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DE REMATE

Revista

Comprar en una subasta no es un asunto para unos pocos y con bolsillos abultados. Hay algunos objetos muy accesibles, y a precios más bajos que en cualquier otra parte

Por   | LA NACION

Se expone el objeto, técnicamente llamado lote; se presenta la base, es decir, cuál es el precio mínimo para ofertar; comienzan las ofertas; se caldea el ambiente. Hay emoción en la sala: un objeto, y su historia, están a punto de cambiar de manos. Algunos de los interesados estiran su presupuesto hasta que todos caen rendidos, menos uno. Baja el martillo al mismo tiempo que el rematador proclama: ¡Vendido! Los remates, tanto nacionales como internacionales, están a la orden del día. Los precios récord que se logran en algunas subastas son noticia en los diarios de todo el mundo. Personas que a veces no se dan a conocer públicamente desembolsan miles de dólares tanto en el país como en el extranjero.

Pero hay otro perfil de remates que está un poco más al alcance de todos. Objetos que muchas veces se encuentran a precios más accesibles que en casas de antigüedades, de muebles, o de regalos en general.

Hay platos, copas, cubiertos, alfombras, sillones, lámparas... Y cuadros que pueden llevarse perfectamente bien con los bolsillos de los que dan sus primeros pasos dentro de su propia casa, y que pueden llegar a a ser aún más baratos que las láminas.

Por ejemplo, ¿quién diría que la casa Christie´s tiene verdaderas gangas? Cristina Carlisle, de Christie´s, dice que los que están atentos a los remates, encuentran cosas increíbles.

Por ejemplo, recientemente esta firma se mudó de su sede en Park Avenue, en Nueva York, al Rockefeller Center, y para esto tuvo que vaciar un depósito inmenso lleno de cuadros y obras de arte en general que, en su momento, no se habían vendido y que sus dueños no habían reclamado ni ido a buscar.

Entonces, previo aviso por carta, se realizó un remate en lo que se llama Christie´s East (remates de objetos más accesibles), en este caso, de arte latinoamericano, sin base. Llegaron a venderse cuadros por 100 o 200 dólares. En la sede local se podían pedir los catálogos, y también ofertar.

Aquellos que frecuentan las casas de remates buscan buena calidad y buenos precios. Pero es común que los que no tienen esta costumbre se sientan intimidados por cuartos inmensos llenos de antigüedades. No hay por qué tener esta sensación. Si hubiera un cartel de bienvenida, éste sería: Pase y vea. Siéntase cómodo. No dude en preguntar.

Los dueños de casa son los indicados para asesorar a los interesados. Ellos informarán sobre el estilo, la época, si está en buen estado, cuál es la base, si está en buen precio, a cuánto podría llegar. Y no hay por qué desconfiar. Lo que desean es contar con una buena clientela fija. "Para nosotros es fundamental que nos tengan confianza, para que estén motivados para volver", explica Alejandro Botto, de la casa Breuer Moreno. Entonces, queda claro que no es necesario ser un profesor de historia del arte o un restaurador de antigüedades para echarle el ojo a alguna cosa. Aquellos que trabajan en el tema destacan que entre las personas que no son asiduas concurrentes, los novatos, por decirlo de alguna manera, se nota cierta timidez o vergüenza para preguntar. "Hasta hay amigos míos que me preguntan cómo se hace para comprar algo en un remate, y que les da no sé qué", dice casi con incredulidad Juan Carlos Ocampo, de la casa Naón. "Simplemente se trata de levantar la mano, hasta que el objeto se compre, o hasta que se considere en precio. No tiene más misterio que ése." Claro que hay que tener en cuenta que, cuando un objeto es bueno, siempre hay pelea entre varios que lo quieren, y que pueden hacer subir el precio considerablemente. Y esto también tiene su costado de emoción.

Por otro lado, se pueden presentar algunas sorpresas y que algún objeto se venda por el precio de su base. Nunca se sabe, pero vale la pena estar allí y hacer el intento.

Otra manera de comprar en un remate es dejar el objeto encargado. El nombre técnico es oferta bajo sobre. Por ejemplo, si tiene una base de 10 pesos, se deja dicho a un empleado de la casa de remates hasta cuánto se está dispuesto a pagar. Entonces, alguna persona de la casa se pone en lugar del cliente, y hace la oferta. Por supuesto que si nadie ofrece más de diez, el cliente se lo lleva en diez, y no al precio máximo que dejó estipulado.

