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Investigación: cinco siglos tras un enigma

Había un Río Jordan al sur del Nuevo Mundo... y era el Río de la Plata

Enfoques

Vespucio, en el viaje de 1501 en nombre de Portugal, bautizó al estuario con ese extraño nombre insertado en varios mapas

Si bien la verdad sobre el descubrimiento del Río de la Plata se ha terminado por aclarar con la obra de análisis histórico y exhaustivo trabajo de investigación y confrontación cartográfica de Roberto Levillier, queda aún sin explicación, pasados quinientos años, el enigma de la razón y significado del topónimo Río Jordán, incluido en dos primeros mapas realizados en Lisboa en 1502, en las costas del continente recientemente descubierto, junto al gran estuario para el cual se aplica, desde 1536 en forma universal, el nombre "Río de la Plata".

El descubrimiento de Pedro Alvarez Cabral el 22 de abril del año 1500 determinó el envío inmediato por el rey de Portugal, Manuel I, de una expedición especial hacia las nuevas tierras comprendidas en la jurisdicción portuguesa, según las disposiciones del Tratado de Tordesillas. Para integrar esa expedición fue invitado con insistencia el florentino Américo Vespucio, radicado en esos años en Sevilla.

Con toda seguridad, Manuel I sabía de la experiencia de Vespucio en anteriores expediciones a distintas tierras de la región descubierta por Cristóbal Colón, y estuviese también interesado, como Colón y Vespucio, en la investigación de la posible existencia de una comunicación que permitiera a las naves el paso hacia el otro lado del nuevo continente. Con la capitanía mayor de Gonzalo Coelho, la expedición partió de Lisboa el 10 de mayo de 1501. Pasó sin detenerse por las Canarias y llegó a Bezeneghe (Dakar) frente a las islas de Cabo Verde. El 15 de junio inició el cruce del Atlántico, para llegar a las costas de Brasil, entre Ceará y Río Grande del Norte, a principios de agosto. De allí continuaron costeando el continente hacia el sur. Bautizaron un cabo con el nombre de San Roque y el 28 el cabo San Agustín en los 8º de latitud sur.

En la misión de reconocimiento, bajaron a tierra con frecuencia varias veces, para conocer a los indígenas, sus costumbres y medios de vida, así como la vegetación, que los maravilló con su exuberancia y la abundante y variada fauna, y fueron bautizando los accidentes geográficos más notables que descubrían a su paso. Llegaron así a la latitud aproximada a 25º35` S, que en la costa representaba el límite de la jurisdicción de Portugal con la de Castilla.

Según los informes que se derivan de las cartas de Vespucio a sus amigos de Florencia, se originó en ese momento un cambio de opiniones entre los navegantes. Contra la del capitán mayor, Vespucio consideraba de gran importancia continuar verificando la extensión del nuevo continente hacia el Sur La armada se decidió en favor de la idea de Vespucio, tal vez porque existían instrucciones privadas de Manuel I para casos como el que se presentaba a la expedición en ese momento. La identidad florentina del ocasional capitán era una precaución política, ante cualquier planteo que pudiera crearse a Portugal, debido al incierto itinerario de la misión.

La expedición siguió navegando hacia el Sur, aproximadamente hasta los 50º de latitud. Una gran tormenta, el 3 de abril, puso en peligro la estabilidad de las naves, anunciando el crudo invierno en esa región austral, y fue una alarma que decidió a Vespucio para devolver el mando al capitán mayor y emprender el regreso a Lisboa el 7 de abril de 1502.

Portugal guardó especial reserva, que equivale a secreto, sobre el desarrollo de esta expedición de 1501-1502. Aparte de los mapas realizados en Lisboa enseguida de su regreso, los detalles de lo ocurrido en ella es fruto de lo expuesto por Vespucio en cartas a sus amigos de Florencia, escritas entre 1502 y 1504. El mundo se conmovió desde que comenzó a conocerse lo escrito en esas cartas, en las cuales Vespucio se refería a observaciones durante la expedición al nuevo mundo.

Un impulso irreflexivo del joven cartógrafo Waldseemüller, motivado por el entusiasmo despertado por los relatos de las cartas, lo llevó a considerar a Americo Vespucio como agente principal en el descubrimiento del nuevo continente, merecedor de que "América" fuera su nombre adecuado, en el planisferio que integraba la publicación del año 1507 Cosmographiae introductio , del nuevo centro científico organizado en Saint Dié, en los Vosgos de la Lorena.

Rápidamente se divulgó y adoptó definitivamente este nombre para el nuevo continente. Severos juicios y ataques se extendieron entonces contra Vespucio, culpándolo de soberbia y vanidad por perseguir ese inmerecido honor. A pesar de la buena amistad que lo unía con Colón, se lo atacó como ambicioso y traidor y se negaba veracidad o autenticidad a las escritos que se le atribuían.

