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Antonio Mohamed: "Hay técnicos que copian hasta la manera de caminar"

Domingo 14 de enero de 2018
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LA NACION
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Hace tres años dirige a Monterrey, donde se siente realizado; rechazó a Independiente y no lo desvela ir a Europa
Hace tres años dirige a Monterrey, donde se siente realizado; rechazó a Independiente y no lo desvela ir a Europa. Foto: AFP

Sumadas distintas etapas, Antonio Mohamed lleva siete años y medio dirigiendo en México. Los últimos tres en Monterrey, donde a fines de diciembre vivió un contraste en un corto lapso: "Estábamos destruidos después de perder la final (ante Tigres, por la Liga). Nos quedaban 10 días para la final de la Copa México y no sabíamos qué hacer, si entrenarnos, nos mirábamos a la cara, un drama psicológico", expresó en diálogo telefónico con la nacion desde la ciudad que está más cerca de la frontera con los EE.UU. que del Distrito Federal.

A los 47 años, el Turco habla de fútbol con el mismo entusiasmo que tenía de más joven. Avanzada la charla, la inquietud la plantea él: "Te quiero hacer una pregunta. En estos últimos años, jugadores que en México no fueron tan figuras, en Argentina sí. Pulpo González, Belluschi, Rojas, Benedetto, Cardona. Acá eran normales y allá fueron figuras, cosa que antes no pasaba. ¿Por qué pasó eso, porque se equiparó el fútbol? Por ahí acá es mucho el ida y vuelta. No le veo una explicación. Por ahí no llegaron en su mejor momento, no sé. Me llama la atención lo de Belluschi".

-¿Compensa la Copa México el hecho de haber perdido la final de Liga?

-No, a mí no me compensa para nada. Queríamos ganar los dos títulos. Nos tocó perder la final en el clásico con Tigres y la única revancha es volver a enfrentarnos con ellos. Nos queda esa espina clavada. Igual, la campaña la disfrutamos muchísimo. Fuimos durante mucho tiempo los líderes del campeonato, el equipo con más goles, el menos vencido. Ya está, duele un montón, un montón. Para mí, lo más importante es lo que viene. Siempre les digo a los jugadores: si perdés una pelota, la más importante es la que viene, porque si te quedás lamentando, te pasa el tren, te pasa la vida.

-Llevás tres años en Monterrey, tu período de mayor continuidad como director técnico en un club. ¿Qué encontraste, qué pudiste hacer para quedarte tanto tiempo?

-Creo que estoy en el mejor club de los lugares en que yo pueda trabajar. De México, por lejos. Y de la Argentina saco a River y Boca. Acá tengo infraestructura, 55.000 personas todos los partidos, un estadio nuevo, un complejo de entrenamiento recién construido y una directiva seria, que te cumple en todo. Desde lo económico te permite armar un equipo con el que te sentís identificado. Además, mis hijos se criaron en esta ciudad, a la que llegué como futbolista en 1998. Siempre fue mi anhelo volver a Monterrey para dirigir. La única deuda pendiente es la de ganar una Liga.

-En la Argentina es mucho más difícil una estabilidad de ese tipo.

-Sí, sería más difícil, pero veo que Gallardo la encontró en River. En la Argentina, la estabilidad te la dan los títulos y el sentido de pertenencia con el club. Y también las ganas del entrenador de quedarse en el mismo lugar. Muchas veces, nosotros mismos buscamos otros desafíos, la adrenalina de cambiar e ir por otro reto para satisfacer el ego. Yo el reto lo encuentro en Monterrey, donde soy feliz y puedo seguir creciendo como entrenador y persona .

-Tu carrera de entrenador va para los 15 años. ¿En qué momento estás? ¿Cambió mucho el oficio?

