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Protagonista de la Operación Cóndor

El espía chileno Enrique Arancibia Clavel, miembro de la DINA entre 1974 y 1978, reveló operaciones clave de esa época

Domingo 29 de abril de 2001

A 25 años del golpe militar que derrocó al gobierno constitucional de Isabel Perón, pocos recuerdan hoy la histórica sentencia dictada por la justicia argentina hace sólo seis meses, el 20 de noviembre de 2000: ese día, un tribunal condenó a cadena perpetua al espía chileno Enrique Arancibia Clavel por el atentado explosivo que el 30 de septiembre de 1974 segó la vida del general trasandino democrático Carlos Prats, en el barrio porteño de Palermo.

Fue una condena trascendental: refrendó la imprescriptibilidad de los crímenes contra los derechos civiles; dio por sentada la responsabilidad en el doble homicidio de la temida policía secreta del dictador Augusto Pinochet -cuya extradición fue solicitada-, e impulsó la investigación del presunto secuestro y tortura de una ciudadana chilena en un campo de detención clandestino de la Argentina a manos de un grupo de tareas integrado por agentes de ambos lados de los Andes.

Pero, sobre todo, desempolvó, tras permanecer más de dos décadas ocultos en una oscura oficina de los tribunales, cientos de legajos que confirman el funcionamiento de esa comunidad supranacional de inteligencia dedicada a eliminar a miles de disidentes del Cono Sur, dentro de lo que hoy el mundo conoce como Operación Cóndor.

Enrique Arancibia Clavel durante una de las audiencias del juicio sustanciado a fines del año último en Buenos Aires
Enrique Arancibia Clavel durante una de las audiencias del juicio sustanciado a fines del año último en Buenos Aires. Foto: Reuters / Enrique Marcarian

Los legajos -a los que accedió La Nación - son, en rigor, partes de inteligenciaque Arancibia Clavel, desde su puesto de fachada en la delegación del Banco de Chile en Buenos Aires y usando su nombre de fantasía, Luis Felipe Alemparte Díaz, envió a sus jefes de la DINA en Santiago entre 1974 y 1978, cuando fue detenido en Ezeiza, acusado de espionaje, en el cenit del enfrentamiento entre la Argentina y Chile por el canal de Beagle.

Mucha de la información contenida en esos memorandum podría servir a la Justicia -el juez federal Rodolfo Canicoba Corral heredó de su par renunciante Adolfo Bagnasco la causa del Cóndor-para echar luz sobre los más sangrientos hechos de los años setenta.

En ellos, como publicó La Nación hace casi siete meses, figuran listas de víctimas de la represión presuntamente confeccionadas por el Ejército y se mencionan nombres de eventuales integrantes del Cóndor.

* * * El 28 de septiembre de 1976, según refleja la periodista Stella Calloni en su libro Los Años del Lobo , el agente del FBIRobert Scherrer, comisionado en la Argentina, envió a sus jefes un cablegrama en el que definía la Operación Cóndor, un pacto entre las dictaduras de Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay, Brasil y Bolivia.

"Este es el nombre en código para la recolección, intercambio y almacenamiento de información de inteligencia sobre los llamados izquierdistas, comunistas o marxistas, que se estableció hace poco entre los servicios de inteligencia de América del Sur que cooperan entre sí para eliminar de la zona las actividades terroristas-marxistas.

Se trataba, de hecho, de una directa colaboración en la que ciertos grupos hacían inteligencia, vigilancia y ubicación de objetivos (los disidentes a los regímenes miembros), y otros ejecutaban la acción directa contra esos blancos.

En 1974, su primer año como agente de la DINA en Buenos Aires, Arancibia contó para sus operaciones con el apoyo operativo de los grupos argentinos de la ultraderecha -la Triple A y, en especial, una de sus facciones, Milicia- y de ciertos elementos del entonces Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal, como su jefe, el comisario Juan Carlos Gattei.

Arancibia comunicó que "existen grupos anticomunistas de civiles que están trabajando junto a las Fuerzas Armadas" y, gracias a sus "fuentes", confirmó que "La Triple A efectivamente es un grupo paramilitar gobiernista;instrucciones de tipo político las reciben a través del tercero o cuarto hombre de la SIDE", que entonces dirigía el vicealmirante Aldo Peyronnel, apoyado por el jefe de la Armada Emilio Eduardo Massera.

Ya entonces anunciaba: "Existe la idea de formar una comunidad informativa anticomunista a nivel continental con militares uruguayos, argentinos y tendrían interés en tomar contacto con los chilenos".

