne Park, que, además de promesas y frases contundentes, luce imágenes futuristas. Resta un puñado de horas para que el Abierto de Australia levante el telón, y en cada rincón se advierte una obra, una mejora, una innovación. El único torneo de Grand Slam del sur es una suerte de locomotora que no se detiene.

Si alguna vez afrontó embates de países asiáticos ansiosos por organizar una de las cuatro pruebas más valiosas del circuito, ello hoy parece parte del pasado. No hay incertidumbre ni amenazas para un torneo que ostenta tres modernos estadios con techos retráctiles (para 15.000, 10.000 y 7500 espectadores), que está en la tercera etapa de un proceso de remodelación sumamente ambicioso y que tiene una garantía: no se moverá de allí hasta, al menos, 2036. Porque el lugar está pensado no solamente para tenis, sino también para distintos espectáculos que lo alimenten el resto del año.

La importancia del Abierto de Australia para la ciudad excede los courts azulados. El gobierno de Victoria, que en 2017 anunció otros 271 millones de dólares de inversión para completar la tercera etapa de refacciones de Melbourne Park, creará unos 600 empleos. Además, durante las dos semanas del torneo se vende medio millón de noches de hotel en el estado. El sector del turismo es de los más beneficiados; empresas de cruceros que conectan Melbourne con Sydney ofrecen tarifas especiales (500 a 1000 dólares) durante los días de juego.

Australia tiene una riquísima tradición en el tenis, pero también presente. Y el contagio que genera el torneo es fenomenal. En 2017 se batió la marca de concurrencia: 728.763 espectadores tuvo el "Happy Slam". Pero como el director del torneo, Craig Tiley, sube la apuesta, se confía en volver a quebrar la barrera este año. "Estamos felices de lanzar la última etapa de remodelación, que incluye un nuevo estadio para 5000 personas", expresó Tiley, componedor y dispuesto a los requisitos de los jugadores. Además, el impacto del certamen fue tan significativo en la última década que se decidió expandirlo, lanzando la primera academia del Australian Open en China y facilitando a los fanáticos de ese país comprar directamente las entradas para el torneo vía uno de los principales proveedores de viajes locales. Los organizadores no se duermen en lo que tienen, que ya es mucho.

Las figuras del circuito están muy lejos darle la espalda al Abierto, como sí pasó en otros tiempos por el largo trayecto, las fechas (últimos días de diciembre y primeros de enero), la diferencia horaria y la consideración como una suerte de hermano menor de Roland Garros, Wimbledon y Estados Unidos. Los premios económicos a los jugadores son muy jugosos. Australia no deja de mejorarlos. "Este año hay 55 millones. Esto incluye 4 millones para el campeón y otro tanto para la campeona, un aumento de 10%", anunció Jayne Hrdlicka, presidente de Tennis Australia. Además, a los jugadores se les otorga dinero extra a modo de viático. Los australianos valoran mucho que vayan hasta allí. Y se preocupan por hacerlo notar.

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