Parece comprobarse en los mapas realizados en Lisboa en 1502, que al recorrer las costas de la jurisdicción de Portugal, la expedición bautizó los lugares dignos de mención en las riberas que iba reconociendo, como era costumbre o norma generalizada, tomando el nombre de la festividad del día, según el santoral cristiano.

Resulta explicable que Vespucio no se ajustara a esta rutina durante el tiempo en que actuó ocasionalmente como capitán de la expedición. Es posible que en las conversaciones con Manuel I estuviera convenido que toda información fuera de los límites de la jurisdicción portuguesa quedaría en secreto. En ese período, cuando Vespucio era ocasionalmente capitán, en la carta de mareas de la navegación, se anotó, sólo en el caso de unos pocos accidentes geográficos notables, el nombre que los indígenas usaban para distinguirlos, o el que les inspiraban su fantasía o sus características naturales peculiares. En las cartas a sus amigos de la República de Florencia, Vespucio guardó el secreto y no menciona ningún detalle de las costas.

Sólo en dos de los primeros mapas realizados en Lisboa en 1502, que se conocen como Kunstmann II y Caverio, junto al dibujo de un golfo, bahía o gran estuario se lee Rio Iordan o Rio iordam, entre los pocos nombres anotados por la expedición al sur del límite de la jurisdicción portuguesa, cuando era comandada por Vespucio.

En los otros mapas datados en el mismo año y en todos los siguientes de origen portugués desaparece ese topónimo. Extraña esta circunstancia, pero puede suponerse que el rey Manuel I advirtió en esos dos mapas citados, una vez terminados y cuando ya habían pasado a poder de manos privadas, la presencia de este nombre. No existe documento alguno en Portugal o en España que mencione al autor y su significado. Levillier dice, refiriéndose a Vespucio: "Se ignora por qué le puso el nombre de Jordán, más lo hizo así pues figura en los mapas de los primeros tiempos".

Es el gran enigma heredado de la expedición descubridora de 1501-1502.

Con el respaldo de una abundante revisión cartográfica, Levillier pudo demostrar que el nombre Río Jordán, por la latitud donde figuraba en los mapas mencionados coincidente con la del Cabo de Buena Esperanza al sur de África, correspondía al Río de la Plata.

La mención "Rio de aos", que Diego García de Moguer incluye para designar al mismo río, en la "Memoria" que dictó en Sevilla en 1530 al regreso de su expedición descubridora, incita para realizar una investigación que explique el origen y razón del nombre Río Jordan. En ese documento, Diego García da cuenta de su actuación en la expedición realizada. En la primera parte, dice "del Cabo de Santa María que está en XXXIIII grados e medio y allí es la salida y entrada deste Ryo donde descubrimos", y algo más adelante "o vengan en el Ryo de aos", y ya al final "la otra vez q descubri este rrio, avra quince Anos". Se refiere a su intervención en la expedición de Solís, en la cual era maestre en una de la naves.

Diego García cita "Río de aos" en su informe, no como una novedad, sino como nombre conocido por los navegantes. Es el único integrante de la expedición de Solís que lo menciona. El nombre provendría de las anotaciones de la expedición portuguesa de 1501-1502, de las cuales tendría noticias Solís, por la cercana vinculación que había mantenido con Vespucio, su antecesor en el cargo de Piloto Mayor en España entre 1508 y 1512.

A los náufragos en las costas de Brasil, en 1516, de una de las carabelas de la expedición de Solís parece corresponderles la prioridad por el nombre Río de Solís, que luego se extendió y adoptó oficialmente en España.

Se han ocuparon de analizar la citada mención de Diego García el etimólogo e historiador uruguayo Buenaventura Caviglia (h), en una serie de notas periodísticas aparecidas en Montevideo, y Guillermo Furlong, en dos breves publicaciones. Su opinión es que con anterioridad a la llegada de los descubridores, el actual Río de la Plata tenía un nombre propio, en idioma guaraní, cuya parcial traducción al castellano era "Rio de aos". Ese nombre debía ser equivalente a "Rio dos ao" en la carta de marear de la expedición portuguesa de 1501-1502 cuando era capitaneada por Vespucio.

La coincidencia en las expresiones "jordán" y "de aos" o "dos ao" nombres extraños y aparentemente tan disímiles para el mismo río, constituye un elemento de gran valor para aclarar la razón del topónimo Río Jordán.