El Cóndor comienza a volar

Un año después, Arancibia Clavel estrechaba lazos con los primeros "peces gordos" de la inteligencia argentina. Así consta en la foja 323 de los legajos: "El viernes 14/2/75 me reuní con Luis Sanies (sic) [...] Ese señor es mayor del Ejército en retiro efectivo. Está en comisión de servicio en el Estado Mayor Conjunto, en Jefatura II de Inteligencia. Su jefe directo es el general Della Croce. Perteneció a la SIDEcuando estaba en actividad [...] Está de acuerdo en que la colaboración se haga en forma extraoficial, sin embajadas [...] En el aspecto comercial parece serio y competente:es abastecedor de las Fuerzas Armadas y de la Policía Federal. Les adjunto todos los antecedentes sobre los ´juguetitos´ que tiene".

El 16 de mayo de 1975, Arancibia aseguraba que "el de Sanies es un grupo operativo". Eran "operativos" los grupos dedicados a la eliminación de opositores ideológicos.

En 1975, Arancibia sumó un nuevo e importante elemento a su red:el teniente coronel Jorge Osvaldo Ribeiro Rawson. "Este oficial tiene la idea de formar una central de inteligencia coordinada entre Chile, la Argentina, Uruguay y Paraguay", dijo a sus jefes, en agosto de ese año.

Rawson, según figura en los legajos, instaló un telex en el cuartel central de la DINA en Santiago para intercambiar información directa con los servicios argentinos.

El 17 de noviembre de 1975, este oficial -según reza en los memos- informó a sus "amigos" chilenos: "(En) último procedimiento cayó un correo de la JCR (Junta Coordinadora Revolucionaria), francés aparentemente, de apellido Claudet. Dentro de sus pertenencias se encontraron 97 microfilms con las últimas instrucciones desde París (centro de exilio de la izquierda latinoamericana) [...] Después del interrogatorio deClaudet se logró determinar sólo que era correo de la JCR. Se le tomaron solamente fotografías. Claudet ya no existe".

Claudet era Jean Yves Claudet Fernández, un químico industrial franco-chileno. Según la Comisión de Verdad y Reconciliación del Senado trasandino, fue detenido el 1º de noviembre de 1975 en el hotel Liberty, de Buenos Aires, y es uno de los desaparecidos chilenos en el exterior, obra de la colaboración entre la inteligencia argentina y la DINA.

Rawson -sobre quien Arancibia aclararía: "Es SIE, pero clandestino"- fue un contacto clave para el Cóndor. Brindó a la DINA datos sobre opositores exiliados en la Argentina y sobre operativos contra radicales de izquierda chilenos, y hasta entregó copia de documentación secuestrada el 19 de julio de 1976 en Villa Martelli, día en que los grupos de tareas emboscaron y asesinaron al líder del ERP,Roberto Santucho.

Al tiempo que ofrecía "un ´paquete´ (un disidente chileno) que se encuentra en Mendoza" e informaba que "Daniel se encuentra en Baires" (en referencia al mirista chileno Edgardo Enríquez, que sería detenido en la Argentina en abril de 1976 y desaparecería en las mazmorras trasandinas), el oficial de inteligencia del Ejército pedía colaboración de sus amigos de la DINA.

"Rawson solicita en un determinado momento la utilización de terreno chileno para mantener guardado a un equipo de unas cinco personas. El transporte se haría en un Hércules argentino. La Argentina pagaría los gastos de manutención. Yo le adelanté que nosotros no tendríamos ningún inconveniente en ofrecerles esas ´comodidades´", decía Arancibia a sus jefes.

Listas de la muerte

A través de este tipo de fuentesen Chile ya se sabía, en diciembre de 1975, que "el Ejército está atacando a la subversión por derecha y por izquierda . Es decir, algunos ´pescados´ pasan al Poder Ejecutivo y el resto son RIP . En esta semana SIE eliminó 25 elementos delincuentes subversivos, todos por izquierda".

En julio de 1978, sus "amigos" darían a Arancibia la nómina de 833 víctimas de la violencia política en la Argentina.

"Adjunto lista de todos los muertos durante el año 1975. La lista va clasificada por mes. Van tanto los muertos ´oficialistas´ como los ´no oficialistas´. Este trabajo se logró conseguir en el Batallón 601 de Inteligencia del Ejército, sito en Callao y Viamonte, que depende de la Jefatura II de Inteligencia del Comando General del Ejército. Las listas corresponden al anexo 74888.75/A1.EA. y anexo 74889.75/id.

