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En expansión: los millonarios de Mónaco buscan más lugar para vivir

Domingo 14 de enero de 2018
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LA NACION

PARÍS.- Hay quienes lo consideran un principado de opereta; otros, un paraíso fiscal. Con un poco más de 2 km2 de superficie, 9161 súbditos y 38.000 residentes extranjeros libres de todo impuesto, la lógica indica que Mónaco no debería existir. Pero el "Rocher" ("Peñón"), como se lo conoce en Europa, tiene una virtud que pocos países poseen: es, ante todo, una auténtica máquina de hacer dinero. Y su mediático príncipe, Alberto II, no tiene intenciones de que las cosas cambien.

El segundo país más pequeño del planeta, después del Vaticano, cuenta con la mayor concentración de millonarios (uno de cada tres residentes tiene más de un millón de dólares, sin contar su patrimonio inmobiliario), el PBI per cápita más alto del mundo (187.000 dólares por habitante) y un valor inmobiliario que supera los 61.000 dólares (50.000 euros) por m2.

En otras palabras, si alguien tiene un millón de dólares y quiere comprar una propiedad en Mónaco tendrá que conformarse con 17 m2. Y en el futuro será peor. En el principado se vendieron departamentos en más de 300 millones de dólares y mansiones en cerca de 1000 millones.

En Mónaco, el sector inmobiliario, que representa actualmente más del 23% del PBI, es la primera actividad económica, contra 16% en 2005. Por esa razón, atrapado entre el mar y la montaña en un territorio que equivale a la mitad de los bosques de Palermo, el príncipe Alberto II decidió una vez más ganarle terreno al mar.

Esta no es la primera vez, en efecto. Desde el siglo XIX, el principado se internó 40 hectáreas en las aguas azules del Mediterráneo. Ahora serán seis hectáreas suplementarias que, a un costo estimado de 2200 millones de euros, ofrecerán a quienes puedan pagarlo uno de los panoramas más bellos y exclusivos de la Costa Azul y, sobre todo, más caros.

Una vez terminado, en 2025, el nuevo ecodistrito llamado Portier Cove, situado muy cerca del legendario Casino de Montecarlo, podrá acoger a 1000 nuevos residentes en departamentos y casas de un lujo exuberante. Las obras incluirán espacios públicos, un parque plantado de pinos y especies mediterráneas, un paseo marítimo y un pequeño puerto.

Como todo en Mónaco, el gobierno controla la totalidad del proyecto. Pero son inversores privados los que se hicieron cargo de la construcción y sus costos, y se beneficiarán con la venta de las propiedades. Según las autoridades monegascas, con esas operaciones inmobiliarias las empresas deberían recaudar cerca de 2868 millones de euros.

"Nadie duda de que la venta será un éxito. Mónaco es uno de los sitios preferidos de las grandes fortunas del planeta", afirma con razón Jean-Luc Nguyen, responsable gubernamental del proyecto de extensión.

Portier Cove fue diseñado para respetar el trazado de la costa a fin de no interrumpir el movimiento natural del mar. Según los arquitectos que trabajan en el proyecto, el objetivo principal fue no obstaculizar las corrientes marinas que oxigenan el mar.

La misma atención fue dedicada a la protección de la fauna y la flora subacuática, una de las principales preocupaciones del príncipe Alberto, que rechazó un proyecto anterior mucho más ambicioso porque se internaba exageradamente en el mar.

Según Bouygues Travaux Publics, la empresa francesa que lidera los trabajos, antes de comenzar hubo que relocalizar especies de plantas protegidas en santuarios especiales, mientras que la calidad del agua es rigurosamente monitoreada por un equipo independiente de científicos.

Pensado realmente como un distrito ecológico, los nuevos edificios contarán con enormes balcones que protegerán del sol en verano y recuperarán el calor en invierno, mientras que el 40% de la energía que requerirá el complejo será generada por paneles solares y bombas que utilizarán el agua del mar para poder calefaccionarlo y ventilarlo.

La superficie de los departamentos será de 400 m2; las casas, de alrededor de 1000 m2.

Una dinastía astuta

Tal vez Portier Cove sea la mejor respuesta a quienes se preguntan cuál es el secreto de los Grimaldi, esa familia de piratas genoveses que, gracias a la astucia, se apoderó de la ciudadela monegasca una noche de invierno de 1297. ¿Cómo sobrevivieron, contra viento y marea, durante siete siglos, mientras emperadores y reyes fueron devorados por la historia?

Quizás porque la dinastía siempre supo navegar con habilidad por los meandros de esa misma historia, sin demasiado respeto por las formas y las obligaciones genealógicas.

Por esa razón, las otras familias reales los miran con un aire de disimulada condescendencia.

Pero, sobre todo, porque los Grimaldi comprendieron rápidamente cuál era el verdadero motor de la supervivencia: el dinero.

"Aquí, el objetivo es el dinero. Los que no lo tienen no son bienvenidos", afirma un empresario monegasco jubilado. El propósito, franco y directo, se entrechoca con los grandes temas repetidos una y otra vez por los "comunicantes" del palacio: el compromiso de Alberto II contra el calentamiento climático, la protección de los medios marinos, la ayuda a los países en vías de desarrollo, la buena gobernanza de un Estado firmante de 24 acuerdos de cooperación fiscal.

"Después de que Mónaco entró en el Consejo de Europa, nadie puede retirar más de 5000 euros sin mostrar documento de identidad", dice, nostálgico, un súbdito monegasco.

Pero aunque Mónaco haya dejado de ser oficialmente un paraíso fiscal y reclama menos ostentación a sus residentes-inversores, el principado no cambió sus comportamientos bancarios, por donde siguen circulando ríos de dinero en forma poco transparente.

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