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PERSONAJES

Yoko Ono
LA VIDA SIN JOHN

Revista

Destinataria de un rechazo colectivo que tiene que ver, tal vez, con el racismo, ella siempre fue más que la mujer del líder de los Beatles. Artista por derecho propio, expone en Oxford retazos de su vida y obra

O XFORD.- Ni una sola vez, ni siquiera como parte de su apellido de casada, figura el nombre de John Lennon en los folletos que anuncian la nueva exposición de Yoko Ono, en el Museo de Arte Moderno de Oxford. En la exposición, sin embargo, John está bien presente, ya sea con el primer trabajo que realizó en colaboración con Yoko en 1967 (Half Objects y Air Bottles) o en el rostro de la fotografía tomada diez años más tarde que, con el título de Vertical Memory (Memoria vertical) , sirve a la artista japonesa para pasar revista a los hombres importantes de su vida: su padre, un doctor, un sacerdote, un joven asistente, John y su hijo Sean.

Basta con recorrer los dos pisos de la muestra para darse cuenta de que esta mujer ha sido víctima de una terrible injusticia. Yoko Ono no es una chanta que inventa cosas ridículas para despertar el interés de la prensa sensacionalista. Su arte es una invitación a soñar. La reacción de la gente ha sido, en la mayoría de los casos, una pesadilla.

Mientras bregaba por la paz mundial, su diminuta figura fue asociada con una fuerza demoníaca capaz de romper primero el matrimonio de Lennon con Cynthia Powell y después la unión de los Beatles. Por más que han pasado casi dos décadas de la tragedia, su relación con el diseñador de interiores Sam Havadtoy, 18 años más joven que ella, motiva todavía hoy gritos de traición .

Yoko nació en Tokio, pero pasó buena parte de su infancia en los Estados Unidos, donde estudió música clásica. Se especializó en el lieder y en la ópera. Días después de Pearl Harbor, su familia decidió volver a Japón. La guerra le imprimió un anhelo de paz que la marcaría de por vida. Tras casarse con el compositor japonés Toshi Ichiyanagi volvió a instalarse en Nueva York, donde se convirtió en fundadora del grupo Fluxus, una banda de músicos y poetas inspirados por el dadaísmo y los radicales experimentos musicales de John Cage.

En 1960 organizó con La Monte Young una serie de conciertos y conferencias en el ático de su casa, en Chambers Street, atendidos, entre otros, por Max Ernst y Peggy Guggenheim. Seis años más tarde fue invitada a participar en Londres del simposio Destrucción en el arte . Su éxito fue tal que en noviembre de ese año la galería Indica le ofreció presentar su primera exposición en suelo británico.

Tres décadas después, la retrospectiva en Oxford incluye muchas de aquellas obras. John Lennon había asistido al preestreno de la muestra convencido de que se encontraría con una orgía tras escuchar hablar de una japonesa loca que martilla clavos cósmicos y se mete desnuda en una bolsa .

Al subir a una escalera blanca (que sí está en exhibición porque Yoko la mantuvo intacta todos estos años como recuerdo) y leer con una lupa la palabra Yes, John tiró por la borda sus preconceptos. El tenía 26 años y ella, 33. Ahí comenzaría una historia de amor digna de Shakespeare.

A los 64 años, Yoko mantiene intactos su piel de marfil y su carisma. Su sigiloso ingreso en la galería inundada de fotógrafos impuso un reverencial silencio. El fenómeno fue aún más sorprendente por lo discreto de su apariencia: pantalones, remera y saco negros, el cabello cortado a lo Juana de Arco. Hay poco de diva en esta persona. Yoko carraspea antes de contestar una pregunta y es evidente que sigue pensando en japonés. Dicho esto, no cabe duda de que sabe seducir a sus interlocutores. O al menos sabe cuál es la mejor fórmula para desarmar a un periodista: decirle agrandando la sonrisa un Pregúnteme lo que quiera, yo le voy a contestar todo .

Tomó dos segundos salir a nado de una embarazosa laguna para proponer hablar del primer encuentro con John.

