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La adicción de convertirse en influencer

Domingo 14 de enero de 2018
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Tiene una involuntaria maestría en Twitter: 800.000 seguidores, opinión formada sobre cuestiones de interés público, gimnasia para la réplica y el continuo reclamo de los interlocutores para que conteste sobre temas que maldita la gracia que le hacen.

Hoy, Campanella es un influencer.

-¿Qué te llevó a ponerte en ese lugar?

-La casualidad. Fue ocurriendo. Me fueron poniendo los demás. Las redes están muy motorizadas por gente muy sanguínea de los dos lados. Para algunos es su trabajo; para otros, su vocación. Era algo cocinado a fuego lento, pero que explotó después de las elecciones de 2011. Una crítica que hacía antes y pasaba inadvertida empezó a ser atacada. Ayudada por los informes de 6,7,8, esa caterva de sinvergüenzas... casi lo peor del gobierno anterior, que como otros medios del Estado, se usaba para castigar, vilipendiar y hacer escarnio no ya de dirigentes opositores, sino simplemente de gente que no apoyaba, que no tenía cargo público.

-¿El conflicto seguía en la calle?

-Nunca vi correspondencia fuera de las redes. Ni en la calle ni en los trabajos. Me da la impresión de que todos estamos más peleadores de lo que somos. Pero últimamente casi no participo en nada. Me quiero correr del día a día esperando que las cosas se encarrilen a un lugar normal. Y no quiero meterme para no parecer como un aplaudidor ni seguir atacando lo que ahora es la oposición. Este es un momento de sanar y de encontrar coincidencias.

-Tenés 800.000 seguidores.

-Te juro que necesito una investigación: en los últimos seis meses tuve 400.000 seguidores nuevos con caritas neutras y siete seguidores cada uno. Muy sospechoso. ¡Y no sé de qué se trata!

-Te convertiste en un influencer.

-Sí. Me provocan todo el tiempo: "¿De esto no decís nada?". Y no. No tengo que opinar de todo. "Criticabas a Gvirtz (Diego, propietario de la productora de 6,7,8) y ahora que se fue (Roberto) Navarro de C5N no decís nada". No. Además, sería comparar peras... ¡con avestruces!

-¿Contestás las provocaciones?

-Me da curiosidad el mundo de los bots, los trolls, los call centers. Me meto en la cuenta de la persona que hace esos comentarios. Pero si alguien quiere que le conteste, nunca tiene que provocarme. No me interesa. Ese tipo de charla no es para mí.

-¿Se convirtió en una adicción?

-Sí. Lo estoy tratando de controlar.

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