-Estoy en el mejor momento de mi carrera. El 2017 fue buenísimo en el aprendizaje de convivir con jugadores de selecciones de otros países. Y especialmente por la manera en que jugó el equipo. Fue cuando más contento me sentí dirigiendo a un equipo, con el que más me identifiqué.

-Para el hincha que te perdió el rastro y pregunta a qué línea futbolística te alineás, ¿qué le respondés?

-A mí siempre me gustó jugar para adelante, con un equipo corto que presione en campo rival, que asuma riesgos. Entiendo el fútbol de esa manera. No me caso con un dibujo porque para mí son más importantes los futbolistas. Pongo a los mejores y a partir de ahí genero el dibujo. Ahora estamos con un 4-3-3 que muta a un 4-3-2-1 porque los dos que están alrededor del centrodelantero juegan por todo el frente de ataque y aparecen por cualquier lado. Si nos presionan, saltamos las líneas y estamos enseguida en campo rival; el 9 aguanta la pelota y llegan desde atrás cinco jugadores. Mantenemos una vocación ofensiva sin mucha posesión, vamos directo al gol por las características de jugadores como Sánchez, Dorlan Pabón, Rogelio Funes Mori, Avilés Hurtado. Es un equipo que recupera y ataca, recupera y ataca. Si recupera el N° 4, no se la va a dar atrás al central y este al otro central. No. El 4 va con el 8, el 8 se apoya con el 5 y el 5 va con el 9. Directo al arco. Esta es mi manera de jugar favorita, no sé si lo voy a conseguir con otro equipo. Lo importante es mantener una idea y un estilo de cómo sacar la pelota desde atrás, cómo recuperar. Guardiola no puede hacer en Manchester City lo mismo que en Barcelona. Intenta algo similar con otros intérpretes.

-¿Cuándo ganás sin jugar bien igual quedás conforme?

-Sí, a ver, sí porque eeeh. No, igual de conforme que cuando gano jugando como yo quiero. Contento por el triunfo porque competimos desde chicos, pero se me llena el c. de preguntas cuando vuelvo para mi casa. Decís "el próximo partido perdemos si no modificamos acá o jugamos de esta manera". No hay un equipo que pueda ser puntero de dos torneos seguidos jugando mal más de dos partidos. Eso lo tengo clarísimo. Todo el mundo sabe que si un equipo gana jugando mal al partido siguiente tiene que mejorar, porque si no, pierde. Podés ganar con el arquero de figura uno o dos partidos, más no. Si no estás apostando a la suerte.

-Con 47 años ya sos de la generación intermedia de entrenadores. De los nuevos que fueron surgiendo en la Argentina, ¿cuáles te gustan?

-Me gusta mucho el perfil que manejan Gallardo y el mellizo (Guillermo Barros Schelotto). Me gustó el Rosario Central del Cacho Coudet y el Lanús campeón del torneo local. El Negro Almirón es un buen entrenador. Y hay una camada de chicos interesantes, pero también hay una camada de entrenadores nuevos que copian de otros técnicos que tienen mucho más nombre. Copian hasta la manera de caminar, no me parece lindo. Deben tener su propia personalidad. Sí sacar lo mejor de cada uno porque las nuevas generaciones se van nutriendo de las anteriores. Uno va aprendiendo de los espejos que elige, pero caminar con las manos atrás, sentarte sobre una heladerita o usar las mismas palabras que otras personas me parece que es copiar y pegar. Hay que copiar y aprender. Tengo la espina clavada de en algún momento ir a dirigir y a enfrentar a la nueva camada de técnicos argentinos. Me encantaría, pero también me siento muy bien donde estoy. Veremos si alguna vez se pueden dar los tiempos para cruzarnos, sino que vengan para acá, como el Chacho y Almeyda. Los agarro de local, je.

-Entonces, ¿te llegó a entusiasmar el ofrecimiento de Independiente cuando parecía que Holan se iba?