"Yo sé que nadie me va a creer, pero juro que no tenía la menor idea de quién era él o los Beatles. Había escuchado hablar de unos Mop Tops o algo parecido que hacían desmayar a las chicas cuando salían a escena. Pero no mucho más. John me pareció entonces un tipo simpático, atractivo, encantador. Pero en mi caso no fue amor a primera vista , sino más bien un proceso de conocimiento profundo que partió de leer sus libros y, después, escuchar su música.

"Como es natural, volver ahora a Gran Bretaña es para mí un poco triste -expresa frunciendo el ceño-. Me despierta sentimientos de nostalgia... Me hace acordar cuando desembarqué por primera vez en Southampton, en 1966, y de ahí en adelante todo lo que ocurrió fue mágico y siguió siéndolo durante muchos años. Fue como caminar en un sueño..."

Pero antes de que los recuerdos la ahoguen se apresura a explicar: "Si vengo a Oxford es porque aquí me toman en serio. La gente parece realmente interesada en mi arte y es por eso que me pareció oportuno ofrecerles una retrospectiva de mis 38 años de trabajo. Yo creo, además, que el paso del tiempo le agrega una cualidad abstracta a mis obras".

En muchos sentidos, esta visita es para ella un "regreso al principio del círculo". Yoko se ve otra vez admirada en el país que la convirtió en objeto de ridículo por haberse llevado la mano de su más querido ídolo pop. "Yo siempre quise a Gran Bretaña. Lo cómico es que antes de conocer a John la prensa británica me trataba de maravillas. Me parece que ahora entiendo un poco por qué cambiaron de opinión."

¿Puede ser que Yoko se reconozca en la imagen que se pinta de ella? "Es una pregunta interesante -sostiene fijando por un instante la mirada en el suelo-. La mayoría de las veces no puedo reconocerme. Pero me parece que es lo mismo que pasa cuando un hermano o hermana creen que te conocen. Lo que tienen es una imagen tuya, a veces acertada, otras no. En ese sentido, estamos todos en el mismo bote, nos pasa a todos lo mismo... Pero el hecho de que me hayas hecho esa pregunta me hace sentir que me conocés un poco. Me reconforta. En general, he dejado de esperar que la gente me comprenda. Aspiro, sin embargo, a que sientan algo con mis trabajos, que los emocione, quizá que los inspire, por más que yo creo que todo puede inspirar a una persona, no necesariamente mi arte."

Pintora, escultora, poeta, cantante, uno termina preguntándose cuál es la profesión que figura en su pasaporte. "¡Ah! Esa es otra buena pregunta, porque me acuerdo que en 1951 cuando me invitaron a una exposición en Canadá alguien decidió que debía decir compositora. Y eso me hizo sentir muy orgullosa. ¿Compositora? ¡Guau! Fue demasiado. Ahora creo que el simple término de artista me va bien."

Otra cuestión que intriga a los que recuerdan la tapa del larga duración Dos vírgenes o algunas de sus obras como Media habitación es el casi obsesivo uso del blanco. "No es porque represente pureza o impureza, como muchos creen -se apresura a aclarar-. Sé que hay gente que no lo considera un color, pero hagamos de cuenta que lo es, para que yo pueda explicarme mejor. A diferencia del negro, el blanco es un color capaz de absorber todos los colores. Durante las bodas japonesas, la novia se viste de blanco para demostrar que está abierta a ser influida por su marido y el novio usa negro declarando así que su persona es inalterable. Hay muy poco feminismo en Japón. ¿Entonces el blanco no tiene nada que ver con sus manifestaciones pacifistas, como los siete días en cama con John en Amsterdam y en Montreal? "Nunca lo pensé. Yo sé que el blanco se utiliza en la bandera de rendición. Pero el concepto de rendirse, de dejarse ir con la corriente , es algo muy occidental. Es un principio que yo creo haber aprendido en los últimos años. Descubrí que es la única forma de sobrevivir en este mundo."