Entrar en la casa Breuer Moreno es como entrar en un enorme garaje lleno de objetos fascinantes. Se puede encontrar de todo, y para todos los gustos. Allí se hacen una fiesta los anticuarios, que pescan las mejores cosas con su ojo entrenado, para después revenderlas. "Hay muebles y objetos que salen a remate y que después se venden en negocios chicos al doble", afirman Alejando Botto y Ernesto Breuer Moreno (h.).

Hay también habitués, como Gino Bogani, que se da una vuelta casi todas las semanas y pregunta: ¿Qué hay de nuevo? , para ponerse a revolver, como si estuviera en el desván de su abuela. Bogani es un fanático de las antigüedades, que atesora en su casona de Palermo, y que busca tanto en remates como en la feria de San Telmo los domingos.

"Hay también personas que vienen con un decorador, que los asesora sabiendo qué es lo que hace falta en la casa del cliente", dicen. Es otra opción, pero todos los que están en el negocio afirman que el ojo se entrena viendo, recorriendo, leyendo sobre el tema. Poco a poco se llega a distinguir lo que va mejor con el gusto de cada uno. Y no tienen por qué ser cosas caras, sino objetos que acompañen la propia personalidad.

La característica principal de Breuer es que tiene remates todas las semanas, los miércoles, a las 20, a diferencia del resto de las casas de remates, donde no son semanales, sino mensuales, o cada varios meses. La casa Saráchaga, por ejemplo, tiene cuatro remates por año, donde presenta objetos de primera categoría, muchas veces de importantes colecciones privadas. Y la casa Naón tiene dos remates selectivos al año, y remates mensuales de objetos de menor valor.

Para aquellos que quieren ir aprendiendo, nada mejor que contar con el catálogo del remate en cuestión, que tiene fotos de los objetos y una breve descripción de ellos. "Los catálogos de todos los lotes que presentamos se hacen después de una investigación profunda", explica Carol Flynn, directora de Saráchaga. Los precios de las bases no están en el catálogo, sino en un listado aparte donde se encuentran las bases o estimaciones. El catálogo de Naón, por ejemplo, cuesta $ 5, y el de Saráchaga $ 15, y por su calidad, hasta se pueden guardar como recuerdo.

Recientemente se da un fenómeno que sólo los que están en el tema llegan a capturar. "Muchos extranjeros vienen a nuestros remates. A nosotros nos da una lástima bárbara porque se llevan cosas muy buenas y muy valiosas.

"Hoy por hoy, el 90 por ciento de las colecciones de familias tradicionales pasan por remate, y hay mucha gente que, por no venir, se lo pierde. Un remate, más allá de que la persona compre, o no, debería ser más masivo, debería estar más difundido, debería ser parte de nuestra cultura."

Ir a la exposición, que se presenta unos días antes del remate, es una oportunidad única para ver objetos de colecciones privadas que pasarán a una nueva colección privada y no volverán a estar a la vista del público en general por un tiempo largo. O quizá nunca. Entonces es como ir a un museo, pero las obras de arte tienen precio.

"El mejor consejo que puedo darle a la gente es que esté atenta a las grandes colecciones y que, aunque no tenga pensado comprar nada, no deje de ir a la exposición. Es una manera de aprender, de ver cosas buenas." Sobre todo, es un buen programa y, además, gratuito. No se cobra entrada por ir a la exposición ni al remate.

Los remates tienen sus vueltas que muchas veces no tienen que ver con la situación del país. Naón, por ejemplo, tuvo hace dos meses, y contra todos los pronósticos, el mejor remate de la casa, y justamente en una época feroz de recesión. "Se vendió por un monto de casi tres millones de dólares. Fue el mayor volumen de venta de la casa Naón en un mismo remate", dice Juan Carlos Ocampo.

¿Por qué adquirir un objeto de esta manera? Además del precio, y del hecho de que conserva el valor del reventa no se puede dejar de lado el placer de tener un objeto único. "Una silla siempre va a servir para sentarse, pero si se puede tener una con una talla hecha por un ebanista, en vez de una hecha en serie, mejor. Hace que tu casa sea única también", dice Ocampo.

Tener una casa única no es cuestión de fortunas. "En remates, se pueden encontrar objetos de 20 pesos en adelante, que pueden ser regalos de casamiento muy originales, y hasta regalos de cumpleaños."

Ocampo dice algo que es fundamental tener en cuenta: el 60% de los objetos en los remates no especiales salen a la venta sin base. Esto quiere decir que se puede ofrecer lo que se quiera. "Por lo general, salen a la venta sin base objetos que tienen un valor incierto. Puede ser que estén fuera de moda, o que no estén en buen estado. Entonces es justo que el precio lo ponga el comprador."

