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El western sindical

Domingo 14 de enero de 2018
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"Todo indica que estaba armando un zoológico privado"

(Del funcionario uruguayo que allanó la chacra de Balcedo.)

El Gran Chaparral. Ni más ni menos. Que sea ese el nombre de la impresionante chacra del gremialista Marcelo Balcedo, en Uruguay, sugiere al menos dos cuestiones. La primera: que el secretario general del Sindicato de Obreros y Empleados de Minoridad y Educación (Soeme) se percibe a sí mismo como un bravo colono en defensa de sus tierras, en guerra con apaches y soldados desertores, como lo era el protagonista del western norteamericano de los años 60, portador de aquel nombre. La segunda: debe haber creído Balcedo que no había nada mejor que un chaparral (mata de muchas ramas o arbusto de tallos nudosos, según el diccionario de la Real Academia Española) para esconder las decenas de miles de dólares, joyas, autos de lujo y armamento que habría conseguido vaciando su gremio. Ahora también se sabe que la chacra donde lo detuvieron, en Cerro del Burro, ocultaba un zoológico privado exótico, con especies cuya vida en cautiverio está prohibida. Como si la ley le significara un problema...

No son tiempos piadosos para muchos gremialistas. Omar "Caballo" Suárez, del SOMU, y Juan Manuel "Pata" Medina y Humberto Monteros, de la Uocra también están detenidos, acusados de defraudadores, extorsionadores y lavadores de dinero, según el caso. Coincidentemente, se les viene complicando el frente judicial a Pablo Moyano (Camioneros), investigado por negocios con barras bravas, a papá Hugo (por mucho más), y a Víctor Santa María, por operaciones sospechosas con dineros del sindicato de porteros.

Un pícaro abogado, repentinamente pasmado por el apuro de la Justicia -cuya ralentización acompañaba feliz hasta hace poco- ironizaba: "Si este es El Gran Chaparral, imaginate cuando allanen La Ponderosa, lo detengan a Cheyenne, se les profugue Jim West y se les escape Daniel Boone". Lo decía, obviamente, en referencia a las exitosas series Bonanza, de la familia Cartwright; a The wild wild West y su enamoradizo agente armado hasta los dientes; al cowboy que atormentaba a cuatreros y bandoleros, y al aventurero amigo del indio cherokee.

En verdad, si uno toma en cuenta lo desguarnecidos que se están quedando estos muchachos, otrora "magos" de los aportes sindicales, les vendría mejor aliarse con El llanero solitario, exigir que los defienda Rin-Tin-Tin y dejar definitivamente los negocios en manos de Clarence, el león bizco de Daktari.

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