De pronto uno se da cuenta de que ésta es la misma mujer que sufrió varios abortos naturales, tuvo que luchar por la custodia de su hija Kyoko con su segundo marido, Tony Cox; terminó casándose con John a las corridas en Gibraltar, fue perseguida por el FBI y vio con sus propios ojos cómo el hombre de su vida era acribillado por un loco que antes le había pedido un autógrafo.

N o puede menos que sorprender que Yoko haya mantenido no sólo la cordura, sino también una predisposición a minimizar las afrendas y dar fácil perdón. "Lo del FBI fue durante nuestras manifestaciones en contra de Vietnam y de la administración Nixon. Yo puedo darme cuenta ahora, y en cierta forma también entonces, que estaban interesados en nosotros porque  éramos célebres, estábamos dispuestos a utilizar ese factor en favor de la paz y, por lo tanto, suponíamos un riesgo mayor para lo que ellos creían era correcto. Pero terminaron perdiendo el tiempo."

La verdad es que de no ser por un académico, el profesor Jon Weiner, autor del libro John Lennon en su tiempo , los archivos del FBI sobre Lennon seguirían siendo secretos y, aun así, muchas de sus páginas tienen líneas borradas con corrector líquido. Durante la dirección de J. Edgar Hoover, el FBI estaba dispuesto a deportar al ex Beatle (en 1973, John vio su visa revocada) y sus operativos terminaron por dañar a la pareja.

"Las cosas comenzaron a ponerse muy difíciles para nosotros -admite Yoko-. No teníamos privacidad alguna y empezamos a sentir una ola de celos y odio muy intensa." Se separaron y durante dieciocho meses John vivió la mayor parte del tiempo en Los Angeles con su secretaria May Pang. Un período de recuperada soltería que permitió al sensacionalista Albert Goldman escribir el libro Las vidas de John Lennon , cuya lectura Yoko describe como recibir un golpe 600 veces en el mismo sitio .

La noticia de que Paul McCartney ha sugerido que cumplió un papel fundamental en su reconciliación, en enero de 1975, también la deja boquiabierta. "Paul hizo mucho por el mundo y me parece bien que lo destaque. Pero no me gusta lo que dice de nosotros. Esta biografía no se ajusta necesariamente a la verdad. Alguien me regaló el libro, ojeé lo que decía de John y de mí y decidí no terminarlo."

¿Cuál es su relación con el resto de los Beatles? "Cuando pasan por Nueva York a veces vienen a verme, otras no. Es un poco como cuando uno hereda parientes. Yo heredé a los tres de John. A veces te llevas bien con ellos, otras no. Ultimamente ando bastante bien con George y con Ringo."

Resulta estéril querer explorar más su enemistad con Paul. Problemas de dinero, dimes y diretes no es el tipo de cosas que salen fácilmente de la boca de Yoko. Hablar del hijo que tuvo con John tras numerosos embarazos fallidos, en cambio, logra borrar de inmediato el rostro sombrío. A los 22 años, Sean Lennon está al frente de la críticamente aclamada banda Ima (en japonés significa Ahora) y acaba de ayudar a Yoko en la producción de la última compilación musical de su padre, la Lennon Legend.

"Hace poco di una charla, que la gente llamó conferencia, en Nueva York y Sean me acompañó. A la salida me dijo: Mami, ¿por qué no hacemos una gira por el mundo dando conferencias sobre arte? ¡Es mucho más fácil que salir a dar conciertos! Pero lo convencí de que la idea no era muy buena. No es cuestión de que se convierta en un vago", dice revelando un apabullante instinto materno.

Con cerca de 400 millones de dólares en su alcancía y los hijos ya criados, ¿qué espera Yoko Ono del futuro?

"No espero nada. Me gustaría mantenerme como un libro abierto. Pueden decir que soy una persona muy pasiva, pero no me gusta tener muchos pensamientos especulativos en la cabeza. Uno corre el riesgo de perder el presente por ocuparse demasiado del futuro." .

Texto: Graciela Iglesias
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