Es una cuestión de buen ojo y de buena información el hecho de comprar objetos que en el corto plazo se valoricen: "los muebles de los años 40 ya valen más en los Estados Unidos. Esta tendencia todavía no está marcada en la Argentina, pero es bueno saberlo", afirma Carol, que es una acérrima defensora del arte como inversión, y no como gasto.

Otro consejo de Carol es prestar atención a la vajilla. "La gente se está desprendiendo mucho de platos, copas, cubiertos, juegos de té. Valen en un remate quizá lo mismo que un juego moderno, recién salido del horno, pero tienen un valor agregado mucho mayor, y muchas veces son de mejor calidad. Cuando una persona compra, está feliz, y el que lo deja pasar por poco, se arrepiente", dice Carol. En las subastas también hay modas. Por ejemplo, los marfiles orientales fueron una moda que hoy por hoy no está en auge. Lo que más se busca son muebles ingleses, franceses e italianos del siglo XIX, como cómodas con marqueterie. La pintura argentina también tiene mucha demanda. Por ejemplo, el cuadro La canción del pueblo , de Pettoruti, no valía nada en su época, en 1955. Recientemente, la casa Saráchaga lo vendió en 320.000 dólares.

Los cuadros que se venden en remates pasan por un estudio exhaustivo, ya que si se vendiera un cuadro falso por auténtico, sería una mancha negra en el currículum de la rematadora.

"Empezamos a tener también pintura contemporánea -dice Carol-. Los artistas de los años 60 cotizan bien, y hay un mercado de nuevos coleccionistas que buscan este tipo de pintura. Es más, el que compró hace diez años ya ganó. Pero por lo general la gente compra para decorar su casa, y no tanto como inversión. Ahora, si se pueden lograr las dos cosas, mejor." También hay una gran demanda por la platería colonial.

Con el advenimiento de esta era de la computación, también tienen una nueva manera de darse a conocer. "Hay gente que manda e-mails con la foto de los muebles que tienen. Quizá viven en el interior, y entonces de esta manera nosotros podemos aconsejarlos sobre si vale la pena que gaste en el flete para mandar su mueble u objeto", dice Ernesto Breuer Moreno.

Es que hay otros objetos que las casas de remate no aceptan para vender. Por ejemplo, muebles modernos. Un ciberlugar que conviene conocer, y que sí subasta objetos contemporáneos, es un nuevo sitio en Internet llamado MercadoLibre ( http://www.mercadolibre.com ), donde se puede encontrar de todo, y es también una manera divertida de comprar. Los usuarios de cualquier parte del país pueden comercializar libremente todo tipo de productos a través del sistema del mejor postor.

Pero las subastas on line no son una novedad absoluta. Sotheby´s, es la primera casa de remates que utiliza un sitio de internet al que están adheridos 2600 anticuarios en todo el mundo, que ofrecen objetos con bases para todos los bolsillos.

En cuanto a los planes de pago, algo que quizá puede desmotivar a algunos posibles compradores es que no hay cuotas o planes de ningún tipo. "Una característica del que vende en un remate es que sabe que recibe el dinero rápido, por eso las operaciones son en efectivo. Para comprar, hay que poder disponer a los pocos días del monto total. El comprador tiene 48 horas para pagar, salvo excepciones, cuando las cifras son muy altas", explica Juan Carlos Ocampo, de la casa Naón. También hay que tener en cuenta que en el momento de comprar se deja una seña.

Otro tema que hay que conocer es que se paga el precio del objeto rematado, más el 12,10% (la comisión, y el iva sobre la comisión). Entonces, si se compra un objeto por 1000, se termina pagando 1121. Es bueno hacer este cálculo para no tener sorpresas más adelante.

Comprar objetos que no pierden su valor es también una manera de ahorrar. Lo inmediato puede pasar de moda, y a la hora de venderlo, ya sea por necesidad, o porque se quiere ahorrar espacio, o cambiar la decoración, se vende a un precio muchísimo menor a su costo inicial, simplemente porque ya no está de moda.

En este rubro, las buenas antigüedades ganan por varias cabezas. No pasan de moda y, a medida que pasan los años, se pueden valorizar cada vez más.

Alejandro Botto compara el tema con la ropa: "Si te comprás lo que se usa cada temporada, al año siguiente ya no te sirve. Esto, al final, te sale caro. En cambio si te comprás algo muy bueno, y clásico (como un buen tapado o suéter), lo podés usar durante muchísimos años. No pasa de moda y terminás ahorrando."

Esto, además, tiene un placer extra: el hecho de tener en casa un objeto cuidadosamente elegido que pasa a convivir con la familia. Un objeto que los nietos estarán felices de tener algún día, y los bisnietos, y los tataranietos, y así sucesivamente.