En una hipótesis simple, puede suponerse que ambos nombres, "jordan" y "dos ao", interpreten lo mismo y que la inclusión en los mapas del nombre "Río Jordán", no sea sino resultado de un error de los cartógrafos en Lisboa, al copiar las no muy claras palabras escritas en la carta de marear de la expedición descubridora portuguesa, con tildes de acento o no, según fuese la singular pronunciación de los indígenas al nombrarlo.

La consideración de estos hechos lleva a pensar que en Lisboa los cartógrafos de los mapas, Kunstmann II y Caverio, hicieron una equivocada interpretación de la expresión "dos ao". El análisis de la caligrafía de cada una de las letras en manuscritos de la época, hace más creíble la confusión. En la palabra "dos", la letra "d" con un ojo pequeño y un trazo vertical curvo desviado hacia la izquierda, pudo tomarse por una "J", que de acuerdo con la interpretación fonética corriente, fue inscripta en el mapa Kunstmann II con una "I", y en el mapa Caverio con una "i". En cuanto a la "s" de la misma palabra "dos" (fusión de preposición y artículo) pudo tomarse, en la duda, como una "r", pues esa letra, en los documentos de la época, se ve escrita con diversas grafías y variantes según que vaya al comienzo, dentro, o al final de la palabra. Por ello, la palabra "dos" pudo haber sido interpretada como "jor", o "Ior", o "ior".

Un análisis etimológico de la cuestión permite deducir que los indígenas, en su idioma, unían dos palabras para formar el nombre: a) con la intención de expresar que se trataba de un río caudaloso, utilizaban la palabra "Para", y b) a esta palabra unían el nombre "ao", con el cual designaban a los grandes lobos anfibios abundantes en los ríos.

En la fonética del idioma guaraní influye una abundancia de sonidos especiales de las palabras terminadas en vocal, acentuadas como agudas y con arrastre nasal. El nombre autóctono del río sonaría para el oído de los descubridores algo así como: "Pará-n-äón" o "Pará-n-áãn". Por no conocer el significado de la corta palabra "ao" final, que completaba el nombre indígena del río, posiblemente Vespucio, en la expedición portuguesa, habrá escrito en la carta de marear, "Río dos áon" o "Río dos áã", o algo parecido, tratando de representar el sonido percibido en la pronunciación de los indígenas. Este informe de la carta de marear, dio supuestamente, origen al nombre "Río Iordan", y "Río iordam", en los dos únicos mapas portugueses de 1502 que lo incluyen.

El topónimo Río Jordán, fue mantenido durante cinco lustros, por los cartógrafos europeos, asociándolo casi siempre a los nuevos nombres Río de Solís o San Cristóbal. Se aprecia este hecho en los mapas y planisferios Castiglione (1526-1527), Salviati (1526-1527), Maggiolo (1519 y 1527), Ribero (Weimar, 1527), donde consta el Rio Jordan. Estos mapas no se ajustan a un patrón oficial español y algunos de ellos como Castiglione y Salviati pueden haber salido de la Casa de Contratación de Sevilla pero con finalidad política. En los mapas confeccionados con supervisión oficial de Sevilla, se lee: iordá (Mártir de Anglería, 1520-1526), Rio Iordã (Ribero, 1929, Roma), R.Iorà (Oroncio Fineo, 1531), y R.Iordã (Oroncio Fineo, 1536).

La dificultosa pronunciación del nombre completo con el cual se referían al río los indígenas, fue castellanizada y simplificada en la palabra "Paraná", que usaron los náufragos de Solís en Santa Catalina (desde 1516) y la transmitieron a los expedicionarios que por allí pasaron, junto con el nombre Río de Solís. Luis Ramírez, integrante de la expedición de Sebastián Caboto, en la carta a su padre en 1528, es quien primero menciona en un documento español el "río de Paraná", que según los informes que habían obtenido de los náufragos, era la continuación para navegar hacia el norte.

Preservando el secreto, el diario de la navegación, escrito por Vespucio, fue retenido por el rey de Portugal enseguida del regreso a Lisboa en julio de 1502. Se creó así, el enigma del topónimo Río Jordán, sin explicación alguna desde 1502, en que desapareció totalmente de los mapas oficiales portugueses.

Una incógnita de medio milenio de duración, que se resuelve ahora al acordar valor y debida atención a la descuidada mención "Rio de aos", de Diego García en 1530.

Cinco siglos de duración para un enigma, que perduró por defectos de traducción de los primeros descubridores y errores de cartógrafos.

Si debido a la gran confusión existente se discutía que el Río Jordán, descubierto por Américo Vespucio en 1502, fuera el actual Río de la Plata, la identidad geográfica entre el Rio Jordán, el Río Paraná y el Río de la Plata es una realidad incuestionable. .

Por Rafael García Mata Especial para La Nación
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