-No, no me llegó a entusiasmar porque yo tengo un compromiso con Monterrey por dos años más. Te mueve el piso que te llame Independiente, no lo niego, pero no estaban dados los tiempos. También tuve otras propuestas importantes de la Argentina. No soy de dejar un equipo para agarrar otro. Nunca lo haría, salvo que dejes algo establecido por si te viene a buscar la selección, o Barcelona. No me siento cómodo renunciando a un contrato para agarrar otro equipo a la semana siguiente. No va conmigo eso. Si me voy de Monterrey, tengo que descansar dos o tres meses, como mínimo, para limpiar la cabeza y buscar otro proyecto. Si yo dirijo la final con Monterrey y a los dos días aparezco en Independiente van a decir "este hijo de p. estaba con la cabeza allá". A lo mejor otro lo puede hacer, yo no. Me pasó en Colón. Cuando me fui, al mes me llamó Independiente, pero yo no lo tenía planeado, para nada. Era la oportunidad de mi vida, dudé, llamé a los chicos que había dirigido en Colón y me decían "estás loco, cómo no vas a agarrar". A mí me parecía muy rápido.

-Fue muy loco el ida y vuelta de Holan en Independiente. ¿Lo entendiste?

-No lo entendí porque tampoco lo profundicé. Es un episodio del que no puedo opinar estando afuera. Algo raro pasó, no sé, queda en el ambiente del fútbol que pasó algo raro.

-¿El desafío de dirigir en Europa no te tienta?

-Sí., sí, si. Cuando tuve propuestas de Italia y España no se cumplían los requisitos que quería, me agarraron a mitad de torneo. Pero realmente yo no estoy empapado y aggiornado de lo que es el fútbol de España y de Italia. Por ejemplo, a mi me gustaría que en marzo me dijeran: "Después del Mundial vas a agarrar tal equipo, ¿querés?". Entonces hablo con Monterrey y empiezo a conocer la liga que sea. No me gusta caer como un paracaidista, no me veo. Llegar en la fecha 14, pararme delante de un plantel y decirle "hoy jugamos contra La Coruña", y no tener ni idea de quién juega en La Coruña. Qué les voy a decir, no me voy a sentir cómodo. Algo de eso me pasó en la B Nacional cuando fui a Huracán. Subestimé la categoría, fue un error, no conocía a los rivales. En el primer partido jugamos contra Crucero del Norte, yo creía que con Pity Martínez, Espinoza y los demás chicos ganábamos. Y no, no era así. La información que les daba a mis jugadores no era la correcta. Huracán era el único club en mi vida en el que quería que las cosas no me fueran mal, y me fue mal. Yo había salido campeón como técnico en México, había jugado semifinales de Copa Libertadores con Tijuana. Llegué a Huracán y pensé que por sola presencia iba a conseguir el objetivo. Me dio un cachetazo terrible el fútbol. Fue doloroso, pero a su vez un aprendizaje muy grande. Yo no jugué en Europa, no conozco cómo se manejan. Me pica el bichito de ir, pero no me gustaría ir, rebotar y volver enseguida. Me gustaría ir preparado, bien armado.

Tras la tragedia de 2006, otro Mundial con dos hijos

Antonio Mohamed fue al Mundial 2006 como espectador y perdió a su hijo Faryd en un accidente de tránsito, al ser embestida desde atrás la camioneta que manejaba en la autopista de Berlín a Francfort, tras presenciar Alemania-Argentina por los cuartos de final. Él sufrió una triple fractura en una pierna y quebradura en las costillas. Estuvo varios días internado. "Ya pasó mucho tiempo de aquella fatalidad. En el Mundial de Brasil fui solamente a la final. El de Rusia lo quiero disfrutar con mis hijos varones (Shayr, 17 años, y Nayib, 15). Ellos me lo pidieron, así que tengo ganas de cumplirles y disfrutarlo como hincha. Quizá vaya a partir de los play-offs, veremos cómo me organizo con el trabajo en Monterrey".

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