"Los que aparecen NN son aquellos cuerpos imposibles de identificar, casi en un 100% corresponden a elementos extremistas eliminados por izquierda por las fuerzas de seguridad. Se tienen computados 22.000 entre muertos y desaparecidos, desde 1975 a la fecha", escribió Arancibia, según consta en las fojas 239 a 270 de la carpeta de legajos identificada con la letra A.

Hubo más "amigos": como el comisario Héctor García Rey, que se comprometió a conseguir pasaportes en blanco; o el secretario del jefe de la SIDE Peyronnel, Jorge Cayo, que confió a Arancibia que "dentro de su servicio ha organizado grupos operativos independientes de absoluta confianza.

Los contactos no se limitaron sólo a Buenos Aires o a Mendoza, lugar vital por ser frontera caliente con Chile. En mayo de 1976, Arancibia estuvo en Córdoba: allítomó contacto con el mayor Gustavo Districhel (sería el capitán Gustavo von Dietrich) -"oficial de inteligencia, es el ejecutor, cabeza del comando Libertadores de América, una AAA cordobesa", lo describió- y el coronel Bolacini, jefe del destacamento 141 de inteligencia, centro conocido como "La Base".

Y se reunió también con el general de brigada Juan Bautista Sasiaiñ, comandante de la IV Brigada de Infantería Aerotransportada.

"Estuve dos horas conversando con él sobre el peligro que entraña el Partido Comunista, actualmente legal en la Argentina. Le hice ver la posibilidad de hacer un ´intercambio cultural´ de problemitas que ellos podrían tener acá como también los problemas que nosotros tenemos. Se allanó a todo. Este oficial ha comprometido a todos los oficiales bajo su mando dándole a cada uno por lo menos la eliminación de un subversivo".

Por Fernando Rodríguez De la Redacción de La Nación

Escenas y rostros repetidos

América latina muestra cómo algunos de sus protagonistas más siniestros regresan a escena: según varios testimonios, incluido el de un ex agente de la SIDE ante el Senado norteamericano, el coronel de inteligencioa del Ejército Jorge Osvaldo Ribeiro Rawson reapareció en América Central, en los años ochenta, como instructor de los "contras" antisandinistas de Nicaragua y de los escuadrones de la muerte de El Salvador.

A fines de 1993, el comisionado gubernamental de Derechos Humanos de Honduras, Leo Valladares, denunció que unidades especializadas de contrainteligencia de las fuerzas armadas de ese país, entrenadas por militares norteamericanos y argentinos y apoyadas por rebeldes contras nicaragüenses participaron de la desaparición de al menos 184 personas en la década anterior.

Entre los "instructores" argentinos denunciados figuraban el general Alberto Valín, los coroneles Mario Davico, Osvaldo Ribeiro (Rawson), José Santiago Hoyas, Héctor Francés, Jorge O´Higgins, Carmelo Grande y Jorge de la Vega, y los oficiales Juan Martín Ciga Correa, Emilio Jasón, Juan Galesio, César Carro y Leandro Sánchez Reisse.

Valladares acusó a los presuntos integrantes del Batallón 601 de Inteligencia del I Cuerpo de Ejército de haber cometido, ordenado o financiado aquellos delitos.

Como el coronel norteamericano Oliver North reconoció ante legisladores de su país que la CIA, por orden del presidente de los Estados Unidos Ronald Reagan, financió la actividad contrainsurgente en América Central. Entonces se reconoció que se había delegado en los argentinos la organización de los contras.

Ciga Correa era, en esos tiempos, el mayor Mariano Santamaría. Cuando el año último fue preso por su presunta vinculación con el crimen de Prats -y luego liberado por falta de mérito-, portaba un carnet que lo identificaba como miembro de la SIDE con ese nombre de fantasía.

Presuntamente obtuvo esa identificación en los tiempos en que su grupo pasó a integrar las fuerzas irregulares del servicio, en plena dictadura, cuando el señor Cinco era el general Otto Paladino, que debió dejar el cargo cuando Carlos Suárez Mason y el gobernador de facto de Buenos Aires, Ibérico Saint Jean, descubrieron que "servicios especiales de la SIDE" asaltaban camiones en las rutas bonaerenses.

"No solamente Paladino estaba involucrado en cosas turbias, ya que se sabe fehacientemente que dentro de (los cuarteles de) Palermo y Campo de Mayo han estado secuestrados altos ejecutivos e industriales por los que se han pagado altos rescates", agregaba el espía chileno Enrique Arancibia Clavel en uno de los partes que envió a sus jefes de la Inteligencia trasandina en 1977.

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