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Para poner el tiempo en suspenso

Pablo Gianera
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14 de enero de 2018  

"Yo no hago literatura, en el sentido de Verlaine cuando dice Et tout le reste est littérature [y todo el resto es literatura]". La frase de Padeletti, dicha al calor de una entrevista, no tiene sin embargo nada precipitado. Resulta de una larga meditación poética y de la lejanía de cualquier variedad de retórica, incluso de una retórica poética. Habrá sido por eso que él, junto con Giannuzzi, Leónidas Lamborghini y Calveyra, tan diferentes unos de otros, acuñaron la generación de poetas de los años 90. Diario de Poesía -allí estaba Mirta Rosenberg, lectora mayor de Padeletti- rompió una lanza con una entrevista de principios de la década de 1980. Pero todo empezó con Poemas 1960/1980, de 1989. Padeletti está para mí entero en ese libro, que devana "el enigma sereno de la cosas", según Saer. "Aun en la apariencia/ de lo mismo/ crece un punto/ de abismo/ en el silencio".

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