Ojo de lince

Aunque, como ya se demostró, no hace falta ser un experto para poder comprar bien en un remate, hay algunas claves que vale la pena conocer:

  • Hay muebles que tienen agujeritos. Quiere decir que la polilla hizo de las suyas. Esto no es dramático. Es más, los muebles antiguos casi siempre vienen con polilla incluida. Lo bueno es saberlo antes de comprar, porque lo mejor será, en caso de adquirir el mueble, gastar dinero en un proceso antipolilla.
  • Hay que controlar si el mueble no ha sido reformado. Por ejemplo, en una silla: si el junco de una silla corresponde a la misma época que la madera. Si los herrajes son originales. Si la parte de atrás del respaldo no ha sido cambiada, si ha sido transformada en cuanto a su altura.
  • Fijarse si el estado general del mueble es firme.
  • Si está restaurado, hay que constatar que la restauración sea de buena calidad, para que no pierda su valor.
  • No deben faltar piezas.
  • Si está firmado, de quién es la firma (no todas las firmas son valiosas).
  • Confiar en el propio gusto.
  • Tener en cuenta que los estilos se combinan. "Hay muebles franceses que son muy pesados porque tienen mucho dorado. Hay otros que son de campiña, más rústicos y más combinables", explica Botto, como para perderle el miedo a mezclar los estilos.

¿Qué se puede encontrar en un remate?

  • Alfombras antiguas: se pueden adquirir en remates, y después se mandan a limpiar. Mucha gente compra alfombras viejas, y las convierte en almohadones.
  • Tapices
  • Esculturas
  • Objetos raros como, por ejemplo, una estufa del año 1920
  • Aljibes
  • Juegos de platos
  • Juegos de cubiertos completos, de plata, por ejemplo. Este es un rubro del cual mucha gente se está desprendiendo, y que se puede encontrar a muy buen precio, o a un precio mucho más bajo que si fuera nuevo. Un juego de cubiertos de metal plateado, de 150 piezas, puede costar 1000 pesos, mientras que en una casa de regalos podría llegar a 5000 pesos.
  • Juegos de copas
  • Arañas
  • Lámparas
  • Muebles de época

En Breuer

  • Escritorio Thompson: la parte de la biblioteca tiene un vidrio que cierra herméticamente ($ 1000, pero en una casa demuebles puede valer $ 2000)
  • Gran ropero de caoba ($ 800)
  • Mueble francés rústico ($ 300)
  • Baúl de viaje antiguo ($ 120)
  • Banquetas ($ 250). Hay gran demanda por este ítem. Mucha gente compra una alfombra antigua, y con ella retapiza la banqueta.
  • Cómoda estilo inglés ($ 400)
  • Mueble de campiña, de unos 70 años, en buen estado ($ 600)
  • Cama Luis XV, estampillada ($ 4000)
  • Mesa con marqueterie ($ 3500)

En Saráchaga

  • Tres esculturas pequeñas de Pablo Curatella Manes, reproducidas en el libro El arte de los argentinos, de José León Pagano ($ 35.000 cada una). Hay otras en el Museo de Bellas Artes.
  • Juego de cubiertos de 180 piezas, de plata inglesa ($ 5000)
  • Aguafuerte original de Quinquela Martín ($ 300)
  • Ocho cuadritos con láminas francesas en blanco y negro (sin base)
  • Tapicería ($ 25.000)
  • Juego de comedor ($ 1500)

En Naón

  • Una lámina con un buen marco ($120)
  • 2 silloncitos victorianos ($ 600 el par). Se pueden tapizar con un género moderno, y adaptarlos a lo clásico contemporáneo.
  • Otros silloncitos ($ 200)
  • Encendedor Dupont (sin base)
  • Alfombra persa de 1 x 1 ($ 200)
  • Bar (entre $ 200 y $ 300)
  • Escritorio de época ($ 1000)
  • Alfombra, ideal para retapizar una banqueta o para hacer almohadones ($ 150)
  • Juego de platos ($ 400)
  • Juego de copas de cristal inglesas ($ 400). "Para darte un ejemplo, si estas mismas copas las buscás en un bazar, las encontrás en $ 60. En el remate, las mismas cuestan $ 10", dice Ocampo.
    <liJuego de cubiertos de Christofle ($ 1000). "Este es un tipo de fabricación que no se hace más. Los mandás a platear y te quedan espectaculares", explica.
  • Banqueta ($ 200). Cuesta $ 800 en una casa tipo bazar
  • Cómoda Jorge III ($ 10.000). Según el rematador, "es comercial, ponible y le gusta a todo el mundo".
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